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Es impresionante cómo estamos sumergidos en realidades circulares que nos alcanzan una y otra vez. Cómo lo que viví de niña, me alcanza ahora que tengo casi 33 años, cómo lo que experimenté en mi adolescencia, ahora toma un nuevo significado, o más bien, comienzo a entender otra dimensión del significado que cada momento enfático de mi vida tiene. Es una dialéctica significativa de cada vivencia, cada acto poético (como lo llama Alejandro Jodorowsky), es simplemente mágico, o más bien, divino, transpersonal.

Esta reflexión viene ahora que estoy leyendo el libro Psicomagia, de Alejandro Jodorowsky. Lo adquirí hace unos días que visité Gandhi. Andaba curioseando y de pronto me topé con este maravilloso libro. Interesante porque vi de qué trataba y me atrapó de inmediato. Lo compré y empecé a leerlo, no inmediatamente, pero sí unos días después. Mientras iba leyéndolo comencé a recordar aquel taller de teatro al que me metí en preparatoria. La instructora era Grisell Amaro. No estaba muy segura de si ella nos había dejado leer algo de Jodorowsky, pero definitivamente los actos de psicomagia que describe Jodorowsky en su libro eran la base de lo que en este taller de teatro, Grisell nos dio libertad de hacer.

En esas épocas de mi vida yo era una adolescente muy introvertida, de hecho elegí meterme al taller de teatro porque tenía tal miedo de hablar en público que sufría mucho cuando tenía que participar en clase, sudaba frío y me ponía muy nerviosa. Así es que elegí meterme a este taller con la esperanza de vencer mi miedo a hablar y, de paso, divertirme.

Lo curioso es que este taller era todo menos de expresión oral. Era más bien como una especie de grupo terapéutico, donde enfrentábamos nuestros peores miedos en grupo, pero individualmente. Teníamos la opción de aceptar lo que menos nos gustaba de nosotros mismos, enfrentarnos con nuestro autoconcepto, cuestionarnos sobre lo que realmente queríamos en la vida, inclusive vencer miedos a nuestra propia sexualidad y a hacer el ridículo.

Yo tuve una experiencia muy iluminadora durante el taller. Grisell nos pidió que imagináramos que el salón en el que estábamos era el mundo y que estaba a punto de caer una bomba nuclear que iba a terminar con todo. La única forma de salvarse era adoptando un personaje y realizando un acto especial que, más adelante, un juez juzgaría de si fue suficiente o no para ganarnos la salvación. En mi caso, elegí volverme loca y evadir la realidad, con esto, según yo, me salvaría.

Fue muy intensa la experiencia de volverme loca. Porque en ese momento, de verdad perdí la cordura. Recuerdo haber desenfocado los ojos y permitirme creer que la realidad externa estaba aparte de mi realidad interna, mi interior era mi cápsula que me permitía sentirme a salvo. Creo que así es como los locos se protegen, y como todo ser humano, aun no estando clínicamente loco, se permite tener lapsos de locura para no volverse loco.

Me tocó el turno por fin, de defender mi “acto” frente al juez. Tenía que convencerlo de que mi acto era real, más que efectivo. Y fue tan intenso, fui capaz de crear otra realidad con mi propia voluntad y, sobre todo, con esa magia de crear el acto poético, el acto bello de experimentarme sin límites. Fue tan intenso que hoy, después de más de 15 años lo recuerdo vívidamente.

Creo que fue entonces mi primer contacto con Jodorowsky y la psicomagia, sin saber que así se llamaba. Hasta hacer unos días supe que muchos actos de mi vida, Alejandro Jodorowsky los nombra actos poéticos. Yo añadiría que son actos autosanadores. Esos momentos en que el ser humano se permite contactar con sigo mismo, se permite ser sí mismo, se permite.

Recuerdo por ejemplo, haber manejado mi bicicleta con los ojos cerrados porque tenía tanta fe en el camino que no tuve miedo, fue muy emocionante (y peligroso), pero recuerdo esa experiencia con mucha vida. Recuerdo haberme subido al toldo de mi coche y cantar a todo pulmón, una noche, nada más porque tenía ganas de cantar, me permití sentir la felicidad de esta manera.

Creo que hay actos poéticos que ocurren al escribir poesía o ensayo, sobre todo poesía. No toda la poesía es un acto poético, pero hay actos poéticos que le ocurren a las personas cuando escriben poesía.

Hace poco decidí dejar todo lo que me ata atrás e irme a vivir al estado de Oaxaca, creo que este será un acto poético prolongado y me siento con mucho miedo y con mucha certeza. Sé que lo haré, ya tengo la fecha. De pronto me vienen pensamientos de miedo, de lo catastrófico que pede ser dejar la zona de confort, experimento el miedo, lo vivo, me acorrala. Entonces me detengo. Respiro. Relajo mis músculos. Siento. En efecto, el miedo está ahí, pero más abajo, en mi estómago, encuentro tanta alegría, tanta energía, tanta certeza, que sé que el miedo no me va a detener.

La realidad es circular, de alguna forma sé que leer a Jodorowsky, escuchar a Sergio Vázquez contarnos su experiencia del salto al vacío, aunado con ver Revolutionary Road y que me avisen que ya pronto tendré en mis manos mi poemario impreso, son todas señales para mí. Señales de que todo es circular, es perfecto. Cada evento ocurre en el momento preciso, cada persona entra en mi vida porque yo los llamo y se van cuando ya hemos dado lo que mutuamente necesitábamos darnos. La fe es circular también, es tener la certeza de que siempre vuelve el mismo punto a alcanzarnos una y otra vez, para evolucionar, para avanzar espiritualmente.

Historias viejas que retornan con renovados significados, ahora más entrópicas, más elevadas en la dialéctica espiritual. No hay retrocesos. No se puede retroceder. Hay un espacio que no está regido por las mismas leyes que las de nuestro cuerpo material, nuestro espíritu pertenece a ese acto, no podría decir lugar, porque no está regido por el espacio ni el tiempo. Es un SER continuo. Cuando entramos en un estado de meditación profunda, a veces logramos atisbarlo, a veces nuestra alma se llena del néctar de la dicha divina, a veces. Yo diría que la meditación puede ser un acto poético, no siempre, porque no toda meditación es buena (en calidad), pero el elegir intentarlo, es en sí mismo un acto de bondad.

La realidad es circular y alcanza a todos los seres de este mundo. Es evolutiva y significativa. La realidad puede tener otras dimensiones que no son sólo materiales y espaciales, temporales. La realidad puede tener el vértice de los significados, de los actos, de los sentimientos. Y lo que constituye a la realidad individual, es la capacidad de cada persona de tener conciencia. Mientras la persona esté más conciente, su realidad es más cercana a la divinidad.

Por esto, la Gestalt enfatiza la importancia del continuo de conciencia, así como lo hacen las religiones orientales y las disciplinas meditativas. El continuo de conciencia es el acto de mantenernos vivos, bellos, libres y en estado de amor.

Creo que los actos poéticos son momentos de toma de conciencia. Momentos de despertar del sueño de Maya. Cambiamos las reglas a las que la sociedad nos ata para tener un estado de cómoda sanidad. Pero ¿qué tan cómoda es esta sanidad?, a veces ser un loco es más sano, que ser catalogado como sano en una sociedad en donde los valores ya no tienen contacto con los actos de conciencia.

Donde se valora más al cuerpo material que al espíritu que lo habita. Donde ser escuchado es más valorado que dedicar horas a los hijos, a los juegos, a brincar en el césped. Donde pagamos mucho dinero por estar en forma y tenemos al deporte como una religión, y a la dieta como una diosa. Donde verme bien es sinónimo de ser valorado, donde la feminidad, que es el símbolo de la Diosa primaria, se vuelve debilidad.

El poeta es aquel que se atreve a vivir la vida que quiere. “Se necesita valor para vivir la vida que queremos” (Revolutionary Road).

Se necesita valor para tirar el miedo en escusado (muchas veces literalmente, lo he visto en pacientes) y dar un paso en la dirección de nuestro verdadero yo. Valiente no es el que no teme, sino el que teme y aun así, realiza el acto poético o el acto de conciencia o el acto de amor.

La realidad es circular, el amor es círculo, la vida es un círculo. Todo es círculo. Todo es infinito. Incluso el nacer y morir es un círculo que se repite. El miedo y el egoísmo son esos delirios, esas ilusiones que no nos dejan ver que morir no es más que dar un paso adelante. No es fin, sino inicio. El cambio es una bendición, es vida. Aquello que no cambia, muere. Y la gratitud es el mejor remedio ante el miedo. Un espíritu agradecido es aquel que percibe la grandeza de las cosas sin importar lo que aparentan. Amar el dolor como el placer, estar seguros de una sola cosa, que todo lo que vivimos lo elegimos. Que elegimos vivir la vida que queremos, todos vivimos la vida que hemos elegido. Esto sólo es posible comprenderlo desde la luz de la conciencia. Si aceptamos que desde antes de nacer, nuestro espíritu elige las experiencias que deberá vivir para evolucionar, entonces quizás podemos entender que un bebé no nacido necesitaba esa experiencia para evolucionar espiritualmente.

Entonces, la luz de la conciencia descubre que los eventos más dolorosos de la vida son en realidad accesos a otra realidad, son oportunidades de avanzar espiritualmente, de evolucionar. Y tener el valor de vivir la vida que yo quiero me acerca mucho a ser quien realmente soy.

Mónica Barrón

Rincones urbanos / Sabina Bernal / septiembre 2008

Del libro de las transformaciones 2005

Una mano en despedida,

Unos ojos azules,

Un cerebro cansado,

Una calle indigente.

Un cerebro azulado

Una calle en despedida

Unos ojos cansados,

Una mano indigente.

Una calle en los ojos,

Un montón azul de gente,

Una mano cansada,

Un cerebro en despedida.

Unos ojos llenos,

Un cerebro indigente,

Una calle azulada,

Una despedida en la mano.

 

Sabinne

“No hay mal que no se pueda curar con suficiente amor. Ninguna puerta que no se abra con suficiente amor. Ningún golfo que no pueda ser atravesado con suficiente amor. No hay muro que suficiente amor no pueda derribar, ni pecado que suficiente amor no pueda redimir. No hay diferencia en cuán profundamente asentada pueda estar la dificultad, qué tan desesperada sea la perspectiva o cuán embrollada parezca la confusión. Tampoco importa cuán grande sea el error. Una suficiente realización de amor lo disolverá todo. Y si pudieras amar lo suficiente, serías la persona más feliz y más poderosa del mundo.”

- Emmet Fox

Esta maravillosa cita de Emmet Fox la encontré en un libro de Louis Hay, llamado “El poder está dentro de ti”, si mal no recuerdo. Lo que recuerdo claramente era que en ese momento de mi vida, hará aproximadamente cuatro años, yo estaba pasando la dura crisis de una separación de la relación de pareja más importante que había tenido en mi vida. Estaba confundida, muy perdida pensando que si aquel a quien yo había amado tanto no era capaz de amarme de regreso, se debía a que yo no tenía lo necesario para que alguien me amara. Entonces di con varios libros, porque he de confesar que soy una persona que cuando tengo una problema, busco ayuda en mis amigos, y los libros son para mí los amigos más honestos y maravillosos, nunca me van a decir mentiras para hacerme sentir mejor, por el contrario, siempre me dicen la verdad pues no buscan quedar bien conmigo ni tampoco sienten piedad por los lectores.

En ese momento de mi vida padecía de muchísimo miedo, de pánico, y obviamente, de baja autoestima. Sintiendo todo esto, llegué al motor de búsqueda de la biblioteca e introduje mi palabra clave más presente en mi mente en ese momento “miedo” y los resultados arrojaron fueron muchos. Uno de los libros que apareció fue el de “Aunque tenga miedo, hágalo igual”, de Susan Jeffers, libro que recomiendo tremendamente para todo mundo, tenga miedo o no. Además todos tenemos miedo en algún momento de la vida, este libro deja mucha luz sobre cómo vivir el miedo. Otro libro que arrojó esta búsqueda, fue este de Louis Hay que menciono, un libro increíble que también me dio mucha luz para aprender a amarme a mí misma.

La cita que he colocado al inicio de Emmet Fox me conmovió tremendamente en ese momento de mi vida, pues toda mi perspectiva tanto del futuro, el presente y de mí misma, era completamente oscura, como todo lo que escribía entonces, poemas muy negros, oscuros, de pánico y dolor, o bien, cuentos de humor negro, de horror.

Las crisis nos fortalecen cuando las pasamos con amor. Las crisis que vivimos con miedo generalmente las contamos con dolor, nos acordamos con dolor, y si no aprendemos nada de ellas, no avanzamos y tendemos a repetirlas en el futuro.

Cuando encuentro en estas palabras de Emmet Fox que el amor es la clave de todo, hasta del poder y de la felicidad, entonces me queda claro que bastará con aprender a amarme. El amor es la clave de todo y es triste que muchas personas cuando encuentran en la literatura la palabra “amor”, creen que el texto es basura. Es triste que inclusive en nuestros lugares de trabajo no se puede mandar un mail en el que la palabra “amor” esté escrita, ya sea porque te toman por acosador, por tonto, por débil, o por ignorante.

Entonces encuentro que debo hablar sin usar la palabra vital. Me siento como un poeta intentando encontrarle un título al poema que resume la felicidad de vivir, porque uno sabe, como buen poeta, que un poema que en el título menciona la palabra central del poema, es un mal poema. 

Es un reto, entonces, hablar, sentir, vivir y expresar el amor sin usar la palabra amor. Mi hermano mayor, quien falleció hace dos años, tenía una sabiduría de vida y una sabiduría urbana como ninguno de mis otros hermanos incluyéndome a mí misma, y él no tenía reparo de hablar del amor. Me he dado cuenta de que en muchas situaciones de frustración cuando quiero encontrar una frase o una idea que me haga pensar un poco más positivamente, siempre me viene algún dicho que él solía decir (incluyendo su representación histriónica). 

En verdad creo que el amor derriba cualquier muro y endereza cualquier embrollo. El amor perdona… pero no el amor al prójimo, sino el amor a uno mismo. Yo no puedo lavarme el cerebro y autoconvencerme de que puedo amar al jefe abusivo o al vecino intolerante, así nada más porque sí… pero si pienso en amarme a mí misma, entonces me ocupo de mis emociones, me ocupo de lo que realmente me hace sentir bien y feliz… y el autocompadecerme, el lastimar a otros, el quejarme por todo, son acciones que no me hacen feliz, son acciones que parten del miedo y no del amor.

En fin, esta cita me ha dado mucha luz en la vida. Cuando estaba separándome y pensaba que nadie me iba a querer otra vez, me di cuenta de que el amor es inagotable y hay una fuente que nunca acaba y no proviene de las otras personas, proviene de mi interior. Yo soy capaz de amarme y de amar a quien me plazca. Lo más hermoso también ha sido reconocer que el amor de los demás hacia a mí no depende en absoluto de mí, sino de cada uno de ellos. Ahora entiendo porqué la canción dice “Love me or leave me”, es lo más honesto y congruente que he encontrado el pop en inglés y estoy aprendiendo  a tomarlo como filosofía de vida. Desde luego, lo más bello y energético que he encontrado en tomar esto como filosofía, es el hacerme responsable de mí misma, pues sabiendo que quien soy yo y las decisiones que tomo, me las debo todas a mí, entonces cuando alguien elige amarme en vez de irse, es porque ama todo aquello de lo que sé que sí soy responsable.  Es liberador, muy liberador, vivir de esta manera.

Sabinne

Un perro es un perro:

Perro nace, perro muere,

Perro muerde, perro ladra,

No habla por sus amigos,

No confiere privilegios de sus obras

Anda a cuatro patas,

Y estorba lo menos,

Cuando estorba.

Un perro es sólo un perro;

Apesta y lastima de vergüenza,

Se postra destripado por las calles,

No se oculta si defeca o chisguetea.

Lame lo mismo que muerde

Y la cola mueve si le apetece.

Un perro es sólo un perro, digo

Que no habla porque no quiere,

No trabaja porque no vive para ello,

No elucubra ni se pierde,

Es feliz, nada le falta.

De perro se me toma cuando

Duermo desbocado bajo el farol sin vergüenza,

Pero el perro es perro,

Y yo, ni perro ni no perro,

Pena, pienso, me penetra entero,

La columna tuerza y encorvada,

Ando sin garrapata y sin empleo;

Es esto de la sábana, la muela,

El callejón resbaladizo,

Que me mira acuclillado frente al charco:

No perro, ¡ni perro!

Un perro

es sólo un perro que camina siguiendo su nariz

Y es sabio con la cola levantada;

Carezco de sabiduría urbana

Me vivo en esta calle emperrunada;

Nada poseo que no sea mi no ser;

Nada más seguro que mis deudas,

Si el perro hablara

¡qué triste sería escucharle tantas libertades!

Y yo aquí tras mi baranda,

Aullándole al dolor que me rebasa,

Bajándome la calle a cuatro patas.

MB

2005, del Libro de las Transformaciones

11 – 12 junio 2007

Ayer pensaba que un océano inmóvil debe causar mucha angustia.
Imagínate parada en un acantilado frente a la inmensidad de un océano que no se mueve.
Recordé cómo me quedé paralizada frente al océano, frente al valor, a la fuerza y a todos sus recursos. Como incrédula. Así se siente la soledad con perturbadora claridad. Ni un sonido que avise de la vida o la muerte. Ni un aroma que emerja entre las grietas para decir que ya viene creciendo la hierva, nada que asome la cabeza bajo el agua. Y sin embargo, todo este mar tan quieto y lleno de vida es para morirse de miedo, ver tanta oscuridad concentrada en una superficie líquida. Es para paralizarse de esperanza. Cuando diste la espalda y regresaste a algo más terrenal me comporté como un fantasma. Me moví por fin ahora que no me veías. Tu espalda se enteró de mis movimientos, pero tuviste tanto miedo de mirar que preferiste dejarme hacer yo sola, y sola estoy haciendo.
Ahora, este océano es organismo vivo que sube, se estrecha, se eleva, se destroza y se alcanza en una expansión nueva y sin límite o frontera. Veo aletas y trompetas, espadas y acróbatas. Veo ojos y tentáculos. Y siento la corriente cálida de mi propia imaginación. Estoy en el borde, así parada, de la caída, ese salto del ángel a la tierra. Y me miento cuando me digo que no tengo más nada que dos pies y una boca, me miento porque tengo el ingenio para hacerlo -el talento, la magia y eso que no se nombra y que todos conocemos son cosa aparte-.
Es un anónimo grito de libertad. Yo brinqué la barda sin permiso, caí y rompí en tres partes el costado, la clavícula y el alma.
El de tres puestos es un mar inmenso, el de tres costados es una isla y el de compasión es tan sólo un mendigo que no sabe hacer más que estirar la mano y meterla a la boca.
Así es como el hombre y la mujer se yerguen. Así es como la mujer se desploma. Así es como el hombre se hace pájaro y acantilado. Y aquí entre las costumbres incrustadas en la tierra mansa, las alas abiertas, la barbilla inclinada, elevo en un acto de idiotez todas mis veces de indecisión que me llevaron por la ruta de la inmersión.
Aquí estoy tan sola y tan conmigo que me siento bien completa. Siento que no cabe más nadie en mi mundo.

SB

Te vi tan siniestro

como el amor que acecha al que no está listo,

como una mano izquierda…

SB

29 noviembre 2006

Se mira que es lunes.

Se atropellan los miedos de oscura soledad

Que deja el agitado movimiento del final

De la semana

Agobio deja el descanso cuando acaba.

Ya me anda por el martes,

Lunes miro bajo el agua,

Me floto en el solitario medio acuoso del abandono;

Retiro a fuerzas;

Meditación obligada.

No me prenden los motores,

No me marcha la cabeza…

Mi cerebro ahogado de laberintos no explorados,

Miente cansancio;

Miente abrumo;

Miente aburrimiento;

Miento inconsistencia.

Contraluz de la mañana,

En la sombra contemplo el apagado

Medio día;

Ignoro muy adrede la humedad caliente del despertar de una semana.

No me pesa comenzar, como comenzar en soledad.

Ya nada es tan calmo como cuando miro hacia adentro;

Ahí remato horas y acumulo impuestos mentales
que no puedo pagar.

Ahí me recojo a sonreírle a mi reflejo,
a mi no-yo, que es más yo que YO.

Ahí hago dieta de amistades y conciencia.

Se mira que es lunes…

Divago en lo más peligroso:

Lunes, me lleva a la extracción en mi interior.

No le temo al trabajo;

Sólo a ser de fantasma

–Atrapado en duermevela–,

De quienes transitan

las primeras horas de la semana.

Minucz Vzeeím

25 julio 2005

Todos se han ido a su soledad, acompañados:

Se fue la mujer envuelta en la mañana,

El hombre enjuto en su perfume;

Con el sol y los pitidos, los gritos y el silbato.

Encontró tus ojos el infame amigo,

Y contigo se fueron las horas, el olvido.

A su casa sola y única

Se han ido,

Las ventanas y los techos, las columnas, los cerrojos.

Se fueron a sus tumbas los adoloridos huesos;

Los amigos compartidos con sus medios mundos

Se fueron alejando del sendero.

Y sólo, aquí, me quedo;

Ahorcado entre mis brazos apretados;

El silencio es uno, y está conmigo;

Allá a donde todos se han ido acompañados,

Se olvidaron de llevarse los dolores,

Las penas, los rosarios;

Las culpas, el goce y los sentidos.

Mínucz Vzeeím

21 febrero 2006 (última versión 23 de agosto 2008 )

No hay amor más esperanzador, que el que no puede ser amor.

me decido a ocultarme con disciplina tras los pliegues del dolor…

Si me dejo mal actuar

Si me dejo…

¿Me abrirás las puertas de tu corazón?

Me recibirás como un mendigo y

Me darás tu alimento,

o ¿me dejarás solo,

para estar con quien no soporto estar?

Si me expandiera ¿me darías tu mano?,

¿harías refugio de la tormenta
que me rompe?

¿Me darías tu corazón aun sabiendo

cuán enfermo estoy?

¿tendrías confianza en mí?,

¿creerías que yo?

Te digo lo que harías:

Mirarías por ti, y entonces…

me dejarías desarmarme, desnudarme…

y bajo la tormenta, dejarías que el agua

lave mis costras…

Esta purificación inevitable

me canta en las manos la envidia

y me pilla los desechos.

Así es como me expando…

Cuando en verdad entrego lo que tengo,

Sin motivo y sin desahogo

Dejando que la limpieza de mis paredes, de mis calles y mis aceras
reluzca bajo tu mirada sorprendida,

sin retener nada, sin evaluar lo que entrego:

Mi mundo se hace un lienzo de cadáveres perpetuos

tendidos en la arena pura que me enciende la mirada y

no me vengo para estar contentos,

me quedo para estar solos, puros,

me tengo de forma insufrible, ignoro lo que el pasado me hizo para acurrucarme,

el futuro insiste en recordarme que no existe,

¡Y no le creo!

SB

Soledad gritaba, me acerqué
y como gata me rasguñó la cara.
Soledad gritaba:
¡Que vengamos todos acá!
Para arañarnos con sus siete garras.