25 julio 2005
Todos se han ido a su soledad, acompañados:
Se fue la mujer envuelta en la mañana,
El hombre enjuto en su perfume;
Con el sol y los pitidos, los gritos y el silbato.
Encontró tus ojos el infame amigo,
Y contigo se fueron las horas, el olvido.
A su casa sola y única
Se han ido,
Las ventanas y los techos, las columnas, los cerrojos.
Se fueron a sus tumbas los adoloridos huesos;
Los amigos compartidos con sus medios mundos
Se fueron alejando del sendero.
Y sólo, aquí, me quedo;
Ahorcado entre mis brazos apretados;
El silencio es uno, y está conmigo;
Allá a donde todos se han ido acompañados,
Se olvidaron de llevarse los dolores,
Las penas, los rosarios;
Las culpas, el goce y los sentidos.
Mínucz Vzeeím