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Así reza la frase a la entrada del templo de Delfos, y es la frase más sabia que he escuchado. No se puede comprender al mundo si uno mismo no se conoce. Mucho tiempo pensé que me conocía bien, que sabía dónde estaba parada, sabía lo que me gustaba, lo que quería, lo que sentía… pero en realidad todo eso cambia con el tiempo, incluso con las horas, y la persona que yo era hace unos días ya no es la misma que soy ahora.

Entonces, ¿cómo puedo conocerme a mí misma si estoy en constante cambio?

Creo que es una actitud de vida la que nos lleva al conocimiento profundo de nosotros mismos. Es la actitud de la apertura y la humildad, aceptar que siempre hay algo nuevo por descubrir, que no tenemos el control de nada, excepto quizás de la actitud con la que decidimos vivir cada circunstancia en la vida. Mirar hacia atrás puede darnos un poco de conocimiento sobre quienes somos, pero lo cierto es que eso nos deja ver sólo una parte del gran universo que es cada uno de nosotros.

El contacto conmigo misma es lo que me permite saber quién soy hoy. El contacto conmigo misma, con mis sentimientos, con mi propio cuerpo, es lo que realmente me permite saber en dónde estoy parada; las decisiones que estoy tomando ahora son las que me pueden reflejar perfectamente quién soy hoy. Porque nuestra vida es un tejido de decisiones, no de circunstancias. La persona que yo soy es la que ha decidido qué hacer frente a las circunstancias de la vida, las circunstancias de la vida simplemente son el escenario, pero el actor, es decir, yo mismo, es quien actúa, es quien elige, es quien toma decisiones.

Puedo pasarme la vida pensando que nunca he tenido oportunidades, o bien, que la suerte nunca  ha estado de mi lado, pero lo cierto es que han sido mis decisiones las que me definen, las que reflejan mi carácter, mis sentimientos. Puedo decir que amo, pero si mis acciones no proyectan amor, entonces puedo saber que estoy actuando inconsecuentemente de lo que siento, y por tanto, estoy actuando en contra de mi propia naturaleza.

Leí recientemente una frase hermosa en el libro La enfermedad como camino, de Dethlefsen y Dahlke, que dice “todo lo concreto y funcional es únicamente expresión de una idea”, y anteriormente había leído prácticamente la misma frase en el libro El agua y lo sueños, de Bachelard, en donde el autor menciona que en realidad, el mundo concreto primero ha sido creado en la imaginación, para después volverse material. Y por otro lado, las tradiciones meditativas yógicas también sostienen que el mundo es una proyección de la mente, todo lo que nuestra mente proyecta se convierte tarde o temprano en la realidad.

Esto me lleva a pensar que para conocerme a mí misma, puedo mirar el mundo exterior y darme cuenta de que es sólo una proyección de mi propia mente.

Nadie ve el mundo igual que otro ser humano. Hay tantos universos como seres en el mundo. La forma en la que percibimos el universo es a través de nuestros sentidos, mismos que se localizan en nuestro cuerpo; las terminaciones nerviosas llevan la información del exterior hacia el interior, donde nuestro cerebro las procesa y las asumimos de acuerdo a nuestras experiencias previas. Cada ser humano desarrollamos nuestro propio código para entender el mundo. Este código lo construimos desde que somos capaces de percibir a través de nuestros sentidos.

En realidad nuestro cuerpo es una membrana entre el exterior y el interior, incluso, nuestro propio cuerpo, en su interior, tiene un código y nuestro cerebro lo decodifica. Pero, ¿quién está detrás de la comprensión de este código? ¿Quién es quien realmente recibe el mensaje? Si fuese nuestra mente únicamente, entonces quién es ese ser que, aunque nuestra mente no esté funcionando bien, sigue ahí y nos mantiene aquí.

Yo me prefiero creer que hay algo más allá que nuestra mente decodificando todo, porque aun cuando estoy dormida y mi mente se acalla, ese ser sigue ahí, conciente, fluyendo con el mundo interno y externo.

Por otro lado, las emociones son otro campo complejo para la comprensión desde una postura mentalista. Algunos afirman que las emociones simplemente son intercambio de energía, son impulsos eléctricos que se transfieren por nuestro sistema nervioso y llegan al cerebro. Pero ¿porqué ver una situación triste nos provoca tristeza? ¿porqué la noticia de la muerte de un ser querido nos atraviesa el corazón y nos lleva al llanto sin siquiera pensar en la causa de la tristeza?

Recuerdo que cuando falleció mi hermano yo no pensaba en que no lo vería más, no pensaba en si sufrió o no, no pensaba, simplemente sentía dolor. ¿Porqué cuestiones que no ponen en riesgo nuestra vida o no nos causan dolor físico, nos duelen a veces mucho más? ¿cómo explican los científicos el hecho de que el abandono duela más que un golpe? ¿Qué justificación tienen estos dolores para que existan en nuestro registro físico corporal? Quiero decir que cuando sentimos un dolor en el cuerpo, es síntoma de algo que debemos atender, el cuerpo nos avisa con los síntomas, de que está enfermo y de que debemos tomar medidas para ayudarlo a sanar. Entonces, ¿qué justifica el dolor por la muerte de otra persona, sino es un aviso de una enfermedad propia o de algún riesgo para nuestra salud?

Los síntomas también son sinónimo de signos. Los síntomas o signos indican, hablando el lenguaje médico, de que existe alguna enfermedad. Ellos, en conjunto, forman un cuadro y ese cuadro, al ser interpretado por un médico, que es quien sabe leer el código de la medicina y su sintomatología, puede dar un diagnóstico y decir qué enfermedad padece un paciente.

Cuando los síntomas no justifican enfermedad, muchas veces acaban dando un cuadro general que recibe todos los síntomas que no forman un cuadro definido, y ese cuadro es el del estrés. Le llamamos estrés a todo lo que no podemos definir como enfermedad y sin embargo, causa cierta sintomatología. Al estrés se le culpa del dolor de espalda, de cansancio extremo, baja energía, dolor en las articulaciones, dolores de cabeza, defensas bajas, dolor de cintura, ánimo decaído, depresión, bajo ritmo cardíaco, bolas en las piernas, urticaria, etc.

Es decir, que todos estos síntomas, cuando no se les logra enmarcar en un cuadro clínico definido, les llamamos elegantemente estrés, que es la epidemia de nuestro tiempo.

Yo no creo que todo esto sea estrés y tampoco creo que ninguna enfermedad es la causa de ningún síntoma. Creo que las enfermedades son consecuencia de no escuchar al cuerpo, de no estar en contacto con nosotros mismos y sobre todo, toda enfermedad es un anhelo de postergación para resolver asuntos psíquicos que no queremos resolver. Y como bien dice la ley de la entropía, todo aquello que no se mueve, se destruye. Todo tiende al caos,  a la destrucción. Si nos oponemos a fluir, estamos buscando nuestra propia destrucción, y esa es una buena forma de enfermarnos.

Conócete a ti mismo quiere decir, escúchate, despierta, sé conciente. Porque realmente todo el conocimiento del universo habita dentro de cada uno. Nosotros hemos creado este mundo con nuestra mente, con la energía que radica en nuestro interior, y esa energía la conocemos con muchos nombres, algunos dicen que es simplemente energía, otros dicen que es el amor. Cada persona puede elegir qué creer o con qué nombre llamar a las cosas, pero también es importante considerar que los símbolos los llenamos nosotros mismos de significados. Yo puedo elegir si llamar energía o llamar amor, pero la palabra energía tiene una carga significativa diferente de la que tiene la palabra amor. ¿Qué elijo yo? Eso es lo que realmente me define. El cómo yo nombro a las cosas, porque ese es mi propio código.

En psicoterapia gestalt sabemos que una catarsis no es suficiente para que un paciente cierre su gestalt y siga adelante; es necesario una resignificación. Decía Pearls que no podemos cambiar el pasado, jamás lo podremos cambiar, sin embargo podemos cambiar nuestra forma de significarlo. Podemos resignificar cada evento de nuestra vida, porque tenemos ese poder. Conócete a ti mismo quiere decir, conoce tu propio código, elige cómo quieres interpretar el mundo.

Ahora bien, lo importante es que siempre elegimos. Queramos o no, elegimos. Podemos creer que esperar a que el mundo nos resuelva las circunstancias es sinónimo de no elegir, pero la realidad es que estamos eligiendo no elegir, estamos eligiendo el miedo sobre el amor, cediendo el derecho de movernos por el de permanecer inmóviles esperando que el mundo se mueva, lo irónico es que justamente eso es lo que ocurre, el mundo sigue en movimiento, y la entropía arremete contra aquellos que se quedan estáticos, la entropía es una fuerza purificadora que mantiene en equilibrio al universo. Puede llamarse Shiva, que es la fuerza destructora según la tradición Hindú, o puede llamarse simplemente fuerza del universo. Pero lo cierto es que si creemos que permanecer inmóviles es posible, estamos en un grave error, todo aquello que permanece inmóvil, es destruido inevitablemente porque todo el universo está en constante cambio.

Retomando entonces lo referente a la enfermedad y al síntoma, creo que la enfermedad es justamente consecuencia de nuestro empeño por no cambiar, por no fluir. La enfermedad es la manera en la que nuestro cuerpo nos comunica que hay asuntos que no hemos querido enfrentar y que es momento de hacer algo al respecto, o de lo contrario, la enfermedad seguirá su curso. Aunque vayamos al médico, aunque nos receten medicinas, aunque nos sintamos mejor, si tenemos un asunto sin resolver, la enfermedad regresará de alguna manera, quizás no sea la misma enfermedad, quizás ahora sea otra más fuerte. En todo caso, podemos ir al médico para curar nuestros síntomas, pero lo más importante de una enfermedad es escuchar lo que nos quiere decir sobre nosotros mismos; escuchar el mensaje es lo que nos puede servir para lograr una evolución espiritual, no desperdiciemos la oportunidad de aprender algo, siempre podemos vivir las enfermedades como algo malo, o bien, podemos vivirlas con humildad y aceptar que existe un mensaje de nuestro inconciente que quiere ser revelado a través de los signos o síntomas de cualquier enfermedad.

Estaba leyendo Las siete leyes espirituales del éxito, de Deepak Chopra. El libro me encantó porque, bajo una visión muy holística, Chopra pone al alcance de todos estas leyes espirituales que yo prefiero llamarles “de vida”.

Las site leyes son: La ley de potencialidad pura, ley del dar, ley del menor esfuerzo, ley del karma, ley de la intención y el deseo, ley del desapego y ley del dharma.

Tendrán que leer el libro para que comprenda bien cada una de estas leyes, pero quiero compartir que a lo largo de mi corta experiencia me he topado con sobradas coincidencias en diferentes disciplinas que llevan a la evolución espiritual. Una grande ha sido lo dicho por Baba Muktananda en su libro Medita, en dicho libro, Baba Muktananda invita a todo buscador a que medite, invita a toda persona a meditar, a meditar en el Ser. Es decir, lo más importante es tener la experiencia del Ser, lo que la Gestalt llama continuo de conciencia, o bien, el aquí y ahora. Es decir, tomar conciencia. Mientras más conciencia logras tomar, más evolución espiritual puedes alcanzar.

Tanto la Gestalt como las terapias del movimiento, la meditación Siddha Yoga y este libro coinciden en muchas cosas, una importante es la referente al contacto. Contacto con el cuerpo. Meditar no quiere decir estar inactivo, por el contrario, la meditación es una actividad que requiere de toda la concentración. El contacto con el cuerpo es sumamente importante porque el cuerpo nunca se equivoca. La respuesta está en tu interior, es verdad. La respuesta la tiene siempre el Ser, pero se manifiesta en nuestro cuerpo.

Chopra dice que cuando tenemos una duda al tomar decisiones, es importante contactar con nuestro cuerpo. Es decir, primero llevar mi atención al silencio interior y preguntarle a mi Ser interior sobre la decisión que estoy a punto de tomar, pero la manifestación se da en el cuerpo. Si me siento bien, entonces mi decisión es la correcta, si siento en mi cuerpo malestar, la respuesta es que lo que estoy a punto de elegir no es la respuesta adecuada.

Dice Chopra que sólo hay una decisión correcta para todas nuestras elecciones, y la respuesta correcta siempre la conoce nuestro Ser interior y la manifiesta en nuestro cuerpo, nuestro cuerpo jamás se equivoca.

Por esta razón es que la Gestalt sostiene que en terapia es necesario que le pidamos al paciente que contacte con lo que su cuerpo siente, ya que el cuerpo manifiesta sin error todas las emociones. Es imposible esconderse del cuerpo, si no nos permitimos manifestar nuestras emociones, si no escuchamos a nuestro cuerpo, entonces éste tendrá que manifestarse de alguna otra forma, ya sea a través de alguna enfermedad, alergia, cansancio, sueños, y si de plano no escuchamos, suele ocurrir que acabemos en una habitación de hospital.

Escuchar al cuerpo nos salva de sufrir enfermedades. Escucharlo implica no sólo darme cuenta de lo que siento, sino hacer algo al respecto. Tomar acciones para atender al ciclo de necesidades es lo que permite cerrar cada gestalt, si no cerramos estas gestalts, entonces vienen los problemas.

Volvamos a lo que Chopra dice en este maravilloso libro. Realmente las siete leyes espirituales son ciclos con su gestalt bien concluida. La primera ley dice que lo más importante es primero contactar con nuestro Ser, entonces nos daremos cuenta de que todo es espiritual y el campo del espíritu es el campo de la potencialidad pura; la segunda ley es la del dar, y no es nada más que un ciclo de dar y recibir, dar es igual que recibir, sólo son dos partes del mismo ciclo, una lleva a la otra, una hace gestalt de la otra; la siguiente ley es la del karma, en la que explica que toda decisión tomada sin hacer conciencia puede estar errada o acertada, las decisiones erradas nos alejan de la evolución espiritual y generan el karma, este karma lo deberemos de pagar tarde o temprano, porque según esta ley, el karma se paga SIEMPRE, pero lo que el karma nos regala es la posibilidad de evolucionar al aceptar las adversidades como oportunidades en lugar de verlas como problemas, si vemos estas adversidades como oportunidades podemos darles una gestalt; la siguiente ley es la ley del menor esfuerzo… en lo personal esta ley me encanta aunque le hemos hecho muy mala fama y nada más alejado de lo que realmente es: la ley del menor esfuerzo en mi opinión es más bien la ley del movimiento. Es decir, no me tengo que esforzar en pensar soluciones complicadas, no tengo que hacer miles de planes, es más bien vivir la vida con la sencillez de una flor, aceptando que las cosas son como son y que a mí me corresponde hacer mi parte para estar alineado con un plan más grande, en no oponer resistencia, es decir que sí a la vida, como decía Louis Hay en su libro La felicidad está dentro de tí; la siguiente ley es la de la intención y el deseo, en esta ley especialmente hago hincapié, porque me topé con grandes coincidencias con lo que escribí en mi entrada de el acto de declarar, donde reflexionaba sobre cómo percibí el deseo de mi Ser de dejarlo todo, mi vida como la conozco, y comenzar una vida nueva que yo elijo para mí, que mi espíritu está dictándome que es lo que me toca vivir en este momento para aprender; la siguiente ley es la del desapego…. me aprendí de memoria las siete leyes, pero esta siempre se me olvida, y tiene su razón de ser, seguramente porque el desapego es algo en lo que cojeo mucho, me es difícil imaginarme entera sin la aprobación de los demás, creo que uno de mis mayores apegos es a la aprobación de los otros, a saber que soy amada y aceptada. El desapego implica no solamente dejar atrás las ataduras al dinero, a la ropa, a la moda, al ejercicio, al propio cuerpo, sino también dejar atrás las cadenas del apego a otras personas, a otros momentos de la vida, al pasado y al futuro, el desapego quiere decir soltar, ser libre… ser libre no es tan fácil, como también mencioné en la independencia se gana una y otra vez, pero definitivamente la libertad nos pertenece, aunque vivamos bajo la ilusión de que somos libres a medias porque creemos que estamos atados a encajar en la sociedad, y finalmente la sétima ley, la ley del Dharma o propósito en la vida, esta ley dice que todos tenemos por lo menos un talento único que nadie más en el mundo es capaz de realizar igual que tú, y que encontrar cuál es o son tus talentos y realizarlos de manera que ayudes a la humanidad a través de el, eso te lleva a la felicidad total y a la evolución espiritual.

Lo que puedo ver es que este libro simplemente pone en orden muchas cosas que he leído y aprendido en otras disciplinas, las coincidencias son maravillosas, es como ir encontrando las señales en el camino indicando que sí voy en la dirección correcta, pero nunca hay que olvidar que la decisión de ir por el camino correcto siempre me pertenece, las señales están en todas partes, sólo tengo que abrir los ojos, despertar de la ilusión de maya, y seguir el camino que está iluminado por la luz de la conciencia.

Mónica Barrón

Es impresionante cómo estamos sumergidos en realidades circulares que nos alcanzan una y otra vez. Cómo lo que viví de niña, me alcanza ahora que tengo casi 33 años, cómo lo que experimenté en mi adolescencia, ahora toma un nuevo significado, o más bien, comienzo a entender otra dimensión del significado que cada momento enfático de mi vida tiene. Es una dialéctica significativa de cada vivencia, cada acto poético (como lo llama Alejandro Jodorowsky), es simplemente mágico, o más bien, divino, transpersonal.

Esta reflexión viene ahora que estoy leyendo el libro Psicomagia, de Alejandro Jodorowsky. Lo adquirí hace unos días que visité Gandhi. Andaba curioseando y de pronto me topé con este maravilloso libro. Interesante porque vi de qué trataba y me atrapó de inmediato. Lo compré y empecé a leerlo, no inmediatamente, pero sí unos días después. Mientras iba leyéndolo comencé a recordar aquel taller de teatro al que me metí en preparatoria. La instructora era Grisell Amaro. No estaba muy segura de si ella nos había dejado leer algo de Jodorowsky, pero definitivamente los actos de psicomagia que describe Jodorowsky en su libro eran la base de lo que en este taller de teatro, Grisell nos dio libertad de hacer.

En esas épocas de mi vida yo era una adolescente muy introvertida, de hecho elegí meterme al taller de teatro porque tenía tal miedo de hablar en público que sufría mucho cuando tenía que participar en clase, sudaba frío y me ponía muy nerviosa. Así es que elegí meterme a este taller con la esperanza de vencer mi miedo a hablar y, de paso, divertirme.

Lo curioso es que este taller era todo menos de expresión oral. Era más bien como una especie de grupo terapéutico, donde enfrentábamos nuestros peores miedos en grupo, pero individualmente. Teníamos la opción de aceptar lo que menos nos gustaba de nosotros mismos, enfrentarnos con nuestro autoconcepto, cuestionarnos sobre lo que realmente queríamos en la vida, inclusive vencer miedos a nuestra propia sexualidad y a hacer el ridículo.

Yo tuve una experiencia muy iluminadora durante el taller. Grisell nos pidió que imagináramos que el salón en el que estábamos era el mundo y que estaba a punto de caer una bomba nuclear que iba a terminar con todo. La única forma de salvarse era adoptando un personaje y realizando un acto especial que, más adelante, un juez juzgaría de si fue suficiente o no para ganarnos la salvación. En mi caso, elegí volverme loca y evadir la realidad, con esto, según yo, me salvaría.

Fue muy intensa la experiencia de volverme loca. Porque en ese momento, de verdad perdí la cordura. Recuerdo haber desenfocado los ojos y permitirme creer que la realidad externa estaba aparte de mi realidad interna, mi interior era mi cápsula que me permitía sentirme a salvo. Creo que así es como los locos se protegen, y como todo ser humano, aun no estando clínicamente loco, se permite tener lapsos de locura para no volverse loco.

Me tocó el turno por fin, de defender mi “acto” frente al juez. Tenía que convencerlo de que mi acto era real, más que efectivo. Y fue tan intenso, fui capaz de crear otra realidad con mi propia voluntad y, sobre todo, con esa magia de crear el acto poético, el acto bello de experimentarme sin límites. Fue tan intenso que hoy, después de más de 15 años lo recuerdo vívidamente.

Creo que fue entonces mi primer contacto con Jodorowsky y la psicomagia, sin saber que así se llamaba. Hasta hacer unos días supe que muchos actos de mi vida, Alejandro Jodorowsky los nombra actos poéticos. Yo añadiría que son actos autosanadores. Esos momentos en que el ser humano se permite contactar con sigo mismo, se permite ser sí mismo, se permite.

Recuerdo por ejemplo, haber manejado mi bicicleta con los ojos cerrados porque tenía tanta fe en el camino que no tuve miedo, fue muy emocionante (y peligroso), pero recuerdo esa experiencia con mucha vida. Recuerdo haberme subido al toldo de mi coche y cantar a todo pulmón, una noche, nada más porque tenía ganas de cantar, me permití sentir la felicidad de esta manera.

Creo que hay actos poéticos que ocurren al escribir poesía o ensayo, sobre todo poesía. No toda la poesía es un acto poético, pero hay actos poéticos que le ocurren a las personas cuando escriben poesía.

Hace poco decidí dejar todo lo que me ata atrás e irme a vivir al estado de Oaxaca, creo que este será un acto poético prolongado y me siento con mucho miedo y con mucha certeza. Sé que lo haré, ya tengo la fecha. De pronto me vienen pensamientos de miedo, de lo catastrófico que pede ser dejar la zona de confort, experimento el miedo, lo vivo, me acorrala. Entonces me detengo. Respiro. Relajo mis músculos. Siento. En efecto, el miedo está ahí, pero más abajo, en mi estómago, encuentro tanta alegría, tanta energía, tanta certeza, que sé que el miedo no me va a detener.

La realidad es circular, de alguna forma sé que leer a Jodorowsky, escuchar a Sergio Vázquez contarnos su experiencia del salto al vacío, aunado con ver Revolutionary Road y que me avisen que ya pronto tendré en mis manos mi poemario impreso, son todas señales para mí. Señales de que todo es circular, es perfecto. Cada evento ocurre en el momento preciso, cada persona entra en mi vida porque yo los llamo y se van cuando ya hemos dado lo que mutuamente necesitábamos darnos. La fe es circular también, es tener la certeza de que siempre vuelve el mismo punto a alcanzarnos una y otra vez, para evolucionar, para avanzar espiritualmente.

Historias viejas que retornan con renovados significados, ahora más entrópicas, más elevadas en la dialéctica espiritual. No hay retrocesos. No se puede retroceder. Hay un espacio que no está regido por las mismas leyes que las de nuestro cuerpo material, nuestro espíritu pertenece a ese acto, no podría decir lugar, porque no está regido por el espacio ni el tiempo. Es un SER continuo. Cuando entramos en un estado de meditación profunda, a veces logramos atisbarlo, a veces nuestra alma se llena del néctar de la dicha divina, a veces. Yo diría que la meditación puede ser un acto poético, no siempre, porque no toda meditación es buena (en calidad), pero el elegir intentarlo, es en sí mismo un acto de bondad.

La realidad es circular y alcanza a todos los seres de este mundo. Es evolutiva y significativa. La realidad puede tener otras dimensiones que no son sólo materiales y espaciales, temporales. La realidad puede tener el vértice de los significados, de los actos, de los sentimientos. Y lo que constituye a la realidad individual, es la capacidad de cada persona de tener conciencia. Mientras la persona esté más conciente, su realidad es más cercana a la divinidad.

Por esto, la Gestalt enfatiza la importancia del continuo de conciencia, así como lo hacen las religiones orientales y las disciplinas meditativas. El continuo de conciencia es el acto de mantenernos vivos, bellos, libres y en estado de amor.

Creo que los actos poéticos son momentos de toma de conciencia. Momentos de despertar del sueño de Maya. Cambiamos las reglas a las que la sociedad nos ata para tener un estado de cómoda sanidad. Pero ¿qué tan cómoda es esta sanidad?, a veces ser un loco es más sano, que ser catalogado como sano en una sociedad en donde los valores ya no tienen contacto con los actos de conciencia.

Donde se valora más al cuerpo material que al espíritu que lo habita. Donde ser escuchado es más valorado que dedicar horas a los hijos, a los juegos, a brincar en el césped. Donde pagamos mucho dinero por estar en forma y tenemos al deporte como una religión, y a la dieta como una diosa. Donde verme bien es sinónimo de ser valorado, donde la feminidad, que es el símbolo de la Diosa primaria, se vuelve debilidad.

El poeta es aquel que se atreve a vivir la vida que quiere. “Se necesita valor para vivir la vida que queremos” (Revolutionary Road).

Se necesita valor para tirar el miedo en escusado (muchas veces literalmente, lo he visto en pacientes) y dar un paso en la dirección de nuestro verdadero yo. Valiente no es el que no teme, sino el que teme y aun así, realiza el acto poético o el acto de conciencia o el acto de amor.

La realidad es circular, el amor es círculo, la vida es un círculo. Todo es círculo. Todo es infinito. Incluso el nacer y morir es un círculo que se repite. El miedo y el egoísmo son esos delirios, esas ilusiones que no nos dejan ver que morir no es más que dar un paso adelante. No es fin, sino inicio. El cambio es una bendición, es vida. Aquello que no cambia, muere. Y la gratitud es el mejor remedio ante el miedo. Un espíritu agradecido es aquel que percibe la grandeza de las cosas sin importar lo que aparentan. Amar el dolor como el placer, estar seguros de una sola cosa, que todo lo que vivimos lo elegimos. Que elegimos vivir la vida que queremos, todos vivimos la vida que hemos elegido. Esto sólo es posible comprenderlo desde la luz de la conciencia. Si aceptamos que desde antes de nacer, nuestro espíritu elige las experiencias que deberá vivir para evolucionar, entonces quizás podemos entender que un bebé no nacido necesitaba esa experiencia para evolucionar espiritualmente.

Entonces, la luz de la conciencia descubre que los eventos más dolorosos de la vida son en realidad accesos a otra realidad, son oportunidades de avanzar espiritualmente, de evolucionar. Y tener el valor de vivir la vida que yo quiero me acerca mucho a ser quien realmente soy.

Mónica Barrón

Sometimes, sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
Night takes the light by the hand

- Candlebox

Iba caminando cuando la melodía de esta canción captó por completo toda mi atención. Por “atención” me refiero a todos mis sentidos, me refiero a que empecé  a sentir la música, me sedujo de alguna manera, me llegaba directo como sin necesidad de palabras me estuviera siendo revelado un secreto. Intenté poner atención a la letra pero no podía, la mezcla entre la melodía, los instrumentos y la voz del intérprete simplemente me llegaban directo sin pasar por mi cerebro racional. Estaba conmovida, emocionada. Decidí disfrutar el momento y embriagarme de esta especie de dicha que experimenté mientras mi cuerpo seguía en movimiento por las calles. Me sentía de pronto parte de un momento, parte de algo más grande que yo.  Ese día regresé a casa pensando en buscar en Internet la letra de esa canción para salir de dudas sobre si el sentimiento que me produjo la canción completa realmente reflejaba lo que el escritor quiso decir con la letra.

He colocado aquí la letra de la canción, todavía no alcanzo a comprender completamente el mensaje, pero hay partes que me impactaron mucho, me hicieron figura, la cita que he colocado al inicio me reveló mucho de lo que estoy viviendo actualmente, el hecho de que algunas veces cargamos el peso que no nos corresponde y eso nos hace sufrir y nos impide de alguna forma andar al paso que quisiéramos. Experimentar cosas para las que ya estamos listos, soltar, soltar, soltar. Creo que la clave principal es esa: soltar.

Es doloroso aferrarse al pasado, a algo que fue hermoso, que nos hizo felices y nos permitió sentirnos seguros. Es doloroso crecer, cambiar de nivel, despedirnos de aquellos que se quedan atrás, pero he aprendido también que es más doloroso mantener a nuestro Ser atado, no permitirle fluir y seguir su evolución.

Escribía antes que estoy intentando en este año seguir la voz de los sabios, personas algunas que dedicaron toda su vida a la contemplación, mediante la cual sus vidas se han vuelto una revelación constante del Ser. Lo que intento hacer realmente es, quizás, vivir con fe. Es decir, creer en lo que otros han experimentado, y yo, sin haberlo experimentado, aceptar con el corazón y sin juicios, que lo que ellos dicen simplemente “es”.

Vaya, es mucho pedir para mí, que me considero bastante terca y soberbia, es demasiado pedir. Pero también he vivido siguiendo mis impulsos, mi ego, mis deseos, y ha sido grande el aprendizaje y grande el sufrimiento, pero lo que me mueve a intentar esto es mi deseo de avanzar. De abrir el corazón otra vez, de volver a vivir con todo y miedo.

Creo que la palabra que se me viene a la mente ahora es ¨riesgo¨. Arriesgarse es vivir.
Sabinne

Eh aquí la letra de la canción ¨Sometimes¨, de Candlebox

I wipe the night from my eyes
Block out the sunny day and I hide
Everythings falling down around us
Im just missing the rain
Im happier now today
Dont let me down
Dont let me go
A change of seasons inside her mind
In time Ill decide
In time Ill decide to move on
We change directions, we watch the tides
And we borrow too much
We form restrictions and we form lines
And we separate you from me
Sometimes, sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
Night takes the light by the hand

Tunes out the boring day and cries out loud
Everyones hanging on, hanging on my words
It kills the thrill in being divine
But shes happier now today
Dont let her down
Dont let her go
There are no reasons there are no lies
We just bleed together
Thats how we realize
We change directions we watch the tides
And we borrow too much
We from restrictions and we form lines
We separate you from me
Sometimes sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
Somehow well find a way weve got to paste it back together
These ripped out pages of old coloring books where your
Gold is silver, my blue is gray
Its all held together by cellophane tape
But we change directions, we watch the tides
And we borrow too much
We form restrictions and we form lines
We separate you from me
Sometimes sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
In my head Ive got everything I want in you

Este fin de semana salí a caminar. Escuchaba música y sacaba fotografías mientras caminaba intentando ir por calles que no frecuento. Me encanta hacer eso, es como entrar en un mundo desconocido, entrar en una aventura. Caminaba tomando fotografías de calles que me despertaban algún sentimiento extraño, en un momento levanté la mirada al cielo y me di cuenta del sol. El sol que no me dejaba hacer tomas de frente. El sol que me calentaba el rostro. El sol que me ponía de buen humor.

Sin saber cómo, en ese momento me di cuenta de algo que había leído en algún libro de la maestría, interesante porque no recordaba el libro, ni la frase, sólo me di cuenta de algo: que no tengo nada porque no necesito nada, soy parte de todo esto que me rodea y por eso nada me falta. Seguí caminando con un sentimiento en mi interior de mucha alegría, como si hubiera encontrado una respuesta a un acertijo que hubiera estado intentando descifrar hacía mucho tiempo. En mi mente siguió repitiéndose la idea como un mantra, es que yo no tengo nada…. pero no me siento pobre ni miserable, no es a eso a lo que me refiero, es simplemente que nada poseo en realidad; nada me pertenece, porque todo es prestado en esta vida, la misma vida es prestada, los hijos, el dinero, las cosas, los amigos…. todo es prestado, pero en realidad, es que todos nos pertenecemos. Tomé conciencia de que formo parte de todo, que yo no le pertenezco a nadie tampoco, y que la única cosa de la que soy capaz, es de decidir cómo vivir, cómo enfrentar cada situación, lo único que verdaderamente me pertenece es mi capacidad de sentir, de amar u odiar, de enojarme o alegrarme. Más alla de eso no existe poseción ni control alguno. La vida es un río que desemboca en el amor, en el absoluto amor, porque todo lo que existe proviene de ahí y ahí ha de regresar.

Y curiosamente hoy subí una página a la sección de Literatura Fondo&Forma que justamente habla de esto, me refiero al libro El Zen y nosotros. Nada es casualidad, yo sé que me tocó leer nuevamente esta lectura por que hay algo que me toca asimilar en este momento de mi vida. Quizás la vida me está preparando para lo que sigue, que debe ser fenomenal. A mí sólo me toca tener una actitud de gratitud, eso siempre es garantía de que sea lo que sea que venga, algo hermoso me dejará, de entrada, mucho aprendizaje.

Sabinne

Hace dos años y medio comencé a despertar de un largo sueño. Cada día al despertar en mi cama, acostada de lado con las piernas abrazadas, en posición fetal, un sentimiento me invadía. En realidad no me quería levantar. No quería salir de la cama. Tenía mucho miedo enfrentar el día a día, el sentimiento de no pertenencia, de no dirección, y sobre todo, un sentimiento de culpa. Culpa de no estar haciendo lo correcto, sea lo que fuera que eso era. Culpa de estar defraudando a mi marido, a mi familia, a mí misma, incluso a Dios.

Pero después de todo me levantaba todos los días, con un dolor en la garganta como un malestar crónico. Sacaba los dos pies de la cobija y me sentaba sobre el costado izquierdo de la cama -mi lado de la cama-, y en mi espalda sentía como si se me clavara la ira de mi marido, su decepción quizás.

Todo el día tenía mucho sueño, tomaba tanto café como para matar un elefante, y aun así seguía teniendo sueño todo el día. Me daba mucha hambre y comía comida rápida, pues aparentemente “no tenía tiempo” de cocinar. Trabajaba en la oficina de un amigo que me quedaba cerca de casa, cuesta arriba. Y por más que caminaba de ida y vuelta cuatro veces todos los días una distancia considerable por calles inclinadas, me mantenía excedida de peso, cosa que me hacía sentir muy mal conmigo misma.

No entendía porqué si no comía chocolates y cosas de la tienda, mi peso se mantenía excedido y yo me mantenía siempre cansada y desganada.

Pero después de todo, me decía, tenía un marido, una casa, un perro, un trabajo, una vida. Hasta el día en que mi marido me miró a la cara y me dijo que ya no estaba seguro de querer seguir conmigo. Ese día comencé a despertar.

Quise comentar esto al principio de este ensayo porque como dice la filosofía Zen, uno aprender lo nuevo partiendo de lo viejo.

Cuando me separé de mi ex marido comencé un largo camino, un proceso que sé que nunca va a terminar. Es un proceso hacia el despertar de mi conciencia. He estado adormecida por mucho tiempo y sé las consecuencias de despertar de pronto por que la vida es así, simplemente no nos permite estar siempre dormidos.

Fue mi decisión tomar la responsabilidad de mi vida, y aunque aun me falta un tramo para considerarme a mí misma como adulta, estoy disfrutando mucho mi infancia y adolescencia. Adolescencia, creo que ese es mi estado actual, porque estoy pasando por el dolor de los cambios hacia la adultez.

Al leer los primeros libros que hablan sobre los orígenes filosóficos de la Terapia Gestalt me sentí como enviada de nuevo a la preparatoria. Sobre todo con el libro de Los Dragones del Edén. Pero este libro me permitió darme cuenta que soy sólo un momento en este gran y eterno tiempo y que soy tan compleja y tan única por sólo ser un ser humano y estar aquí. Me permitió comenzar a despertar a la conciencia de mi soberbia. No sólo cómo raza humana, sino como yo misma. Soy soberbia, muy soberbia, y creo que esta es la lección que vine a aprender a la maestría, principalmente.

Lo primero que hice cuando comencé a despertar fue entrar en un estado de angustia constante, de pánico. Me enfermé físicamente. Me dieron ganas de vomitar sin poderlo hacer, inclusive me dio “un aire” o torzón en un costado que me hacía que me doliera el simple hecho de caminar y respirar. Pero como siempre me he considerado fuerte no pensé en dejarme tumbar. Pero no fue mi elección, la situación me rebasó de tal forma que no pude más y colapsé. Así que pedí ayuda. Mi familia me tendió la mano. En seguida comencé a ir a terapia en el CAPCI.

A la par en este proceso me invitaron a meditar en un Centro de Meditación Siddha Yoga. Y esto me ayudó mucho a poner en orden todo este rompecabezas de mí misma. Creo que me atendí muy bien, me di la ayuda que necesitaba en ese momento para “pasar el trance de la angustia” como diría Nasio sobre la histeria. Yo elegí no quedarme en la angustia, no guardar ningún sentimiento dañino dentro de mí. Elegí superar lo que fuera necesario para no volver a sentir el pánico y la falta de esperanza que me embargaron durante esos meses terribles de depresión, pánico y angustia.

Si tenía que superar algún miedo a la castración para no volverme una histérica, creo que este era el momento. No me puedo pasar pastillas, me da miedo, es un trauma de mi niñez. Estuve a punto de morir asfixiada con un caramelo y ahora cada vez que tengo que pasarme pastillas es un verdadero suplicio. Lo comento ahora porque me vino a la mente esto del miedo a la castración que es lo que causa la neurosis. Bien, creo que para superar cualquier miedo se necesita aceptar primero que la muerte no es lo peor que le puede ocurrir a uno. Es decir, perder el cuerpo o una parte de él no es lo peor que le puede pasar a una persona, lo pero que le puede pasar a una persona, yo lo sé bien, es seguir viviendo dormido para despertar un día con el pánico y la desesperación de haber dejado la vida pasar sin haber vivido.

Un libro que me marcó mucho fue el de La teoría existencialista de la personalidad, creo que porque uno de mis principales miedos es el del fracaso, el de no saber para qué vine aquí, cuál es mi misión en este mundo. Darle un sentido a mi vida. Creo que mi vida ha sido bastante existencialista o tiende a eso. Por eso cuando leí el libro de El hombre en busca de sentido, de Frankl, aun no terminé de comprenderlo del todo. Yo esperaba que este libro me diera la respuesta mágica, que me dijera para qué vine aquí, y no me dio respuestas. Me dejó como en este estado de existencialismo. Finalmente creo que sí soy muy soberbia y no me quiero arriesgar a aceptar que el sentido de mi vida me será revelado en su momento. No cuando yo quiera, sino cuando sea mi momento. No puede ser de otra manera.

Elegí estudiar la maestría por esta búsqueda de sentido de mi vida. Es un problema que vengo arrastrando y no he podido enfrentarlo de lleno. Creo que es porque estoy buscando las respuestas y no las soluciones. Quizás estoy haciendo mi práctica filosófica en vez de terapéutica.

Ahora bien, los libros sobre psicoanálisis, toda la teoría Freudiana me parece muy confusa. Creo que cuando llegué a la maestría venía con una idea muy simplista, porque así es como me lo enseñaron. Y la teoría de Freud es mucho más compleja y tiene mucha más explicaciones que “todo es sexo”. Lo que más he apreciado de estas teorías no es este referente a que todo tiene que ver con sexo, sino la forma en que él propuso que la psique del hombre se divide. A mí se me había ocurrido de niña que podía hablar conmigo misma, incluso escribir mi diario (el que llevo, no con mucha constancia, desde que tenía 8 años), y esta forma de “desdoblarme” me ayudó mucho a superar mi infancia que no fue fácil, en casa de un padre violento y una madre abusada. Entender que tenemos huellas, vaya, huellas mnémicas. También había tenido conocimiento de este tema en un curso de Semiología de la Vida Cotidiana, con el Dr. Alfonso Ruiz. Es impresionante cómo cada cosa se va uniendo en la vida para que podamos entendernos y despertar. Es como ir colocando estratégicamente despertadores que sonarán primero uno, luego el otro, luego otro más… hasta que por fin salgamos del sueño profundo y estemos bastante despiertos. Y así mismo pienso que uno mismo coloca esos despertadores antes de meterse a la cama.

En resumidas cuentas, creo que yo misma he ido buscando cada situación en mi vida para despertar. Conciente o inconcientemente.

Por eso cuando leí sobre la filosofía Zen sentí como si fuera un conocimiento que estaba oculto en mi interior y fuera recordando cosas, algunas como si las hubiera tenido almacenadas sin haberlas asimilado y ahora con estas lecturas las podía traer al frente y dejarlas hablar por sí solas.

Ha sido un cambio total de mentalidad. Ha sido un cambio radical de postura. Antes me dedicaba a echarle la culpa de todo al mundo, a la gente, a mi familia, a la suerte. Ahora sé que sólo es responsabilidad mía el decidir a dónde y cómo dirigirme. Saber que traumas en la vida son la cosa más común, pero cómo me enfrento a ellos, cómo los digiero, eso sí depende de mí misma.

Algo que me ha nutrido tremendamente y me ha quitado miedos ha sido el darme cuenta de que somos seres holísticos, completos. Que tenemos el ying-yang. Que somos hombre y mujer en uno mismo. Que depende de nosotros conciliar cada una de nuestras partes para vivirnos conciliados con el Todo. Yo tiendo mucho a pelearme entre mi lado femenino y el masculino. Creo que eso lo he aprendido por mi cultura familiar, los hombres tiene la voz, las mujeres deben ser sumisas y acatar lo que los hombres digan. Si un hombre no considera que yo valga, entonces automáticamente mi autoestima desciende. Este es un problema que sé que debo trabajar todavía en terapia, pero lo importante es que estoy CONCIENTE de ello. Entonces, volviendo a la parte masculina y femenina, a veces me siento más poderosa con mi parte masculina, y a mi parte femenina no la dejo actuar mucho, porque me siento tonta y sobajada. Y sin embargo sé que es mi parte femenina muchas veces la que escribe poesía, esa de la que tan orgullosa estoy. Sé que para expresarme completamente, para ser al 100% quien soy, con todos mis talentos, he de conciliar muy bien ambas partes, la femenina y la masculina.

Aquí es donde puedo mencionar El yo dividido. Justamente el no poder conciliar, unir mi totalidad como ser humano me convierte en un Yo dividido. Yo busco ser un ser completo, sin rupturas ni grietas. Unir mi lado espiritual y el emocional con el físico.

Cuando me separé de mi marido y comencé a tomar responsabilidad de mi vida a través de la terapia comencé a descubrir que había cosas que no hacía y que tenía muchas ganas de hacer desde hace mucho tiempo. Una fue practicar kick boxing. Me metí a clases y desde entonces no he dejado de practicarlo. Me hace sentir muy bien tanto física como emocionalmente. He de decir que bajé de peso y comencé a comer sanamente. Me hice una experta en ensaladas y platillos diferentes y exóticos en los que, haciendo uso de mi creatividad, mezclo diferentes sabores, verduras, aderezos, especias. Pasada la tormenta comencé a mirar mi espejo. Esto lo empecé a hacer sobre todo cuando fui a escribir mi cuarto paso. Y me comencé a ver como una mujer renovada, con la vida por delante. Muy saludable y más joven, más feliz y mucho más despierta. Inclusive mi forma de caminar cambió, mi postura física y, obviamente, también mi postura ante la vida. Cuando leí el libro de El cuerpo tiene sus razones, le di toda la razón: mi cuerpo tenía sus razones para estar en el estado en el que estaba. Mi cuerpo tuvo sus razones de sacarme de la jugada y tumbarme para que yo hiciera un alto y despertara.

Ahora mi cuerpo es más sensible, no, más bien YO soy más sensible a mi cuerpo. Le hago mucho más caso. Lo escucho y esto me llena de alegría. Haber descubierto en mi cuerpo a un aliado para mantenerme despierta es algo que siempre voy a valorar. Ahora, por ejemplo, siento que mi cuerpo de pronto se cansa, de pronto me vuelve a dar sueño en horas en que necesito mucha concentración. Y me pregunto si será que él me quiere decir algo, probablemente no quiero escuchar, probablemente estoy cansada del proceso que ha sido extenuante. Porque este proceso fue rápido, muy profundo y fuerte.

De pronto me enfermo y entiendo que cada enfermedad tiene un para qué. Así es que ahora cuando me enfermo analizo mi enfermedad y trato de sanarme internamente además de físicamente, porque yo sí creo firmemente en que toda enfermedad tiene un origen emocional, y curar los síntomas con medicina alópata no es curar la enfermedad. Ahí es donde actúo yo misma.

Para mí esto ha sido clarísimo a lo largo de todo mi proceso. Cuando me dieron los ataques de angustia pude sensibilizarme ante mi cuerpo, porque él era todo un grito. Yo no podía hacer nada por él más que rezar y dejar que todas las emociones que lo embargaban corrieran libres y salieran de alguna manera.

Hoy que me estoy preparando para ser terapeuta valoro mucho el trabajo que hizo mi terapuetia conmigo. Aprendí mucho de ella en terapia, una terapia que duró poco más de un año. El amor y el cuidado que ella puso en mí, tuvo sus frutos. Yo hice mi trabajo, yo elegí hacerme responsable de mí misma, pero definitivamente puse a mi ser en sus manos y ella con mucho amor me ayudó para que yo misma viera el camino.

Hoy que venía manejando hacia mi trabajo me preguntaba porqué valoro más las cosas materiales que el amor. Porqué a veces me siento ridícula pensando en que el amor es la respuesta de todo. Es triste, lo sé, porque es algo que a veces me invade y sé que es puro miedo. Miedo a romper mi máscara del ego y aceptar que para encontrar la felicidad total es necesario desapegarse. Cuando hacemos trabajo en la maestría y me doy cuenta que me siento amenazada, que tengo miedo, me da pena secretamente porque me siento insegura, siento que pierdo el control. Pero luego pienso que eso es justamente lo que necesito para avanzar en el proceso, perder el control y dar el salto al vacío. Porque eso es lo que hice justamente cuando perdí el control de mi vida, di el salto al vacío y hoy estoy mucho más despierta. Di un paso agigantado en mi vida. La persona gris que era hace tres años ya no volverá a asomarse, y en caso de que lo haga, no será tan fácil ignorarla, porque esa lección ya la asimilé. Ahora, sé que sólo fue un comienzo y que me falta un largo proceso. Pensar, por ejemplo, en Siddharta, me hace tener esperanzas sobre el sentido de mi vida y sobre este proceso. De pronto siento que yo no puedo ser ese ser especial, y entonces me doy cuenta que estoy negando lo divino que hay en mí. La filosofía Zen, el budismo y todas estas filosofías orientales que ven al ser interior divino me cuestan aun trabajo asimilar. Y es, creo yo, porque crecí pensando que Dios estaba en las nubes, fuera de mi alcance. Asimilar que yo soy parte de Dios como una gota es parte del océano, me parece complicadísimo de asimilar. Pero lo sé, racionalmente lo acepto. Creo que lo voy a asimilar a través de alguna experiencia, ya sea la meditación o alguna tumbada del caballo, que suele ser así la vida. Aunque el otro día leía en un libro de Melodi Beatty (52 semanas de contacto conciente) en donde menciona que aprender no tiene por qué ser especialmente doloroso, y creo que tiene razón. A veces llamar al aprendizaje con amor permite que venga sin tanto dolor, simplemente llamarlo, ya con llamarlo en vez de encontrarlo repentinamente, estar abierta a él, me permite aceptarlo y no sufrir tanto.

Bien, ahora no quiero echarle la culpa de mis huecos espirituales al haber crecido en occidente, porque incluso Tilar de Chardin fue capaz de entender a través de la filosofía occidental, toda esta cosmovisión integral que él planteó. Creo que la verdad está en todas partes. Hay buscadores en todo el mundo, y hay tantos caminos como buscadores.

Quisiera dejar de sentir miedo y de tener el control, y entonces recuerdo el libro de La sabiduría de la inseguridad y recuerdo que estas cosas son imposibles de evitar. Yo no tengo el control más que de la forma en que vivo las circunstancias (todas ellas fuera de mi control), y miedo no tengo razón en tener si puedo entender que todos somos parte de la misma cosa.

Lo más difícil para mí es estar conciente y no estar sana todavía. Porque ahora sé que no me puedo hacer la dormida, es como andar cargando un espejo. Ver mi reflejo me deja ver mis incongruencias. Eso de la proyección se me ha vuelto justamente un espejo. Y no me ha sido fácil aceptar que lo que me molesta de los otros es lo que no acepto de mí misma. Pero entiendo que tiene todo el sentido del mundo. Y vuelvo a ver en mis apuntes mentales y comprendo que aceptar mi lado oscuro es esencial para terminar con mi Yo dividido. Estoy en la búsqueda de la integración de mí Ser, de mi Conciencia.

Por eso estoy en la maestría, por eso medito, por eso trabajo, por eso canto, por eso escribo, por eso leo, por eso me angustio, por eso me tomo mis medicinas, por eso como sanamente, por eso atiendo a mi cuerpo que ahora es mi mejor amigo, el que me dice todo sobre mí misma.

Pero sigo perdida. Completamente perdida. No sé a dónde voy. Es la mera verdad. Cada día me despierto todavía con culpa y con angustia. No igual que antes, cuando me despertaba en una cama matrimonial al lado del hombre que algún día amé y que fue el centro de mi vida. Me despierto con esa angustia existencial de sentir que en verdad estoy dejando ir mis posibilidades sin exprimirme del todo. Creo que esta angustia de no ser perfecta es lo que me mantiene dividida internamente. No he aceptado todavía que soy Una.

Tengo que practicar más el amor a mí misma. Algún día leí que sólo se puede actuar desde dos posturas: desde el amor o desde el miedo. Y lo creo. Es como cuando Cristo dijo “estáis conmigo o estáis en mi contra”. Porque cuando yo actúo desde el miedo, estoy actuando de forma que daña a los demás y a mí misma. Cuando actúo desde el amor todo es para bien.

Aunque finalmente creo que todo es para bien, porque a veces no hay de otra más que actuar desde el miedo. Vaya, por ejemplo la histeria. Es justamente actuar desde el miedo. Actuar desde el amor sería una aceptación total, una asimilación. Así que la histeria sería una “solución” emprendida desde la base del miedo y no del amor.

Aunque la finalidad siempre es la misma: encontrar la felicidad, ir hacia el lugar donde me siento cómoda y feliz. Es triste que justamente una “solución” nos lleve a padecer un dolor por mucho tiempo, enquistado y adormecido.

Algo que me gustaría mucho mencionar sobre el libro de Guru es que justamente yo estaba viviendo una experiencia espiritual al acercarme a Siddha Yoga cuando leí este libro. En Siddha Yoga la Guru o maestra espiritual se llama Gurumayi Chidvilasananda, alguien de quien he leído algunos libros y su filosofía me ha maravillado. Sin embargo nunca me sentí identificada con ella como Guru. Es interesante porque esto ha sido lo que finalmente me hizo dejar ese camino espiritual para seguir en la búsqueda de otro que me llene. Algo que me fascinó de haber estado en contacto con la filosofía Siddha Yoga fue el haber tenido acceso a muchos libros y música, a la meditación y a las clases y cursos espirituales. A la convivencia con la comunidad, y sobre todo, al contacto conmigo misma. Y también el haber estado en contacto con Baba Muktananda. Él es un Guru que ya trascendió, así que físicamente nunca le conocí, pero lo conocí a través de sus libros y de la meditación. Algo que él menciona en uno de sus libros es que el camino espiritual de cada ser humano es único y no está limitado a nada ni a nadie, a ninguna religión o postura filosófica, a ninguna práctica espiritual. Uno hace lo que necesita para lograr encontrarse con la Verdad, su Ser Interior. Uno hace lo que tiene que hacer para despertar a la Conciencia. Así que finalmente yo considero a todo lo que he hecho en mi vida, mi camino espiritual.

Incluyendo, desde luego, la maestría y todo lo que ella conlleva. Yo quisiera que justamente el realizar esta maestría me lleve más cerca del despertar de mi conciencia. Porque si voy a ver al terapeuta como un Guru moderno, entonces tengo que verme a mí misma como una buscadora del despertar espiritual. Y despertar para poder ayudar a otros a despertar. Recorrer primero el camino para poder decirles a otros sobre cómo yo viví el camino. Sino es ser un ciego guiando a otros.

Así pues, hoy me levanto del lado derecho de mi cama, muchas veces no me quiero levantar. Casi siempre llego tarde a mi trabajo y sé que estoy falta de motivación en muchos aspectos de mi vida. Pero sé que esto es sólo un proceso. Estoy conciente de esto y soy responsable por ello. Sé que lo que quiera lograr en la vida, depende de mí. Que no puedo controlar nada, pero que no es necesario porque finalmente todo se acomoda según un plan más grande que todos nosotros. Digamos que ya no estoy angustiada. Tengo miedo, eso definitivamente, pero procuro actuar más desde el amor y por eso sigo impulsándome, sigo haciendo cosas por mí, para estar bien. Sé que siempre se puede estar mejor. Y cuando me duele algo, le pongo atención. Estoy buscando la pérdida del control y la ruptura de la máscara. Tengo mucho miedo a eso, pero sé que es como pasarme una pastilla. Todo está en orden para que ocurra y sólo debo alinearme con las circunstancias y dejar que fluya.

Quiero estar tan llena y completa que pueda ayudar a otros. Quiero poder estar al servicio de los demás, ser una vasija dispuesta a llenarse de amor para verterlo en los demás.

19 de junio de 2007 / ensayo integrador / Principios Filosóficos de la Terapia Gestatl / Maestría en Psicoterapia Gestalt / INTEGRO / por Sabinne

Bibliografía

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You can complain because roses have thorns. Or you can rejoice that thorns have roses.

- Ziggy

The secrets of positive people

Positive people tend to have many similar characteristics, such as respecting everyone’s contribution to a project and knowing during hard times that things will get better. They have the power to make that change happen, an understanding that their attitudes can directly affect outcomes, and a commitment to increasing positive thoughts and diminishing negative ones. Are you putting effort towards becoming a more positive person?
Avoid complaining when things are turning sour, realize that the negatives and the positives in life will level out, and take responsibility for your life and actions. You are the only person responsible for your attitude–and your life.

2 de marzo de 2008

Encontré esta cita en una Web Site que se llama SparkPeople, y esto me hizo reflexionar mucho en lo que alguien me dijo alguna vez….

Me dijeron que amándome a mí misma, me amarían los demás.

Lo creí y me dediqué a mejorar mi autoestima, a realizar proyectos y sueños, pero me di cuenta a altas horas de la noche que estaba sola y no había nadie con quien compartir lo que soy.

¿Qué faltó en la ecuación? Soy una mujer considerablemente hermosa (sin afán de ser ególatra), soy inteligente y talentosa, ¿qué hay de malo en mí?, ¿porqué no hay nadie que quiera estar conmigo en las buenas y en las malas?, ¿qué estoy haciendo mal?

Quizás no me he amado demasiado, quizás es mi autoestima, pero entonces que alguien me diga cómo funciona. ¿Hay algún código secreto que la gente lee cuando uno tiene baja autoestima?

O simplemente hay quienes nacieron para amar y hay quienes nacimos para estar solos y brillar como estrellas fugaces, sin compañía alguna, volando veloces por el universo, irradiando luz sin tener un punto de descanso.

Pensaba en eso y me di cuenta de que tiendo a malinterpretar a mi mente. Recordando el libro de la Comunicación no violenta (CNV), recordé que muchas veces puedo estarme comunicando violentamente conmigo misma, y creo que eso es lo que he estado haciendo últimamente, creyendo todo por el lado negativo de lo que mi mente bien intencionada me dice. Porque mi mente no es mi enemiga, ella quiere ayudar, pero muchas veces es sólo un mensaje que yo mal interpreto. Cuando mi mente me dice “tú no tienes eso”, no es para que yo empiece a envidiarlo, sino para que yo piense que si lo quiero lo puedo tener, existe y es hermoso, y si en verdad lo busco, lo puedo alcanzar.

Llegué a esta conclusión esta noche en que me sentía verdaderamente mal porque reflexionaba los fracasos amorosos que he tenido a lo largo de mi no tan larga vida. Lo mucho que deseaba que“esa fuera la real, la que dura y la que tiene todo para ser perfecta”, y una y otra vez resultaba que “yo no era suficiente” . Me sentía verdaderamente herida, al grado de no querer volver a enamorarme nunca más. Pues qué caso tendría si después de todo yo aun no había encontrado el gran defecto que poseo que hace que todos corran al momento de asomarse un poco más.

En realidad creo que todos tenemos miles de defectos y yo no creo poseer el que me prive de tener relaciones exitosas. Tampoco creo ser muy poca cosa. Por el contrario, creo que realmente soy una mujer excepcional. Quizás soy un gran reto para el sexo opuesto. Puede ser. Pero como Marshall dice en su libro de la CNV, realmente todos vamos en la vida con miedos, intentamos estar bien y seguros, nadie quiere realmente lastimar a los demás, yo sé que nunca he tenido la intención de lastimar a nadie, pero lo he hecho, muchas veces ignorándolo.

La conclusión a la que llego es que cada quien elige cómo vivir las circunstancias que la vida le presenta. Yo elijo vivir agradecida por todo lo que Dios me ha dado, seguir en la lucha por amarme más cada día, recordar a Dios todos los días, llevarlo en mi corazón y en mi mente, tratar de no sentir vergüenza por mis sentimientos, sino estar en contacto con ellos cada vez más, para conocerme más y amarme más. Si no estoy lista aun para amar, para entregarme, porque aun no he logrado perdonar, está bien. El perdón es algo en lo que puedo seguir trabajando hasta que pueda volver a amar sin miedo.

Y estar consciente de que nunca estoy sola, que Dios siempre está conmigo. Eso es algo que tiendo a olvidar con gran facilidad, así es que es un deporte que tengo que practicar más frecuentemente que las abdominales.

El problema no son mis relaciones, sino en lo que he puesto mi felicidad.

Me doy cuenta de que estoy poniendo mi felicidad en el hecho de ser amada o no, de ser admirada o no, de ir hacia afuera en vez de buscar en mi interior, de hacer muchas cosas, en vez de ser simplemente yo. Me doy cuenta…Pero de nada sirve que lo entienda, porque mi corazón sigue gritando por amor y por admiración, por aceptación, por todo eso que no he logrado tener por ser simplemente ser yo.

Señor, tú eres el único que me puede ayudar a encontrar el camino, eres el único que me puede guiar para encontrar la paz. Te pido, Señor, que me guíes.

Por ahora, Señor, te agradezco que me das este conocimiento. Te pido que siempre estés presente en mi mente, que te lleve siempre en mi corazón, me abandono en Ti. Tú eres quien todo lo contiene, eres capaz de lo “imposible”, tú me amas. Me entrego en tu voluntad por completo.

SB

De “El libro de las transformaciones”

El estado de las cosas no existe; es un instante que pasa y no se repite. Ni siquiera la memoria lo retiene, porque los recuerdos son cambiantes; se miran a través de la mente, en transformación, en constante sometimiento al tiempo y al vacío.

Los recuerdos no existen. Son formas de la bruma que no nos remiten a la realidad, sino al deseo.

Porque la realidad es tan subjetiva de manera kantiana, y tan ingrata de manera religiosa.

El estado natural de las cosas es intocable, inapreciable, inmarcesible. Nunca ha existido nada en completa y perfecta estática; de ahí la belleza: del sometimiento de las cosas al cambio. La mente se perfecciona con el tiempo.

Los pedazos del mundo que la mente retiene no alcanzan para completarlo; en algunos casos porque no podemos mantener los recuerdos completos y, por otro lado, está el hecho de no conocerlo todo.

La mente trabaja como una matriz tridimensional en la creación del recuerdo. Por un lado está el lugar, por otro el tiempo, y por un tercero, nuestra percepción, ubicada en el momento en que se vive y después revive: el encuentro con la realidad.

Para olvidar se necesita deshacer la realidad, nuestra realidad. Formar el recuerdo y después olvidarlo es un acto de compasión. Es una eutanasia de la vida.

Te poseo en el recuerdo; el recuerdo me posee. Nos despojamos del tiempo y nos reencontramos con la soledad de la memoria estrecha de la vejez. La vida se acaba así, en el olvido. Mas las marcas hechas en el alma nunca se borran. No recordar los adioses no nos exime de la tristeza que nos dejan, ni la felicidad que carga el alma equivale a recordar aquello que la provocó. El amor no es un recuerdo, sino una estancia en el tiempo, constante y electiva. No está sometido, porque es infinito como el alma. No se recuerda; se vive.

Desmembrar los instantes nos devuelve al átomo, a la energía que radica en el único vacío existente, indivisible y permanente. El olvido vive ahí; es un recuerdo que regresa al origen de las cosas, cuando aún no existían, cuando aún no explotaba el universo ni se transformaba en tiempo.

La intuición de la conciencia, su pecado original, florece al unirse el alma al átomo. Se mezcla lo eterno con lo efímero, y se crea la realidad. Los recuerdos sólo son un átomo perfecto que se presta al alma para vivirse en la materialidad.

Los recuerdos, se puede decir entonces, son átomos. Partículas indivisibles, intocables, invisibles. Nuestra mente los magnifica para que podamos mirarlos como en un telescopio que deforma la realidad por la distancia. Ellos, como las estrellas, pueden haberse extinguido hace mucho tiempo, pero su luz, aunque incompleta, nos sigue llegando.

Los recuerdos no sirven para nada, desde la perspectiva de la eternidad: son desechables; se usan en esta corta vida y se eliminan. El olvido es la acción de reciclar el tiempo que cabe en poca medida dentro de nuestra materialidad.

¿Acaso el hecho de no recordar borra el pasado? Debido a que el pasado no existe como materia en ningún lugar tangible, no se puede borrar. La que se queda grabada es la percepción del presente, para todos diferente. Olvidar consiste en eliminar aquello que se desea regrabar, aquello de lo que se guarda el anhelo de vivir otra vez a manera de segunda oportunidad.

Somos lo que recordamos, y elegimos disfrutar o sufrir un recuerdo, rebobinando el tiempo —lo cual nos revela nuestro poder más allá de este mundo—, y nos entregamos a la ficción, que es lo único que queda al final de una vida.

La belleza, en este proceso, es inmensurable, porque el alma se queda con la experiencia, sin la necesidad de guardar el recuerdo; ése no nos sirve: la energía que generó la realidad en su momento se queda para siempre con nosotros.

Así, la unión del alma al átomo funciona para generar energía, y los recuerdos son pequeños regalos de viaje (suvenires); el olvido es la manera que tiene el alma de cargar menos equipaje.

MB

29 noviembre 2006

Se mira que es lunes.

Se atropellan los miedos de oscura soledad

Que deja el agitado movimiento del final

De la semana

Agobio deja el descanso cuando acaba.

Ya me anda por el martes,

Lunes miro bajo el agua,

Me floto en el solitario medio acuoso del abandono;

Retiro a fuerzas;

Meditación obligada.

No me prenden los motores,

No me marcha la cabeza…

Mi cerebro ahogado de laberintos no explorados,

Miente cansancio;

Miente abrumo;

Miente aburrimiento;

Miento inconsistencia.

Contraluz de la mañana,

En la sombra contemplo el apagado

Medio día;

Ignoro muy adrede la humedad caliente del despertar de una semana.

No me pesa comenzar, como comenzar en soledad.

Ya nada es tan calmo como cuando miro hacia adentro;

Ahí remato horas y acumulo impuestos mentales
que no puedo pagar.

Ahí me recojo a sonreírle a mi reflejo,
a mi no-yo, que es más yo que YO.

Ahí hago dieta de amistades y conciencia.

Se mira que es lunes…

Divago en lo más peligroso:

Lunes, me lleva a la extracción en mi interior.

No le temo al trabajo;

Sólo a ser de fantasma

–Atrapado en duermevela–,

De quienes transitan

las primeras horas de la semana.

Minucz Vzeeím

25 julio 2005

Todos se han ido a su soledad, acompañados:

Se fue la mujer envuelta en la mañana,

El hombre enjuto en su perfume;

Con el sol y los pitidos, los gritos y el silbato.

Encontró tus ojos el infame amigo,

Y contigo se fueron las horas, el olvido.

A su casa sola y única

Se han ido,

Las ventanas y los techos, las columnas, los cerrojos.

Se fueron a sus tumbas los adoloridos huesos;

Los amigos compartidos con sus medios mundos

Se fueron alejando del sendero.

Y sólo, aquí, me quedo;

Ahorcado entre mis brazos apretados;

El silencio es uno, y está conmigo;

Allá a donde todos se han ido acompañados,

Se olvidaron de llevarse los dolores,

Las penas, los rosarios;

Las culpas, el goce y los sentidos.

Mínucz Vzeeím