por Mónica Barrón
Publicado en Informatec Marzo 2008
“El que tiene oídos, que escuche”
JC
Otra vez estoy enojada al volante, el mundo va a la ofensiva como si fueran los únicos con prisa, nadie sabe –ni tiene por qué saber—que yo soy quien más prisa tiene, y ya se me metió uno con tal descaro, ¿qué pasa con el mundo, con Querétaro que solía ser una ciudad tranquila y sin hora pico? Aquí voy toda enfurruñada, pensando en lo que tendrán en sus cabezas todos esos conductores que como yo la estamos pasando terrible, haciendo coraje y metiéndonos a la brava porque sino no, nos dejan pasar.
Hace tiempo leí el libro “La comunicación no violenta” de Marshall Rosenberg, reconocido pacifista de conflictos internacionales. El libro me encantó porque presentaba herramientas para comunicarse efectivamente, sin sufrir y sin hacer sufrir al otro. Yo como LCC estoy conciente de que la comunicación es una herramienta usada para todo. En TODO momento comunicamos, queramos o no. Me di cuenta mientras estaba fúrica al volante de que estaba experimentando el tipo de comunicación que aleja de la vida, leía las acciones de todos los demás con juicios tales como “ese es un inconciente, ¿qué no sabe que habemos más personas en el mundo?, esa mujer de plano no sabe manejar”… me di cuenta que tal como lo había leído en el libro, cuando yo me aproximo a los otros con juicios en vez de observar sin evaluar, comienzo a sufrir.
Rosenberg utiliza el Modelo de la Comunicación No Violenta (CNV) para establecer una comunicación sana tanto en situaciones extremas de conflictos internacionales como en conflictos entre alumnos y maestros en escuelas públicas de barrios poco favorecidos en los Estados Unidos.
A todos nos gustaría ser escuchados con compasión, que el otro comprenda mi situación, lo que estoy viviendo, que comprenda mis necesidades. Que todos esos conductores rabiosos piensen en el hambre que tengo y la prisa por llegar a casa a preparar mi maleta para el gimnasio, que escuchen (o adivinen) que he trabajado toda la mañana y me merezco llegar pronto a casa. Todos buscamos establecer una comunicación desde la compasión, pero simplemente no estamos preparados para ello, al menos en occidente, donde estar en contacto con las emociones no es una acción que se fomente culturalmente.
Cuando utilizamos la CNV nos es más fácil entrar en contacto con nosotros mismos y con los demás, podemos tomar conciencia de nuestras necesidades, observamos y nos permitimos dejar a nuestros sentimientos aflorar, y partiendo de aquí podemos expresarle a los demás aquello que necesitamos de ellos para enriquecer nuestras vidas y las suyas. Cuando escuchamos con atención, respeto y empatía, el otro se contagia del deseo de dar desde el corazón. Podemos utilizar las herramientas de la CNV para tener una mejor comprensión de nosotros mismos, para relacionarnos más profundamente con nuestra pareja, amigos y familiares, para tener relaciones laborales más efectivas, y si funciona para resolver conflictos internacionales, ¿qué no hará por nuestros conflictos familiares?
La comunicación que nos aleja de la vida se caracteriza por que al comunicarnos centramos nuestra atención en clasificar, analizar y encontrar errores, más que en lo que necesitamos y no conseguimos. Por ejemplo, si mi pareja me pide más cariño, puedo pensar que se debe a que él es “dependiente”, pero si soy yo la que necesito más cariño de su parte, puedo pensar en que él es un “desconsiderado e insensible”, cuando estos son sólo juicios que no apoyan la relación. Otra actitud que caracteriza a la comunicación que aleja de la vida es hacer comparaciones. Compararme con los demás sólo me hace desdichado y me aleja por completo de la posibilidad de sentir compasión por los demás y por mí mismo, y otro tanto hacen las generalizaciones, pues son una manera violenta de comunicarnos, el decir “toda la gente hace esto”, o “siempre vienes con esa actitud”, puede sonar más como un ataque en vez de expresar lo que sentimos, por ejemplo “he notado que las últimas veces que nos hemos encontrado cuando hablo contigo cambias el tema de la conversación y eso me lastima”.
Negar la responsabilidad en lo que pensamos, sentimos y hacemos también es una actitud que nos impide comunicarnos desde la compasión, decir “tengo que”, o “me haces enojar”, son frases que nos confunden, al pensar en esto nos damos cuenta que es nuestra elección hacer o no hacer las cosas, y mis sentimientos son mi responsabilidad, no están bajo el poder de los demás. Expresar mis deseos en forma de exigencia también es una actitud que dificulta la comunicación no violenta, pero en cuanto nos ponemos en contacto con nuestros sentimientos y necesidades, dejamos de ser esclavos y descubrimos que tenemos el poder de tomar la decisión de ser compasivos, tomamos la responsabilidad, nos permitimos expresar nuestros deseos sin sentir miedo.
Decía J. Krishnamurti que observar sin evaluar constituye la forma suprema de la inteligencia humana, a muchos nos cuesta hacer observaciones de la gente y de su conducta sin juicios ni críticas. Hacer inferencias sobre lo que alguien piensa no es lo mismo que observar su conducta. Por ello, aquí están algunos puntos que podemos tomar en cuenta al momento de comunicarnos para lograr una comunicación efectiva, profunda y humana, según Marshall Rosenberg:
1. Observar sin evaluar
2. Expresar lo que sentimos. Busquemos no orientarnos hacia lo que los demás quieren que yo piense o haga, sino estar en contacto con nosotros mismos.
3. Distinguir entre lo que siento y lo que pienso o creo, ya que el lenguaje suele dar pie a confusiones, si digo “siento que eres listo”, realmente no lo siento, lo pienso. Puedo expresar “al notar que me escuchas con atención y me das consejos que me han servido, pienso que eres listo y me siento comprendida”
Así es que para la próxima que esté al volante, trataré de observar sin evaluar a los demás conductores, seguramente comprenderé que hace calor, es la hora de la comida y hace hambre; cuando yo cedo el paso puedo ver una sonrisa en el otro en vez de su cara tensa y su mirada dura, y cuando alguien me da el paso a mí, me puedo sentir comprendida y escuchada.
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mb