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Así es, la independencia se gana una y otra vez. No basta con haber ganado una batalla, porque los seres humanos tendemos a depender de los demás. Es un círculo. Nacemos dependiendo por completo de nuestros padres, y eso nos agrada, es maravilloso. No tenemos que preocuparnos por absolutamente nada en la vida más que por hacerles ver cuáles son nuestras necesidades para que ellos las atiendan. Es un momento en el que nos sentimos completamente amados y atendidos, protegidos.
Cuando comenzamos a crecer y a descubrir que podemos hacer cosas por nosotros mismos, la ayuda nos comienza a estorbar, porque depender de otro implica aceptar las condiciones que éste nos imponga para hacerse cargo de nuestras necesidades.
Aunque por amor nuestros padres nos provean de todo lo que necesitamos, lo que también llegamos a necesitar es la libertad, unos padres amorosos lo saben y entienden que deberán ceder control poco a poco para que nosotros vayamos haciéndonos responsables de nosotros mismos. Sin embargo no todos los padres y madres del mundo comprenden esto y esperan mantener el cordón umbilical como un hilo de caña de pescar, soltándolo poco a poco sin dejar ir el otro extremo. Esto es muy normal, pero no es lo más sano. Sin embargo, esta postura de los padres no depende de los hijos, los hijos entonces tenemos que luchar por obtener la libertad que necesitamos para crecer y convertirnos en adultos responsables.

La independencia se vuelve una batalla constante. Avanzar y retroceder. No se trata de mantenerse en un desgaste constante, es simplemente un estira y afloja entre nuestros padres (o figuras paternas) y nosotros. Aquel que elige quedarse en la dependencia, intenta no crecer. Es como un Peter Pan, el niño eterno que se queda en el mundo de fantasía.
Ser adulto puede implicar tomar las cosas con más seriedad, pero no por ello implica dejar de disfrutar la vida. Por el contrario, es justamente la libertad la que nos anima a luchar por ella, es la libertad de tomar nuestras propias elecciones, de hacer lo que soñamos realidad, lo que nos anima a luchar por la independencia. Pero es también muy sabido que con una gran libertad, viene una gran responsabilidad.
Para saberse adulto, uno toma completa responsabilidad de los actos y decisiones tomadas. Los errores sólo son errores cuando no se aceptan y se aprende de ellos, de otra forma yo sólo podría llamarlos aprendizaje.

Sin embargo, la independencia se gana en batallas individuales. Nadie puede ganar la independencia por los demás. Justamente porque la independencia se asimila a través de las batallas. Cuando uno mismo es responsable de haberla obtenido, es cuando uno la asimila, uno la comprende, la valora y está dispuesto a morir por ella. La independencia de la que hablo no tiene nada que ver con la libertad del cuerpo ni con el libertinaje; tiene que ver con la consciencia de uno mismo. Con el estar en un continuo de aquí y ahora, es decir, estar conciente de uno mismo, de los sentimientos que uno puede percibir a través del cuerpo en el momento presente. Con conocer el estado emocional en el que me encuentro hoy y no evitarlo ni evadirlo porque “otros” me enseñaron que eso no debía de ser así, porque hay sentimientos que no son buenos, etc. Es aceptar que soy capaz de sentir lo que estoy sintiendo sin juzgarme, contactar con esas emociones y llegar a aquello que me las provoca para lidiar con algunos fantasmas interiores o con huellas emocionales del pasado.

Es decir, la independencia es un sinónimo de madurez, esa madurez que no tiene tanto que ver con la edad sino con las batallas realizadas y la manera de haberlas librado; con haber enfrentado situaciones y crisis que me daban la opción de crecer y avanzar o de aferrarme y retroceder, porque estar en el mismo lugar es imposible.

No se puede declarar la independencia por completo, al menos yo aun no he llegado a vivir tal situación, por lo que no puedo afirmar que sea posible; lo que sí puedo afirmar es que la independencia está en el intento. En no descansar y siempre buscar crecer. Es un proceso que evoluciona en varios niveles como una espiral. Una espiral de decisiones que nos llevan a diferentes situaciones a enfrentar. La vida consiste en aprender a disfrutar de la batalla. El que espera que la vida sea un estado de quietud se engaña a sí mismo. Todo está en constante movimiento, querer aferrarse a un estado fijo es perder el tiempo y dejar de vivir. Vivir implica adaptarse al cambio. Y no sólo adaptarse, sino buscarlo. Buscarlo cuando sabemos que las cosas ya no son lo que buscábamos en un principio. Es buscar el cambio cuando todo se ha estancado, porque el que no avanza retrocede. Y en esta batalla no vinimos a sufrir, vinimos a vivir toda la gama de emociones que podemos experimentar. Por eso existe tanto el dolor como el placer, tanto el odio como el amor. La dualidad del Ying y el Yang implica movimiento, ese movimiento es lo que permite el equilibrio entre los contrapuestos. Querer permanecer en un sólo lado del círculo es romper el equilibrio y es acumular energía donde no se necesita. Para avanzar hay que hacer uso de la energía, muchas veces, de la fuerza, no con violencia, sino con agresividad.
Y así, la independencia sigue siendo una batalla en movimiento en donde la creatividad es una herramienta indispensable. La creatividad es una herramienta poderosa. Los seres humanos creamos las herramientas y las convertimos en armas. No es el caso en la batalla por la independencia, las armas no son necesarias, porque en la batalla por la independencia no venimos a destruir, sino a construir. Vinimos a sumar, no a restar. Sumar experiencias, aprendizaje. Cuando soltamos no estamos perdiendo, sino ganando. Esa es la mejor transacción que podemos hacer en la vida. Dejar ir para ganar, no para perder. Pierde más aquel que se aferra a algo que ya no le pertenece, que de hecho nunca le perteneció. Porqué, simplemente porque la vida nos da todo lo que necesitamos, pero no nos da lo que no le pedimos y ciertamente, aquel que está ocupado invirtiendo sus fuerzas en aferrarse y no soltar lo que ya no le sirve, no se toma el tiempo y el esfuerzo en pedir aquello que sí le serviría para avanzar.
Esta es la ley de la evolución, no evoluciona el más fuerte, sino el que mejor se adapta al cambio. No se trata de ver quién acumula más cosas, sino quién carga menos equipaje para seguir adelante.
No se trata de ver quién tiene más seres queridos, sino de quién da más amor.
No se trata de ver quién tiene más éxito, sino de quién ama más lo que tiene y con ello es feliz.
En suma, la independencia se gana una y otra vez cuando aceptamos que para ganarla, hay que perder el ego, y el ego es una parte muy engañosa, tiene formas inimaginables de hacernos creer que somos los seres más evolucionados del planeta, hasta del universo. Nos permite creernos los más inteligentes, los más sabios, los más parecidos a Dios. Incluso llegamos a creer que Dios necesita de nosotros para existir. La realidad es que sólo conocemos lo que percibimos a través de nuestros sentidos, pero nadie puede afirmar que aquello que no podemos ver o tocar no existe.
En conclusión, sólo divagaba porque comenzaba a sentirme más independiente, pero a mí me gusta de pronto ser un abogado del diablo para no perder de vista el objetivo.

Sabinne

Todo se ve más oscuro de lo que realmente es cuando entramos en crisis. Generalmente vienen a terapia las personas cuando están en crisis. ¿Qué es estar en crisis? La crisis  es entrar en un estado de limbo entre un cambio inminente y un aferrarse a la zona de confort a la que estábamos acostumbrados. Es el impase, ese lugar que yo llamaría purgatorio emocional, porque se está ahí para ir al cielo o al infierno. Al menos eso creemos cuando estamos en una fuerte crisis. Y sin embargo, las crisis son positivas y necesarias para crecer y aprender. El crecimiento duele, para crecer hemos de atravesar por muchas crisis diferentes y de diferente magnitud. Un niño entra en crisis cuando tiene que aprender a caminar, por ejemplo. Tiene que soltarse en algún momento, con todo y miedo, para dar sus primeros pasos, pero una vez que pasa la crisis, el niño aprendió a caminar y se siente más seguro.  Y así son todas las crisis en la vida.

Además de que las crisis nos mueven de la zona de confort y nos llevan a buscar el cambio, también nos impulsan a usar la creatividad para poder pasarlas. Es importante que cuando entremos en crisis tengamos eso en cuenta. 

Cuando estamos frente a una disyuntiva, por ejemplo un cambio de empleo, podemos vivir esa crisis como una aventura excitante o como un doloroso cambio, y eso tiene mucho que ver con nuestra flexibilidad y capacidad de adaptación al cambio, pero también tocamos nuestro temor a lo nuevo. Cómo vivir ese cambio depende por completo de cada quien. 

No podemos controlar los cambios en nuestra vida, realmente no tenemos el control de casi nada, lo único sobre lo que tenemos poder es sobre nuestra actitud frente a las circunstancias de la vida, frente al dolor del cambio. De cada uno el tomar cada crisis como un paso doloroso de la vida, o como una oportunidad para aprender y crecer.

Las crisis, como decía, aceleran la creatividad. Sobre todo porque entramos en una dinámica de incomodidad, de falta de estabilidad, y lo que apremia a nuestra psique, es encontrar nuevamente el equilibrio. Esto roba por completo nuestra atención; mucha gente pierde peso durante una crisis porque todos sus recursos están enfocados en salir adelante de esa crisis, a veces hasta las necesidad básicas pasan a segundo término, ya que en primer plano, lo que nos hace figura, es la necesidad de movernos para salir de la crisis y volver al estado de equilibrio.

Las crisis son oportunidades de superar las huellas emocionales y los defectos de carácter, pues es durante ellas que descubrimos nuestras fortalezas y también nuestras debilidades. Una crisis puede significar la culminación de varios ciclos no concluidos que, al llegar en el momento preciso en el que estamos listos para aprender y crecer, podemos superar y cerrar, y pasar a lo que sigue. Es decir, podemos seguir adelante más maduros.

No existe tal cosa como escapar de las crisis, el que dedica sus recurso a evitar las crisis en lugar de vivirlas, descubrirse a sí mismos mediante ellas, y experimentar con diferentes herramientas emocionales, sólo se engaña a sí mismo, ya que todo aquello que no logramos superar en una crisis, volverá a presentarse nuevamente, hasta que tomemos la decisión de aprender. 

Algo importante sobre las crisis es que estas son oportunidades de cambio y avance, de experimentar para auto conocerse, y lo más importante es que son como picos o puntos de una línea. Es decir que duran realmente muy poco en comparación con lo que duran los estados de equilibrio. Cuando entramos en crisis probablemente no veamos lo poco que duran, porque mientras estamos en estado de crisis todo parece mucho más doloroso y prolongado de lo que es, las crisis son sólo picos en la gráfica, duran muy brevemente pero nos permiten conocer los extremos a los que podemos llegar y atravesar en la vida. Más vale aprovechar las crisis para crecer y aprender, a revivirlas más tarde de una manera mucho más dolorosa. Es decir, quien es flexible ante la tormenta, como una palmera, no se quiebra; quien es rígido frente a la tormenta como un árbol, muy probablemente se quebrará.

Sabinne

“No hay mal que no se pueda curar con suficiente amor. Ninguna puerta que no se abra con suficiente amor. Ningún golfo que no pueda ser atravesado con suficiente amor. No hay muro que suficiente amor no pueda derribar, ni pecado que suficiente amor no pueda redimir. No hay diferencia en cuán profundamente asentada pueda estar la dificultad, qué tan desesperada sea la perspectiva o cuán embrollada parezca la confusión. Tampoco importa cuán grande sea el error. Una suficiente realización de amor lo disolverá todo. Y si pudieras amar lo suficiente, serías la persona más feliz y más poderosa del mundo.”

- Emmet Fox

Esta maravillosa cita de Emmet Fox la encontré en un libro de Louis Hay, llamado “El poder está dentro de ti”, si mal no recuerdo. Lo que recuerdo claramente era que en ese momento de mi vida, hará aproximadamente cuatro años, yo estaba pasando la dura crisis de una separación de la relación de pareja más importante que había tenido en mi vida. Estaba confundida, muy perdida pensando que si aquel a quien yo había amado tanto no era capaz de amarme de regreso, se debía a que yo no tenía lo necesario para que alguien me amara. Entonces di con varios libros, porque he de confesar que soy una persona que cuando tengo una problema, busco ayuda en mis amigos, y los libros son para mí los amigos más honestos y maravillosos, nunca me van a decir mentiras para hacerme sentir mejor, por el contrario, siempre me dicen la verdad pues no buscan quedar bien conmigo ni tampoco sienten piedad por los lectores.

En ese momento de mi vida padecía de muchísimo miedo, de pánico, y obviamente, de baja autoestima. Sintiendo todo esto, llegué al motor de búsqueda de la biblioteca e introduje mi palabra clave más presente en mi mente en ese momento “miedo” y los resultados arrojaron fueron muchos. Uno de los libros que apareció fue el de “Aunque tenga miedo, hágalo igual”, de Susan Jeffers, libro que recomiendo tremendamente para todo mundo, tenga miedo o no. Además todos tenemos miedo en algún momento de la vida, este libro deja mucha luz sobre cómo vivir el miedo. Otro libro que arrojó esta búsqueda, fue este de Louis Hay que menciono, un libro increíble que también me dio mucha luz para aprender a amarme a mí misma.

La cita que he colocado al inicio de Emmet Fox me conmovió tremendamente en ese momento de mi vida, pues toda mi perspectiva tanto del futuro, el presente y de mí misma, era completamente oscura, como todo lo que escribía entonces, poemas muy negros, oscuros, de pánico y dolor, o bien, cuentos de humor negro, de horror.

Las crisis nos fortalecen cuando las pasamos con amor. Las crisis que vivimos con miedo generalmente las contamos con dolor, nos acordamos con dolor, y si no aprendemos nada de ellas, no avanzamos y tendemos a repetirlas en el futuro.

Cuando encuentro en estas palabras de Emmet Fox que el amor es la clave de todo, hasta del poder y de la felicidad, entonces me queda claro que bastará con aprender a amarme. El amor es la clave de todo y es triste que muchas personas cuando encuentran en la literatura la palabra “amor”, creen que el texto es basura. Es triste que inclusive en nuestros lugares de trabajo no se puede mandar un mail en el que la palabra “amor” esté escrita, ya sea porque te toman por acosador, por tonto, por débil, o por ignorante.

Entonces encuentro que debo hablar sin usar la palabra vital. Me siento como un poeta intentando encontrarle un título al poema que resume la felicidad de vivir, porque uno sabe, como buen poeta, que un poema que en el título menciona la palabra central del poema, es un mal poema. 

Es un reto, entonces, hablar, sentir, vivir y expresar el amor sin usar la palabra amor. Mi hermano mayor, quien falleció hace dos años, tenía una sabiduría de vida y una sabiduría urbana como ninguno de mis otros hermanos incluyéndome a mí misma, y él no tenía reparo de hablar del amor. Me he dado cuenta de que en muchas situaciones de frustración cuando quiero encontrar una frase o una idea que me haga pensar un poco más positivamente, siempre me viene algún dicho que él solía decir (incluyendo su representación histriónica). 

En verdad creo que el amor derriba cualquier muro y endereza cualquier embrollo. El amor perdona… pero no el amor al prójimo, sino el amor a uno mismo. Yo no puedo lavarme el cerebro y autoconvencerme de que puedo amar al jefe abusivo o al vecino intolerante, así nada más porque sí… pero si pienso en amarme a mí misma, entonces me ocupo de mis emociones, me ocupo de lo que realmente me hace sentir bien y feliz… y el autocompadecerme, el lastimar a otros, el quejarme por todo, son acciones que no me hacen feliz, son acciones que parten del miedo y no del amor.

En fin, esta cita me ha dado mucha luz en la vida. Cuando estaba separándome y pensaba que nadie me iba a querer otra vez, me di cuenta de que el amor es inagotable y hay una fuente que nunca acaba y no proviene de las otras personas, proviene de mi interior. Yo soy capaz de amarme y de amar a quien me plazca. Lo más hermoso también ha sido reconocer que el amor de los demás hacia a mí no depende en absoluto de mí, sino de cada uno de ellos. Ahora entiendo porqué la canción dice “Love me or leave me”, es lo más honesto y congruente que he encontrado el pop en inglés y estoy aprendiendo  a tomarlo como filosofía de vida. Desde luego, lo más bello y energético que he encontrado en tomar esto como filosofía, es el hacerme responsable de mí misma, pues sabiendo que quien soy yo y las decisiones que tomo, me las debo todas a mí, entonces cuando alguien elige amarme en vez de irse, es porque ama todo aquello de lo que sé que sí soy responsable.  Es liberador, muy liberador, vivir de esta manera.

Sabinne