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Así reza la frase a la entrada del templo de Delfos, y es la frase más sabia que he escuchado. No se puede comprender al mundo si uno mismo no se conoce. Mucho tiempo pensé que me conocía bien, que sabía dónde estaba parada, sabía lo que me gustaba, lo que quería, lo que sentía… pero en realidad todo eso cambia con el tiempo, incluso con las horas, y la persona que yo era hace unos días ya no es la misma que soy ahora.

Entonces, ¿cómo puedo conocerme a mí misma si estoy en constante cambio?

Creo que es una actitud de vida la que nos lleva al conocimiento profundo de nosotros mismos. Es la actitud de la apertura y la humildad, aceptar que siempre hay algo nuevo por descubrir, que no tenemos el control de nada, excepto quizás de la actitud con la que decidimos vivir cada circunstancia en la vida. Mirar hacia atrás puede darnos un poco de conocimiento sobre quienes somos, pero lo cierto es que eso nos deja ver sólo una parte del gran universo que es cada uno de nosotros.

El contacto conmigo misma es lo que me permite saber quién soy hoy. El contacto conmigo misma, con mis sentimientos, con mi propio cuerpo, es lo que realmente me permite saber en dónde estoy parada; las decisiones que estoy tomando ahora son las que me pueden reflejar perfectamente quién soy hoy. Porque nuestra vida es un tejido de decisiones, no de circunstancias. La persona que yo soy es la que ha decidido qué hacer frente a las circunstancias de la vida, las circunstancias de la vida simplemente son el escenario, pero el actor, es decir, yo mismo, es quien actúa, es quien elige, es quien toma decisiones.

Puedo pasarme la vida pensando que nunca he tenido oportunidades, o bien, que la suerte nunca  ha estado de mi lado, pero lo cierto es que han sido mis decisiones las que me definen, las que reflejan mi carácter, mis sentimientos. Puedo decir que amo, pero si mis acciones no proyectan amor, entonces puedo saber que estoy actuando inconsecuentemente de lo que siento, y por tanto, estoy actuando en contra de mi propia naturaleza.

Leí recientemente una frase hermosa en el libro La enfermedad como camino, de Dethlefsen y Dahlke, que dice “todo lo concreto y funcional es únicamente expresión de una idea”, y anteriormente había leído prácticamente la misma frase en el libro El agua y lo sueños, de Bachelard, en donde el autor menciona que en realidad, el mundo concreto primero ha sido creado en la imaginación, para después volverse material. Y por otro lado, las tradiciones meditativas yógicas también sostienen que el mundo es una proyección de la mente, todo lo que nuestra mente proyecta se convierte tarde o temprano en la realidad.

Esto me lleva a pensar que para conocerme a mí misma, puedo mirar el mundo exterior y darme cuenta de que es sólo una proyección de mi propia mente.

Nadie ve el mundo igual que otro ser humano. Hay tantos universos como seres en el mundo. La forma en la que percibimos el universo es a través de nuestros sentidos, mismos que se localizan en nuestro cuerpo; las terminaciones nerviosas llevan la información del exterior hacia el interior, donde nuestro cerebro las procesa y las asumimos de acuerdo a nuestras experiencias previas. Cada ser humano desarrollamos nuestro propio código para entender el mundo. Este código lo construimos desde que somos capaces de percibir a través de nuestros sentidos.

En realidad nuestro cuerpo es una membrana entre el exterior y el interior, incluso, nuestro propio cuerpo, en su interior, tiene un código y nuestro cerebro lo decodifica. Pero, ¿quién está detrás de la comprensión de este código? ¿Quién es quien realmente recibe el mensaje? Si fuese nuestra mente únicamente, entonces quién es ese ser que, aunque nuestra mente no esté funcionando bien, sigue ahí y nos mantiene aquí.

Yo me prefiero creer que hay algo más allá que nuestra mente decodificando todo, porque aun cuando estoy dormida y mi mente se acalla, ese ser sigue ahí, conciente, fluyendo con el mundo interno y externo.

Por otro lado, las emociones son otro campo complejo para la comprensión desde una postura mentalista. Algunos afirman que las emociones simplemente son intercambio de energía, son impulsos eléctricos que se transfieren por nuestro sistema nervioso y llegan al cerebro. Pero ¿porqué ver una situación triste nos provoca tristeza? ¿porqué la noticia de la muerte de un ser querido nos atraviesa el corazón y nos lleva al llanto sin siquiera pensar en la causa de la tristeza?

Recuerdo que cuando falleció mi hermano yo no pensaba en que no lo vería más, no pensaba en si sufrió o no, no pensaba, simplemente sentía dolor. ¿Porqué cuestiones que no ponen en riesgo nuestra vida o no nos causan dolor físico, nos duelen a veces mucho más? ¿cómo explican los científicos el hecho de que el abandono duela más que un golpe? ¿Qué justificación tienen estos dolores para que existan en nuestro registro físico corporal? Quiero decir que cuando sentimos un dolor en el cuerpo, es síntoma de algo que debemos atender, el cuerpo nos avisa con los síntomas, de que está enfermo y de que debemos tomar medidas para ayudarlo a sanar. Entonces, ¿qué justifica el dolor por la muerte de otra persona, sino es un aviso de una enfermedad propia o de algún riesgo para nuestra salud?

Los síntomas también son sinónimo de signos. Los síntomas o signos indican, hablando el lenguaje médico, de que existe alguna enfermedad. Ellos, en conjunto, forman un cuadro y ese cuadro, al ser interpretado por un médico, que es quien sabe leer el código de la medicina y su sintomatología, puede dar un diagnóstico y decir qué enfermedad padece un paciente.

Cuando los síntomas no justifican enfermedad, muchas veces acaban dando un cuadro general que recibe todos los síntomas que no forman un cuadro definido, y ese cuadro es el del estrés. Le llamamos estrés a todo lo que no podemos definir como enfermedad y sin embargo, causa cierta sintomatología. Al estrés se le culpa del dolor de espalda, de cansancio extremo, baja energía, dolor en las articulaciones, dolores de cabeza, defensas bajas, dolor de cintura, ánimo decaído, depresión, bajo ritmo cardíaco, bolas en las piernas, urticaria, etc.

Es decir, que todos estos síntomas, cuando no se les logra enmarcar en un cuadro clínico definido, les llamamos elegantemente estrés, que es la epidemia de nuestro tiempo.

Yo no creo que todo esto sea estrés y tampoco creo que ninguna enfermedad es la causa de ningún síntoma. Creo que las enfermedades son consecuencia de no escuchar al cuerpo, de no estar en contacto con nosotros mismos y sobre todo, toda enfermedad es un anhelo de postergación para resolver asuntos psíquicos que no queremos resolver. Y como bien dice la ley de la entropía, todo aquello que no se mueve, se destruye. Todo tiende al caos,  a la destrucción. Si nos oponemos a fluir, estamos buscando nuestra propia destrucción, y esa es una buena forma de enfermarnos.

Conócete a ti mismo quiere decir, escúchate, despierta, sé conciente. Porque realmente todo el conocimiento del universo habita dentro de cada uno. Nosotros hemos creado este mundo con nuestra mente, con la energía que radica en nuestro interior, y esa energía la conocemos con muchos nombres, algunos dicen que es simplemente energía, otros dicen que es el amor. Cada persona puede elegir qué creer o con qué nombre llamar a las cosas, pero también es importante considerar que los símbolos los llenamos nosotros mismos de significados. Yo puedo elegir si llamar energía o llamar amor, pero la palabra energía tiene una carga significativa diferente de la que tiene la palabra amor. ¿Qué elijo yo? Eso es lo que realmente me define. El cómo yo nombro a las cosas, porque ese es mi propio código.

En psicoterapia gestalt sabemos que una catarsis no es suficiente para que un paciente cierre su gestalt y siga adelante; es necesario una resignificación. Decía Pearls que no podemos cambiar el pasado, jamás lo podremos cambiar, sin embargo podemos cambiar nuestra forma de significarlo. Podemos resignificar cada evento de nuestra vida, porque tenemos ese poder. Conócete a ti mismo quiere decir, conoce tu propio código, elige cómo quieres interpretar el mundo.

Ahora bien, lo importante es que siempre elegimos. Queramos o no, elegimos. Podemos creer que esperar a que el mundo nos resuelva las circunstancias es sinónimo de no elegir, pero la realidad es que estamos eligiendo no elegir, estamos eligiendo el miedo sobre el amor, cediendo el derecho de movernos por el de permanecer inmóviles esperando que el mundo se mueva, lo irónico es que justamente eso es lo que ocurre, el mundo sigue en movimiento, y la entropía arremete contra aquellos que se quedan estáticos, la entropía es una fuerza purificadora que mantiene en equilibrio al universo. Puede llamarse Shiva, que es la fuerza destructora según la tradición Hindú, o puede llamarse simplemente fuerza del universo. Pero lo cierto es que si creemos que permanecer inmóviles es posible, estamos en un grave error, todo aquello que permanece inmóvil, es destruido inevitablemente porque todo el universo está en constante cambio.

Retomando entonces lo referente a la enfermedad y al síntoma, creo que la enfermedad es justamente consecuencia de nuestro empeño por no cambiar, por no fluir. La enfermedad es la manera en la que nuestro cuerpo nos comunica que hay asuntos que no hemos querido enfrentar y que es momento de hacer algo al respecto, o de lo contrario, la enfermedad seguirá su curso. Aunque vayamos al médico, aunque nos receten medicinas, aunque nos sintamos mejor, si tenemos un asunto sin resolver, la enfermedad regresará de alguna manera, quizás no sea la misma enfermedad, quizás ahora sea otra más fuerte. En todo caso, podemos ir al médico para curar nuestros síntomas, pero lo más importante de una enfermedad es escuchar lo que nos quiere decir sobre nosotros mismos; escuchar el mensaje es lo que nos puede servir para lograr una evolución espiritual, no desperdiciemos la oportunidad de aprender algo, siempre podemos vivir las enfermedades como algo malo, o bien, podemos vivirlas con humildad y aceptar que existe un mensaje de nuestro inconciente que quiere ser revelado a través de los signos o síntomas de cualquier enfermedad.

Es impresionante cómo estamos sumergidos en realidades circulares que nos alcanzan una y otra vez. Cómo lo que viví de niña, me alcanza ahora que tengo casi 33 años, cómo lo que experimenté en mi adolescencia, ahora toma un nuevo significado, o más bien, comienzo a entender otra dimensión del significado que cada momento enfático de mi vida tiene. Es una dialéctica significativa de cada vivencia, cada acto poético (como lo llama Alejandro Jodorowsky), es simplemente mágico, o más bien, divino, transpersonal.

Esta reflexión viene ahora que estoy leyendo el libro Psicomagia, de Alejandro Jodorowsky. Lo adquirí hace unos días que visité Gandhi. Andaba curioseando y de pronto me topé con este maravilloso libro. Interesante porque vi de qué trataba y me atrapó de inmediato. Lo compré y empecé a leerlo, no inmediatamente, pero sí unos días después. Mientras iba leyéndolo comencé a recordar aquel taller de teatro al que me metí en preparatoria. La instructora era Grisell Amaro. No estaba muy segura de si ella nos había dejado leer algo de Jodorowsky, pero definitivamente los actos de psicomagia que describe Jodorowsky en su libro eran la base de lo que en este taller de teatro, Grisell nos dio libertad de hacer.

En esas épocas de mi vida yo era una adolescente muy introvertida, de hecho elegí meterme al taller de teatro porque tenía tal miedo de hablar en público que sufría mucho cuando tenía que participar en clase, sudaba frío y me ponía muy nerviosa. Así es que elegí meterme a este taller con la esperanza de vencer mi miedo a hablar y, de paso, divertirme.

Lo curioso es que este taller era todo menos de expresión oral. Era más bien como una especie de grupo terapéutico, donde enfrentábamos nuestros peores miedos en grupo, pero individualmente. Teníamos la opción de aceptar lo que menos nos gustaba de nosotros mismos, enfrentarnos con nuestro autoconcepto, cuestionarnos sobre lo que realmente queríamos en la vida, inclusive vencer miedos a nuestra propia sexualidad y a hacer el ridículo.

Yo tuve una experiencia muy iluminadora durante el taller. Grisell nos pidió que imagináramos que el salón en el que estábamos era el mundo y que estaba a punto de caer una bomba nuclear que iba a terminar con todo. La única forma de salvarse era adoptando un personaje y realizando un acto especial que, más adelante, un juez juzgaría de si fue suficiente o no para ganarnos la salvación. En mi caso, elegí volverme loca y evadir la realidad, con esto, según yo, me salvaría.

Fue muy intensa la experiencia de volverme loca. Porque en ese momento, de verdad perdí la cordura. Recuerdo haber desenfocado los ojos y permitirme creer que la realidad externa estaba aparte de mi realidad interna, mi interior era mi cápsula que me permitía sentirme a salvo. Creo que así es como los locos se protegen, y como todo ser humano, aun no estando clínicamente loco, se permite tener lapsos de locura para no volverse loco.

Me tocó el turno por fin, de defender mi “acto” frente al juez. Tenía que convencerlo de que mi acto era real, más que efectivo. Y fue tan intenso, fui capaz de crear otra realidad con mi propia voluntad y, sobre todo, con esa magia de crear el acto poético, el acto bello de experimentarme sin límites. Fue tan intenso que hoy, después de más de 15 años lo recuerdo vívidamente.

Creo que fue entonces mi primer contacto con Jodorowsky y la psicomagia, sin saber que así se llamaba. Hasta hacer unos días supe que muchos actos de mi vida, Alejandro Jodorowsky los nombra actos poéticos. Yo añadiría que son actos autosanadores. Esos momentos en que el ser humano se permite contactar con sigo mismo, se permite ser sí mismo, se permite.

Recuerdo por ejemplo, haber manejado mi bicicleta con los ojos cerrados porque tenía tanta fe en el camino que no tuve miedo, fue muy emocionante (y peligroso), pero recuerdo esa experiencia con mucha vida. Recuerdo haberme subido al toldo de mi coche y cantar a todo pulmón, una noche, nada más porque tenía ganas de cantar, me permití sentir la felicidad de esta manera.

Creo que hay actos poéticos que ocurren al escribir poesía o ensayo, sobre todo poesía. No toda la poesía es un acto poético, pero hay actos poéticos que le ocurren a las personas cuando escriben poesía.

Hace poco decidí dejar todo lo que me ata atrás e irme a vivir al estado de Oaxaca, creo que este será un acto poético prolongado y me siento con mucho miedo y con mucha certeza. Sé que lo haré, ya tengo la fecha. De pronto me vienen pensamientos de miedo, de lo catastrófico que pede ser dejar la zona de confort, experimento el miedo, lo vivo, me acorrala. Entonces me detengo. Respiro. Relajo mis músculos. Siento. En efecto, el miedo está ahí, pero más abajo, en mi estómago, encuentro tanta alegría, tanta energía, tanta certeza, que sé que el miedo no me va a detener.

La realidad es circular, de alguna forma sé que leer a Jodorowsky, escuchar a Sergio Vázquez contarnos su experiencia del salto al vacío, aunado con ver Revolutionary Road y que me avisen que ya pronto tendré en mis manos mi poemario impreso, son todas señales para mí. Señales de que todo es circular, es perfecto. Cada evento ocurre en el momento preciso, cada persona entra en mi vida porque yo los llamo y se van cuando ya hemos dado lo que mutuamente necesitábamos darnos. La fe es circular también, es tener la certeza de que siempre vuelve el mismo punto a alcanzarnos una y otra vez, para evolucionar, para avanzar espiritualmente.

Historias viejas que retornan con renovados significados, ahora más entrópicas, más elevadas en la dialéctica espiritual. No hay retrocesos. No se puede retroceder. Hay un espacio que no está regido por las mismas leyes que las de nuestro cuerpo material, nuestro espíritu pertenece a ese acto, no podría decir lugar, porque no está regido por el espacio ni el tiempo. Es un SER continuo. Cuando entramos en un estado de meditación profunda, a veces logramos atisbarlo, a veces nuestra alma se llena del néctar de la dicha divina, a veces. Yo diría que la meditación puede ser un acto poético, no siempre, porque no toda meditación es buena (en calidad), pero el elegir intentarlo, es en sí mismo un acto de bondad.

La realidad es circular y alcanza a todos los seres de este mundo. Es evolutiva y significativa. La realidad puede tener otras dimensiones que no son sólo materiales y espaciales, temporales. La realidad puede tener el vértice de los significados, de los actos, de los sentimientos. Y lo que constituye a la realidad individual, es la capacidad de cada persona de tener conciencia. Mientras la persona esté más conciente, su realidad es más cercana a la divinidad.

Por esto, la Gestalt enfatiza la importancia del continuo de conciencia, así como lo hacen las religiones orientales y las disciplinas meditativas. El continuo de conciencia es el acto de mantenernos vivos, bellos, libres y en estado de amor.

Creo que los actos poéticos son momentos de toma de conciencia. Momentos de despertar del sueño de Maya. Cambiamos las reglas a las que la sociedad nos ata para tener un estado de cómoda sanidad. Pero ¿qué tan cómoda es esta sanidad?, a veces ser un loco es más sano, que ser catalogado como sano en una sociedad en donde los valores ya no tienen contacto con los actos de conciencia.

Donde se valora más al cuerpo material que al espíritu que lo habita. Donde ser escuchado es más valorado que dedicar horas a los hijos, a los juegos, a brincar en el césped. Donde pagamos mucho dinero por estar en forma y tenemos al deporte como una religión, y a la dieta como una diosa. Donde verme bien es sinónimo de ser valorado, donde la feminidad, que es el símbolo de la Diosa primaria, se vuelve debilidad.

El poeta es aquel que se atreve a vivir la vida que quiere. “Se necesita valor para vivir la vida que queremos” (Revolutionary Road).

Se necesita valor para tirar el miedo en escusado (muchas veces literalmente, lo he visto en pacientes) y dar un paso en la dirección de nuestro verdadero yo. Valiente no es el que no teme, sino el que teme y aun así, realiza el acto poético o el acto de conciencia o el acto de amor.

La realidad es circular, el amor es círculo, la vida es un círculo. Todo es círculo. Todo es infinito. Incluso el nacer y morir es un círculo que se repite. El miedo y el egoísmo son esos delirios, esas ilusiones que no nos dejan ver que morir no es más que dar un paso adelante. No es fin, sino inicio. El cambio es una bendición, es vida. Aquello que no cambia, muere. Y la gratitud es el mejor remedio ante el miedo. Un espíritu agradecido es aquel que percibe la grandeza de las cosas sin importar lo que aparentan. Amar el dolor como el placer, estar seguros de una sola cosa, que todo lo que vivimos lo elegimos. Que elegimos vivir la vida que queremos, todos vivimos la vida que hemos elegido. Esto sólo es posible comprenderlo desde la luz de la conciencia. Si aceptamos que desde antes de nacer, nuestro espíritu elige las experiencias que deberá vivir para evolucionar, entonces quizás podemos entender que un bebé no nacido necesitaba esa experiencia para evolucionar espiritualmente.

Entonces, la luz de la conciencia descubre que los eventos más dolorosos de la vida son en realidad accesos a otra realidad, son oportunidades de avanzar espiritualmente, de evolucionar. Y tener el valor de vivir la vida que yo quiero me acerca mucho a ser quien realmente soy.

Mónica Barrón

Sometimes, sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
Night takes the light by the hand

- Candlebox

Iba caminando cuando la melodía de esta canción captó por completo toda mi atención. Por “atención” me refiero a todos mis sentidos, me refiero a que empecé  a sentir la música, me sedujo de alguna manera, me llegaba directo como sin necesidad de palabras me estuviera siendo revelado un secreto. Intenté poner atención a la letra pero no podía, la mezcla entre la melodía, los instrumentos y la voz del intérprete simplemente me llegaban directo sin pasar por mi cerebro racional. Estaba conmovida, emocionada. Decidí disfrutar el momento y embriagarme de esta especie de dicha que experimenté mientras mi cuerpo seguía en movimiento por las calles. Me sentía de pronto parte de un momento, parte de algo más grande que yo.  Ese día regresé a casa pensando en buscar en Internet la letra de esa canción para salir de dudas sobre si el sentimiento que me produjo la canción completa realmente reflejaba lo que el escritor quiso decir con la letra.

He colocado aquí la letra de la canción, todavía no alcanzo a comprender completamente el mensaje, pero hay partes que me impactaron mucho, me hicieron figura, la cita que he colocado al inicio me reveló mucho de lo que estoy viviendo actualmente, el hecho de que algunas veces cargamos el peso que no nos corresponde y eso nos hace sufrir y nos impide de alguna forma andar al paso que quisiéramos. Experimentar cosas para las que ya estamos listos, soltar, soltar, soltar. Creo que la clave principal es esa: soltar.

Es doloroso aferrarse al pasado, a algo que fue hermoso, que nos hizo felices y nos permitió sentirnos seguros. Es doloroso crecer, cambiar de nivel, despedirnos de aquellos que se quedan atrás, pero he aprendido también que es más doloroso mantener a nuestro Ser atado, no permitirle fluir y seguir su evolución.

Escribía antes que estoy intentando en este año seguir la voz de los sabios, personas algunas que dedicaron toda su vida a la contemplación, mediante la cual sus vidas se han vuelto una revelación constante del Ser. Lo que intento hacer realmente es, quizás, vivir con fe. Es decir, creer en lo que otros han experimentado, y yo, sin haberlo experimentado, aceptar con el corazón y sin juicios, que lo que ellos dicen simplemente “es”.

Vaya, es mucho pedir para mí, que me considero bastante terca y soberbia, es demasiado pedir. Pero también he vivido siguiendo mis impulsos, mi ego, mis deseos, y ha sido grande el aprendizaje y grande el sufrimiento, pero lo que me mueve a intentar esto es mi deseo de avanzar. De abrir el corazón otra vez, de volver a vivir con todo y miedo.

Creo que la palabra que se me viene a la mente ahora es ¨riesgo¨. Arriesgarse es vivir.
Sabinne

Eh aquí la letra de la canción ¨Sometimes¨, de Candlebox

I wipe the night from my eyes
Block out the sunny day and I hide
Everythings falling down around us
Im just missing the rain
Im happier now today
Dont let me down
Dont let me go
A change of seasons inside her mind
In time Ill decide
In time Ill decide to move on
We change directions, we watch the tides
And we borrow too much
We form restrictions and we form lines
And we separate you from me
Sometimes, sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
Night takes the light by the hand

Tunes out the boring day and cries out loud
Everyones hanging on, hanging on my words
It kills the thrill in being divine
But shes happier now today
Dont let her down
Dont let her go
There are no reasons there are no lies
We just bleed together
Thats how we realize
We change directions we watch the tides
And we borrow too much
We from restrictions and we form lines
We separate you from me
Sometimes sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
Somehow well find a way weve got to paste it back together
These ripped out pages of old coloring books where your
Gold is silver, my blue is gray
Its all held together by cellophane tape
But we change directions, we watch the tides
And we borrow too much
We form restrictions and we form lines
We separate you from me
Sometimes sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
In my head Ive got everything I want in you