Archivos por Etiqueta: hermano

Mayo de 2007

Es ya casi un año. Nadie dice nada y es ya casi un año. Nos miramos, nos reímos, nos contamos cosas tontas, pero nadie menciona que ya casi es un año.

Me molesta que nadie lo diga abiertamente. Es una enorme falta de respeto el mostrar empatía por la pena ajena sin mostrarla por la pena propia. Ya tenemos casi un año de pensar cómo íbamos a reaccionar cuando fuera el primer aniversario, pero nadie da el primer paso, nadie muestra sus cartas.

Pensé en hacerme un tatuaje para recordarte. Pensé en dedicarle un minuto de oración por la noche a tu alma, pero no tuve tiempo. Estoy bien segura de que si se me olvida es porque no te hace falta. Dejen que los muertos entierren a sus muertos. Esa frase me reconforta. Pero me molesta dar mis simpatías a los que han perdido un ser querido en este año, en este mes, porque su pena debe ser más grande que la mía. Después de todo, eso fue hace casi un año.

Es el tiempo suficiente para que los demás se olviden de cómo pasó y ya no se cuiden de andar haciendo bromitas de atropellados en frente de una. Es el tiempo suficiente para darme cuenta de que ya pasó casi un año sin que te aparezcas por la casa con tu acentito de borracho y oliendo a marihuana. Ya pasó casi todo un año sin que hables por teléfono para insultarnos y quejarte de lo mucho que has sufrido, que nadie te comprende, que somos la peor familia que pudiste haber tenido.

Y un año casi ha de que llamaste la última vez pidiendo perdón por todas tus burradas y me dijiste lo mucho que me amabas. Tu chamarra de cuero negro sigue oliendo en mi memoria. A veces te recuerdo y tengo tu foto en mi escritorio, esa donde estás frente a la turbina del avión, cuando trabajabas en el aeropuerto. No me acuerdo si me regalaste la foto o la agarré sin permiso, no sé cómo fue pero desde que tenía 6 o 7 años la tengo guardada entre mis cosas, y hoy, después de tantísimos años, la encontré y la coloqué en un marco de cartón, que tenía muy a la mano, y la traje a mi oficina.

Es casi un año y no sé cómo vamos a recordarlo. Creo que mi mamá te mandará hacer una misa y me pondrá cara de dolor cuando le diga que no la puedo acompañar. Va a estar de malas como por un mes, y luego, cuando se canse de estar enojada conmigo para no estar triste por tu ausencia, entonces va a estar triste por tu ausencia otra vez.

Y no me va a agradecer cuando le diga que ya es casi un año que ando buscando la forma de salirme de su casa, y cuando acabe el mes de mayo, tú mes ese en que cumplías años, voy, por fin, a irme a vivir mi vida en pausa.

¿Te acuerdas el sueño aquel en que nos vimos? Ese donde ibas todo de blanco, sin cicatrices y rejuvenecido. Habías venido a verme, sólo a estar conmigo un rato, por el placer de estar ahí, por puro amor. No tenía idea de que era tu forma de celebrar, no mi cumpleaños, sino el tuyo, apenas ahora lo comprendo.

Vaya, espero que ahora que sea 28 de madrugada te acuerdes de soñar conmigo y me vuelvas a visitar. Yo no te prometo que me haré mi tatuaje, tengo miedo, no a las agujas, sino a quedar marcada con algo que no tenga el significado y dejarlo en mi piel por siempre.

Creo que no estoy hecha para los tatuajes, ninguno me parece suficiente. Pienso en hacerme una quemada y así dejarle al destino que dibuje un símbolo. Después de todo, no te olvido y cada vez pienso más nítidamente en ti, en tu ropa blanca o en tu chamarra de cuero negra y tus botas, y lo que más me hace reír es la broma sobre la guitarra.

Mi guitarra que desapareció un día. Tan segura estaba que tú te la llevaste. Tanta ironía cuando identificaron tu cuerpo por que cargabas con ella. Y nunca podré estar segura de que mi guitarra acabó en tus manos. Eso qué importa ahora, nunca importó mucho, en realidad. Hasta cierto punto me enorgullecía que, si tú te la llevaste, te sirviera más a ti que a mí.

Pero hoy, que hace casi un año ya, casi un año, sólo quisiera dejar bien claro algo, Memo, la guitarra es lo de menos, piensa que es mi tributo, pero por favor no te olvides de decirme ¿quién es el indicado? Tú me dijiste que cuando llegara el indicado, no me tentaría el corazón y tendría un hijo.

Dime, entonces, hermano querido, ¿quién es?

Monis