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Así es, la independencia se gana una y otra vez. No basta con haber ganado una batalla, porque los seres humanos tendemos a depender de los demás. Es un círculo. Nacemos dependiendo por completo de nuestros padres, y eso nos agrada, es maravilloso. No tenemos que preocuparnos por absolutamente nada en la vida más que por hacerles ver cuáles son nuestras necesidades para que ellos las atiendan. Es un momento en el que nos sentimos completamente amados y atendidos, protegidos.
Cuando comenzamos a crecer y a descubrir que podemos hacer cosas por nosotros mismos, la ayuda nos comienza a estorbar, porque depender de otro implica aceptar las condiciones que éste nos imponga para hacerse cargo de nuestras necesidades.
Aunque por amor nuestros padres nos provean de todo lo que necesitamos, lo que también llegamos a necesitar es la libertad, unos padres amorosos lo saben y entienden que deberán ceder control poco a poco para que nosotros vayamos haciéndonos responsables de nosotros mismos. Sin embargo no todos los padres y madres del mundo comprenden esto y esperan mantener el cordón umbilical como un hilo de caña de pescar, soltándolo poco a poco sin dejar ir el otro extremo. Esto es muy normal, pero no es lo más sano. Sin embargo, esta postura de los padres no depende de los hijos, los hijos entonces tenemos que luchar por obtener la libertad que necesitamos para crecer y convertirnos en adultos responsables.

La independencia se vuelve una batalla constante. Avanzar y retroceder. No se trata de mantenerse en un desgaste constante, es simplemente un estira y afloja entre nuestros padres (o figuras paternas) y nosotros. Aquel que elige quedarse en la dependencia, intenta no crecer. Es como un Peter Pan, el niño eterno que se queda en el mundo de fantasía.
Ser adulto puede implicar tomar las cosas con más seriedad, pero no por ello implica dejar de disfrutar la vida. Por el contrario, es justamente la libertad la que nos anima a luchar por ella, es la libertad de tomar nuestras propias elecciones, de hacer lo que soñamos realidad, lo que nos anima a luchar por la independencia. Pero es también muy sabido que con una gran libertad, viene una gran responsabilidad.
Para saberse adulto, uno toma completa responsabilidad de los actos y decisiones tomadas. Los errores sólo son errores cuando no se aceptan y se aprende de ellos, de otra forma yo sólo podría llamarlos aprendizaje.

Sin embargo, la independencia se gana en batallas individuales. Nadie puede ganar la independencia por los demás. Justamente porque la independencia se asimila a través de las batallas. Cuando uno mismo es responsable de haberla obtenido, es cuando uno la asimila, uno la comprende, la valora y está dispuesto a morir por ella. La independencia de la que hablo no tiene nada que ver con la libertad del cuerpo ni con el libertinaje; tiene que ver con la consciencia de uno mismo. Con el estar en un continuo de aquí y ahora, es decir, estar conciente de uno mismo, de los sentimientos que uno puede percibir a través del cuerpo en el momento presente. Con conocer el estado emocional en el que me encuentro hoy y no evitarlo ni evadirlo porque “otros” me enseñaron que eso no debía de ser así, porque hay sentimientos que no son buenos, etc. Es aceptar que soy capaz de sentir lo que estoy sintiendo sin juzgarme, contactar con esas emociones y llegar a aquello que me las provoca para lidiar con algunos fantasmas interiores o con huellas emocionales del pasado.

Es decir, la independencia es un sinónimo de madurez, esa madurez que no tiene tanto que ver con la edad sino con las batallas realizadas y la manera de haberlas librado; con haber enfrentado situaciones y crisis que me daban la opción de crecer y avanzar o de aferrarme y retroceder, porque estar en el mismo lugar es imposible.

No se puede declarar la independencia por completo, al menos yo aun no he llegado a vivir tal situación, por lo que no puedo afirmar que sea posible; lo que sí puedo afirmar es que la independencia está en el intento. En no descansar y siempre buscar crecer. Es un proceso que evoluciona en varios niveles como una espiral. Una espiral de decisiones que nos llevan a diferentes situaciones a enfrentar. La vida consiste en aprender a disfrutar de la batalla. El que espera que la vida sea un estado de quietud se engaña a sí mismo. Todo está en constante movimiento, querer aferrarse a un estado fijo es perder el tiempo y dejar de vivir. Vivir implica adaptarse al cambio. Y no sólo adaptarse, sino buscarlo. Buscarlo cuando sabemos que las cosas ya no son lo que buscábamos en un principio. Es buscar el cambio cuando todo se ha estancado, porque el que no avanza retrocede. Y en esta batalla no vinimos a sufrir, vinimos a vivir toda la gama de emociones que podemos experimentar. Por eso existe tanto el dolor como el placer, tanto el odio como el amor. La dualidad del Ying y el Yang implica movimiento, ese movimiento es lo que permite el equilibrio entre los contrapuestos. Querer permanecer en un sólo lado del círculo es romper el equilibrio y es acumular energía donde no se necesita. Para avanzar hay que hacer uso de la energía, muchas veces, de la fuerza, no con violencia, sino con agresividad.
Y así, la independencia sigue siendo una batalla en movimiento en donde la creatividad es una herramienta indispensable. La creatividad es una herramienta poderosa. Los seres humanos creamos las herramientas y las convertimos en armas. No es el caso en la batalla por la independencia, las armas no son necesarias, porque en la batalla por la independencia no venimos a destruir, sino a construir. Vinimos a sumar, no a restar. Sumar experiencias, aprendizaje. Cuando soltamos no estamos perdiendo, sino ganando. Esa es la mejor transacción que podemos hacer en la vida. Dejar ir para ganar, no para perder. Pierde más aquel que se aferra a algo que ya no le pertenece, que de hecho nunca le perteneció. Porqué, simplemente porque la vida nos da todo lo que necesitamos, pero no nos da lo que no le pedimos y ciertamente, aquel que está ocupado invirtiendo sus fuerzas en aferrarse y no soltar lo que ya no le sirve, no se toma el tiempo y el esfuerzo en pedir aquello que sí le serviría para avanzar.
Esta es la ley de la evolución, no evoluciona el más fuerte, sino el que mejor se adapta al cambio. No se trata de ver quién acumula más cosas, sino quién carga menos equipaje para seguir adelante.
No se trata de ver quién tiene más seres queridos, sino de quién da más amor.
No se trata de ver quién tiene más éxito, sino de quién ama más lo que tiene y con ello es feliz.
En suma, la independencia se gana una y otra vez cuando aceptamos que para ganarla, hay que perder el ego, y el ego es una parte muy engañosa, tiene formas inimaginables de hacernos creer que somos los seres más evolucionados del planeta, hasta del universo. Nos permite creernos los más inteligentes, los más sabios, los más parecidos a Dios. Incluso llegamos a creer que Dios necesita de nosotros para existir. La realidad es que sólo conocemos lo que percibimos a través de nuestros sentidos, pero nadie puede afirmar que aquello que no podemos ver o tocar no existe.
En conclusión, sólo divagaba porque comenzaba a sentirme más independiente, pero a mí me gusta de pronto ser un abogado del diablo para no perder de vista el objetivo.

Sabinne

Esta semana me pasó algo impresionante. Me reencontré con un viejo amigo de la prepa y lo que este encuentro me regaló cambió mi vida para siempre.

Mi proceso está en un punto de atore, actualmente. Al menos en eso estaba. Ya llevaba varios meses consciente y con culpa existencial…. pensando que estaba preparándome para ser terapeuta y resulta que algo no me permitía fluir. ¿cómo me daba cuena de esto? Pues porque hay miles de sueños y planes que no me he ocupado en realizar y más bien, me he ocupado en intentar mantener todo en el estado actual, es decir…. me estaba oponiendo al cambio con todas mis fuerzas, aunque yo no había contactado con la magnitud de esta actitud.

Mucho me habían reflejado mis compañeros del grupo colchón y todos los maestros-terapeutas con los que hemos trabajado en grupo en la maestría. Coincidentemente todos me reflejaban lo mismo (sin que entre ellos se conocieran), pero yo, como buena neurótica, he sido la última en poder ver lo obvio.

Pero resulta que por azares del destino, o más bien, por un plan mayor que mi capacidad para poderlo visualizar, viví este maravilloso reencuentro.

Hacía 14 años que no lo veía y realmente nunca nos llevamos mucho en aquellos años en que convivimos en la misma generación de la escuela, así es que verlo ahora fue realmente como conocerlo por primera vez, o como él me dijo, conocerlo con otros ojos, con los ojos de las dos personas, bien distintas, que hoy somos.

Y fue con sus ojos nuevos que el reflejo me llegó con claridad. Toda la gente que me estima a mi alrededor me habían dicho que estaba atorada, quizás me dijeron en qué… pero no podía verlo, estaba viciada. Los ojos nuevos de un amigo que estuvo en el lugar y momento correctos, me dieron la luz que necesitaba para ver en qué estaba atorada. En qué sencilla y lógica situación me encontraba atrapada. Un juego de mi propia conciencia. Una trampa de mis miedos y de mi naturaleza de aferrarme a lo que “funciona”, o más bien, a lo que “funcionaba”, porque ese verbo cambia con el tiempo, y lo que hoy funciona, mañana ya no funcioanrá.

Descubrí que mi atore estaba en el miedo al cambio. Y lo más hermoso fue la confianza que él me inyectó en mis propios sueños y en mí misma. El verlo a él, tan realizado, con tantos sueños vividos y los que tiene por vivir, y el que me compartiera su filosofía de “todo lo que te propones va a pasar, sólo es cuestión de tiempo”, me hicieron darme cuenta de la gran autocompasión en la que estaba inmersa y que no me estaba dejando fluir. El yo elegir lo aparentemente “seguro”, sobre la exitación de lo “inseguro y desconocido” me hicieron darme cuenta de que adoro el cambio y de que lo que me llena de energía es vivir, es derrochar energía en vez de estar viviendo en el “modo de ahorro de energía”.

Me di cuenta de que hasta para caminar trataba de ahorrar la mayor cantidad de energía posible. ¡aberrante!, ¡alucinante!, justamente ese “querer acumular” energía era lo que estaba haciendo que yo no me dejara fluir, no le estaba permitiendo a toda esa energía el simplemente darme lo necesario para vivir, para actuar, más bien estaba impidiéndole el paso de mi propia renovación, acumulándola en mi cuerpo, obviamente, sumando peso y cansancio.

No digo que de hoy para mañana voy a realizar todos los cambios que ahora se me abren como un mar inmenso, porque también la experiencia me ha enseñado que para lograr lo que me propongo, debo hacer una cosa a la vez.

Hoy elijo vivir en el modo de “derroche de energía”, todo con entusiasmo, con fuerza, con convicción, porque esa es la persona que quiero ser, que soy.

Y bueno, ahora a la acción. Seguir en este proceso es maravilloso visto desde aquí, con un reto por delante, con la exitación de un futuro incierto, un lugar nuevo para vivir, nuevos amigos, nuevos pacientes, nuevos maestros, nuevos alumnos, nueva vida. Y amor, mucho amor que ahora se abre paso en este fluir de la energía de la que hoy me doy permiso, porque nunca se acaba, la fuente es infinita.

SB

“No hay mal que no se pueda curar con suficiente amor. Ninguna puerta que no se abra con suficiente amor. Ningún golfo que no pueda ser atravesado con suficiente amor. No hay muro que suficiente amor no pueda derribar, ni pecado que suficiente amor no pueda redimir. No hay diferencia en cuán profundamente asentada pueda estar la dificultad, qué tan desesperada sea la perspectiva o cuán embrollada parezca la confusión. Tampoco importa cuán grande sea el error. Una suficiente realización de amor lo disolverá todo. Y si pudieras amar lo suficiente, serías la persona más feliz y más poderosa del mundo.”

- Emmet Fox

Esta maravillosa cita de Emmet Fox la encontré en un libro de Louis Hay, llamado “El poder está dentro de ti”, si mal no recuerdo. Lo que recuerdo claramente era que en ese momento de mi vida, hará aproximadamente cuatro años, yo estaba pasando la dura crisis de una separación de la relación de pareja más importante que había tenido en mi vida. Estaba confundida, muy perdida pensando que si aquel a quien yo había amado tanto no era capaz de amarme de regreso, se debía a que yo no tenía lo necesario para que alguien me amara. Entonces di con varios libros, porque he de confesar que soy una persona que cuando tengo una problema, busco ayuda en mis amigos, y los libros son para mí los amigos más honestos y maravillosos, nunca me van a decir mentiras para hacerme sentir mejor, por el contrario, siempre me dicen la verdad pues no buscan quedar bien conmigo ni tampoco sienten piedad por los lectores.

En ese momento de mi vida padecía de muchísimo miedo, de pánico, y obviamente, de baja autoestima. Sintiendo todo esto, llegué al motor de búsqueda de la biblioteca e introduje mi palabra clave más presente en mi mente en ese momento “miedo” y los resultados arrojaron fueron muchos. Uno de los libros que apareció fue el de “Aunque tenga miedo, hágalo igual”, de Susan Jeffers, libro que recomiendo tremendamente para todo mundo, tenga miedo o no. Además todos tenemos miedo en algún momento de la vida, este libro deja mucha luz sobre cómo vivir el miedo. Otro libro que arrojó esta búsqueda, fue este de Louis Hay que menciono, un libro increíble que también me dio mucha luz para aprender a amarme a mí misma.

La cita que he colocado al inicio de Emmet Fox me conmovió tremendamente en ese momento de mi vida, pues toda mi perspectiva tanto del futuro, el presente y de mí misma, era completamente oscura, como todo lo que escribía entonces, poemas muy negros, oscuros, de pánico y dolor, o bien, cuentos de humor negro, de horror.

Las crisis nos fortalecen cuando las pasamos con amor. Las crisis que vivimos con miedo generalmente las contamos con dolor, nos acordamos con dolor, y si no aprendemos nada de ellas, no avanzamos y tendemos a repetirlas en el futuro.

Cuando encuentro en estas palabras de Emmet Fox que el amor es la clave de todo, hasta del poder y de la felicidad, entonces me queda claro que bastará con aprender a amarme. El amor es la clave de todo y es triste que muchas personas cuando encuentran en la literatura la palabra “amor”, creen que el texto es basura. Es triste que inclusive en nuestros lugares de trabajo no se puede mandar un mail en el que la palabra “amor” esté escrita, ya sea porque te toman por acosador, por tonto, por débil, o por ignorante.

Entonces encuentro que debo hablar sin usar la palabra vital. Me siento como un poeta intentando encontrarle un título al poema que resume la felicidad de vivir, porque uno sabe, como buen poeta, que un poema que en el título menciona la palabra central del poema, es un mal poema. 

Es un reto, entonces, hablar, sentir, vivir y expresar el amor sin usar la palabra amor. Mi hermano mayor, quien falleció hace dos años, tenía una sabiduría de vida y una sabiduría urbana como ninguno de mis otros hermanos incluyéndome a mí misma, y él no tenía reparo de hablar del amor. Me he dado cuenta de que en muchas situaciones de frustración cuando quiero encontrar una frase o una idea que me haga pensar un poco más positivamente, siempre me viene algún dicho que él solía decir (incluyendo su representación histriónica). 

En verdad creo que el amor derriba cualquier muro y endereza cualquier embrollo. El amor perdona… pero no el amor al prójimo, sino el amor a uno mismo. Yo no puedo lavarme el cerebro y autoconvencerme de que puedo amar al jefe abusivo o al vecino intolerante, así nada más porque sí… pero si pienso en amarme a mí misma, entonces me ocupo de mis emociones, me ocupo de lo que realmente me hace sentir bien y feliz… y el autocompadecerme, el lastimar a otros, el quejarme por todo, son acciones que no me hacen feliz, son acciones que parten del miedo y no del amor.

En fin, esta cita me ha dado mucha luz en la vida. Cuando estaba separándome y pensaba que nadie me iba a querer otra vez, me di cuenta de que el amor es inagotable y hay una fuente que nunca acaba y no proviene de las otras personas, proviene de mi interior. Yo soy capaz de amarme y de amar a quien me plazca. Lo más hermoso también ha sido reconocer que el amor de los demás hacia a mí no depende en absoluto de mí, sino de cada uno de ellos. Ahora entiendo porqué la canción dice “Love me or leave me”, es lo más honesto y congruente que he encontrado el pop en inglés y estoy aprendiendo  a tomarlo como filosofía de vida. Desde luego, lo más bello y energético que he encontrado en tomar esto como filosofía, es el hacerme responsable de mí misma, pues sabiendo que quien soy yo y las decisiones que tomo, me las debo todas a mí, entonces cuando alguien elige amarme en vez de irse, es porque ama todo aquello de lo que sé que sí soy responsable.  Es liberador, muy liberador, vivir de esta manera.

Sabinne

Hace dos años y medio comencé a despertar de un largo sueño. Cada día al despertar en mi cama, acostada de lado con las piernas abrazadas, en posición fetal, un sentimiento me invadía. En realidad no me quería levantar. No quería salir de la cama. Tenía mucho miedo enfrentar el día a día, el sentimiento de no pertenencia, de no dirección, y sobre todo, un sentimiento de culpa. Culpa de no estar haciendo lo correcto, sea lo que fuera que eso era. Culpa de estar defraudando a mi marido, a mi familia, a mí misma, incluso a Dios.

Pero después de todo me levantaba todos los días, con un dolor en la garganta como un malestar crónico. Sacaba los dos pies de la cobija y me sentaba sobre el costado izquierdo de la cama -mi lado de la cama-, y en mi espalda sentía como si se me clavara la ira de mi marido, su decepción quizás.

Todo el día tenía mucho sueño, tomaba tanto café como para matar un elefante, y aun así seguía teniendo sueño todo el día. Me daba mucha hambre y comía comida rápida, pues aparentemente “no tenía tiempo” de cocinar. Trabajaba en la oficina de un amigo que me quedaba cerca de casa, cuesta arriba. Y por más que caminaba de ida y vuelta cuatro veces todos los días una distancia considerable por calles inclinadas, me mantenía excedida de peso, cosa que me hacía sentir muy mal conmigo misma.

No entendía porqué si no comía chocolates y cosas de la tienda, mi peso se mantenía excedido y yo me mantenía siempre cansada y desganada.

Pero después de todo, me decía, tenía un marido, una casa, un perro, un trabajo, una vida. Hasta el día en que mi marido me miró a la cara y me dijo que ya no estaba seguro de querer seguir conmigo. Ese día comencé a despertar.

Quise comentar esto al principio de este ensayo porque como dice la filosofía Zen, uno aprender lo nuevo partiendo de lo viejo.

Cuando me separé de mi ex marido comencé un largo camino, un proceso que sé que nunca va a terminar. Es un proceso hacia el despertar de mi conciencia. He estado adormecida por mucho tiempo y sé las consecuencias de despertar de pronto por que la vida es así, simplemente no nos permite estar siempre dormidos.

Fue mi decisión tomar la responsabilidad de mi vida, y aunque aun me falta un tramo para considerarme a mí misma como adulta, estoy disfrutando mucho mi infancia y adolescencia. Adolescencia, creo que ese es mi estado actual, porque estoy pasando por el dolor de los cambios hacia la adultez.

Al leer los primeros libros que hablan sobre los orígenes filosóficos de la Terapia Gestalt me sentí como enviada de nuevo a la preparatoria. Sobre todo con el libro de Los Dragones del Edén. Pero este libro me permitió darme cuenta que soy sólo un momento en este gran y eterno tiempo y que soy tan compleja y tan única por sólo ser un ser humano y estar aquí. Me permitió comenzar a despertar a la conciencia de mi soberbia. No sólo cómo raza humana, sino como yo misma. Soy soberbia, muy soberbia, y creo que esta es la lección que vine a aprender a la maestría, principalmente.

Lo primero que hice cuando comencé a despertar fue entrar en un estado de angustia constante, de pánico. Me enfermé físicamente. Me dieron ganas de vomitar sin poderlo hacer, inclusive me dio “un aire” o torzón en un costado que me hacía que me doliera el simple hecho de caminar y respirar. Pero como siempre me he considerado fuerte no pensé en dejarme tumbar. Pero no fue mi elección, la situación me rebasó de tal forma que no pude más y colapsé. Así que pedí ayuda. Mi familia me tendió la mano. En seguida comencé a ir a terapia en el CAPCI.

A la par en este proceso me invitaron a meditar en un Centro de Meditación Siddha Yoga. Y esto me ayudó mucho a poner en orden todo este rompecabezas de mí misma. Creo que me atendí muy bien, me di la ayuda que necesitaba en ese momento para “pasar el trance de la angustia” como diría Nasio sobre la histeria. Yo elegí no quedarme en la angustia, no guardar ningún sentimiento dañino dentro de mí. Elegí superar lo que fuera necesario para no volver a sentir el pánico y la falta de esperanza que me embargaron durante esos meses terribles de depresión, pánico y angustia.

Si tenía que superar algún miedo a la castración para no volverme una histérica, creo que este era el momento. No me puedo pasar pastillas, me da miedo, es un trauma de mi niñez. Estuve a punto de morir asfixiada con un caramelo y ahora cada vez que tengo que pasarme pastillas es un verdadero suplicio. Lo comento ahora porque me vino a la mente esto del miedo a la castración que es lo que causa la neurosis. Bien, creo que para superar cualquier miedo se necesita aceptar primero que la muerte no es lo peor que le puede ocurrir a uno. Es decir, perder el cuerpo o una parte de él no es lo peor que le puede pasar a una persona, lo pero que le puede pasar a una persona, yo lo sé bien, es seguir viviendo dormido para despertar un día con el pánico y la desesperación de haber dejado la vida pasar sin haber vivido.

Un libro que me marcó mucho fue el de La teoría existencialista de la personalidad, creo que porque uno de mis principales miedos es el del fracaso, el de no saber para qué vine aquí, cuál es mi misión en este mundo. Darle un sentido a mi vida. Creo que mi vida ha sido bastante existencialista o tiende a eso. Por eso cuando leí el libro de El hombre en busca de sentido, de Frankl, aun no terminé de comprenderlo del todo. Yo esperaba que este libro me diera la respuesta mágica, que me dijera para qué vine aquí, y no me dio respuestas. Me dejó como en este estado de existencialismo. Finalmente creo que sí soy muy soberbia y no me quiero arriesgar a aceptar que el sentido de mi vida me será revelado en su momento. No cuando yo quiera, sino cuando sea mi momento. No puede ser de otra manera.

Elegí estudiar la maestría por esta búsqueda de sentido de mi vida. Es un problema que vengo arrastrando y no he podido enfrentarlo de lleno. Creo que es porque estoy buscando las respuestas y no las soluciones. Quizás estoy haciendo mi práctica filosófica en vez de terapéutica.

Ahora bien, los libros sobre psicoanálisis, toda la teoría Freudiana me parece muy confusa. Creo que cuando llegué a la maestría venía con una idea muy simplista, porque así es como me lo enseñaron. Y la teoría de Freud es mucho más compleja y tiene mucha más explicaciones que “todo es sexo”. Lo que más he apreciado de estas teorías no es este referente a que todo tiene que ver con sexo, sino la forma en que él propuso que la psique del hombre se divide. A mí se me había ocurrido de niña que podía hablar conmigo misma, incluso escribir mi diario (el que llevo, no con mucha constancia, desde que tenía 8 años), y esta forma de “desdoblarme” me ayudó mucho a superar mi infancia que no fue fácil, en casa de un padre violento y una madre abusada. Entender que tenemos huellas, vaya, huellas mnémicas. También había tenido conocimiento de este tema en un curso de Semiología de la Vida Cotidiana, con el Dr. Alfonso Ruiz. Es impresionante cómo cada cosa se va uniendo en la vida para que podamos entendernos y despertar. Es como ir colocando estratégicamente despertadores que sonarán primero uno, luego el otro, luego otro más… hasta que por fin salgamos del sueño profundo y estemos bastante despiertos. Y así mismo pienso que uno mismo coloca esos despertadores antes de meterse a la cama.

En resumidas cuentas, creo que yo misma he ido buscando cada situación en mi vida para despertar. Conciente o inconcientemente.

Por eso cuando leí sobre la filosofía Zen sentí como si fuera un conocimiento que estaba oculto en mi interior y fuera recordando cosas, algunas como si las hubiera tenido almacenadas sin haberlas asimilado y ahora con estas lecturas las podía traer al frente y dejarlas hablar por sí solas.

Ha sido un cambio total de mentalidad. Ha sido un cambio radical de postura. Antes me dedicaba a echarle la culpa de todo al mundo, a la gente, a mi familia, a la suerte. Ahora sé que sólo es responsabilidad mía el decidir a dónde y cómo dirigirme. Saber que traumas en la vida son la cosa más común, pero cómo me enfrento a ellos, cómo los digiero, eso sí depende de mí misma.

Algo que me ha nutrido tremendamente y me ha quitado miedos ha sido el darme cuenta de que somos seres holísticos, completos. Que tenemos el ying-yang. Que somos hombre y mujer en uno mismo. Que depende de nosotros conciliar cada una de nuestras partes para vivirnos conciliados con el Todo. Yo tiendo mucho a pelearme entre mi lado femenino y el masculino. Creo que eso lo he aprendido por mi cultura familiar, los hombres tiene la voz, las mujeres deben ser sumisas y acatar lo que los hombres digan. Si un hombre no considera que yo valga, entonces automáticamente mi autoestima desciende. Este es un problema que sé que debo trabajar todavía en terapia, pero lo importante es que estoy CONCIENTE de ello. Entonces, volviendo a la parte masculina y femenina, a veces me siento más poderosa con mi parte masculina, y a mi parte femenina no la dejo actuar mucho, porque me siento tonta y sobajada. Y sin embargo sé que es mi parte femenina muchas veces la que escribe poesía, esa de la que tan orgullosa estoy. Sé que para expresarme completamente, para ser al 100% quien soy, con todos mis talentos, he de conciliar muy bien ambas partes, la femenina y la masculina.

Aquí es donde puedo mencionar El yo dividido. Justamente el no poder conciliar, unir mi totalidad como ser humano me convierte en un Yo dividido. Yo busco ser un ser completo, sin rupturas ni grietas. Unir mi lado espiritual y el emocional con el físico.

Cuando me separé de mi marido y comencé a tomar responsabilidad de mi vida a través de la terapia comencé a descubrir que había cosas que no hacía y que tenía muchas ganas de hacer desde hace mucho tiempo. Una fue practicar kick boxing. Me metí a clases y desde entonces no he dejado de practicarlo. Me hace sentir muy bien tanto física como emocionalmente. He de decir que bajé de peso y comencé a comer sanamente. Me hice una experta en ensaladas y platillos diferentes y exóticos en los que, haciendo uso de mi creatividad, mezclo diferentes sabores, verduras, aderezos, especias. Pasada la tormenta comencé a mirar mi espejo. Esto lo empecé a hacer sobre todo cuando fui a escribir mi cuarto paso. Y me comencé a ver como una mujer renovada, con la vida por delante. Muy saludable y más joven, más feliz y mucho más despierta. Inclusive mi forma de caminar cambió, mi postura física y, obviamente, también mi postura ante la vida. Cuando leí el libro de El cuerpo tiene sus razones, le di toda la razón: mi cuerpo tenía sus razones para estar en el estado en el que estaba. Mi cuerpo tuvo sus razones de sacarme de la jugada y tumbarme para que yo hiciera un alto y despertara.

Ahora mi cuerpo es más sensible, no, más bien YO soy más sensible a mi cuerpo. Le hago mucho más caso. Lo escucho y esto me llena de alegría. Haber descubierto en mi cuerpo a un aliado para mantenerme despierta es algo que siempre voy a valorar. Ahora, por ejemplo, siento que mi cuerpo de pronto se cansa, de pronto me vuelve a dar sueño en horas en que necesito mucha concentración. Y me pregunto si será que él me quiere decir algo, probablemente no quiero escuchar, probablemente estoy cansada del proceso que ha sido extenuante. Porque este proceso fue rápido, muy profundo y fuerte.

De pronto me enfermo y entiendo que cada enfermedad tiene un para qué. Así es que ahora cuando me enfermo analizo mi enfermedad y trato de sanarme internamente además de físicamente, porque yo sí creo firmemente en que toda enfermedad tiene un origen emocional, y curar los síntomas con medicina alópata no es curar la enfermedad. Ahí es donde actúo yo misma.

Para mí esto ha sido clarísimo a lo largo de todo mi proceso. Cuando me dieron los ataques de angustia pude sensibilizarme ante mi cuerpo, porque él era todo un grito. Yo no podía hacer nada por él más que rezar y dejar que todas las emociones que lo embargaban corrieran libres y salieran de alguna manera.

Hoy que me estoy preparando para ser terapeuta valoro mucho el trabajo que hizo mi terapuetia conmigo. Aprendí mucho de ella en terapia, una terapia que duró poco más de un año. El amor y el cuidado que ella puso en mí, tuvo sus frutos. Yo hice mi trabajo, yo elegí hacerme responsable de mí misma, pero definitivamente puse a mi ser en sus manos y ella con mucho amor me ayudó para que yo misma viera el camino.

Hoy que venía manejando hacia mi trabajo me preguntaba porqué valoro más las cosas materiales que el amor. Porqué a veces me siento ridícula pensando en que el amor es la respuesta de todo. Es triste, lo sé, porque es algo que a veces me invade y sé que es puro miedo. Miedo a romper mi máscara del ego y aceptar que para encontrar la felicidad total es necesario desapegarse. Cuando hacemos trabajo en la maestría y me doy cuenta que me siento amenazada, que tengo miedo, me da pena secretamente porque me siento insegura, siento que pierdo el control. Pero luego pienso que eso es justamente lo que necesito para avanzar en el proceso, perder el control y dar el salto al vacío. Porque eso es lo que hice justamente cuando perdí el control de mi vida, di el salto al vacío y hoy estoy mucho más despierta. Di un paso agigantado en mi vida. La persona gris que era hace tres años ya no volverá a asomarse, y en caso de que lo haga, no será tan fácil ignorarla, porque esa lección ya la asimilé. Ahora, sé que sólo fue un comienzo y que me falta un largo proceso. Pensar, por ejemplo, en Siddharta, me hace tener esperanzas sobre el sentido de mi vida y sobre este proceso. De pronto siento que yo no puedo ser ese ser especial, y entonces me doy cuenta que estoy negando lo divino que hay en mí. La filosofía Zen, el budismo y todas estas filosofías orientales que ven al ser interior divino me cuestan aun trabajo asimilar. Y es, creo yo, porque crecí pensando que Dios estaba en las nubes, fuera de mi alcance. Asimilar que yo soy parte de Dios como una gota es parte del océano, me parece complicadísimo de asimilar. Pero lo sé, racionalmente lo acepto. Creo que lo voy a asimilar a través de alguna experiencia, ya sea la meditación o alguna tumbada del caballo, que suele ser así la vida. Aunque el otro día leía en un libro de Melodi Beatty (52 semanas de contacto conciente) en donde menciona que aprender no tiene por qué ser especialmente doloroso, y creo que tiene razón. A veces llamar al aprendizaje con amor permite que venga sin tanto dolor, simplemente llamarlo, ya con llamarlo en vez de encontrarlo repentinamente, estar abierta a él, me permite aceptarlo y no sufrir tanto.

Bien, ahora no quiero echarle la culpa de mis huecos espirituales al haber crecido en occidente, porque incluso Tilar de Chardin fue capaz de entender a través de la filosofía occidental, toda esta cosmovisión integral que él planteó. Creo que la verdad está en todas partes. Hay buscadores en todo el mundo, y hay tantos caminos como buscadores.

Quisiera dejar de sentir miedo y de tener el control, y entonces recuerdo el libro de La sabiduría de la inseguridad y recuerdo que estas cosas son imposibles de evitar. Yo no tengo el control más que de la forma en que vivo las circunstancias (todas ellas fuera de mi control), y miedo no tengo razón en tener si puedo entender que todos somos parte de la misma cosa.

Lo más difícil para mí es estar conciente y no estar sana todavía. Porque ahora sé que no me puedo hacer la dormida, es como andar cargando un espejo. Ver mi reflejo me deja ver mis incongruencias. Eso de la proyección se me ha vuelto justamente un espejo. Y no me ha sido fácil aceptar que lo que me molesta de los otros es lo que no acepto de mí misma. Pero entiendo que tiene todo el sentido del mundo. Y vuelvo a ver en mis apuntes mentales y comprendo que aceptar mi lado oscuro es esencial para terminar con mi Yo dividido. Estoy en la búsqueda de la integración de mí Ser, de mi Conciencia.

Por eso estoy en la maestría, por eso medito, por eso trabajo, por eso canto, por eso escribo, por eso leo, por eso me angustio, por eso me tomo mis medicinas, por eso como sanamente, por eso atiendo a mi cuerpo que ahora es mi mejor amigo, el que me dice todo sobre mí misma.

Pero sigo perdida. Completamente perdida. No sé a dónde voy. Es la mera verdad. Cada día me despierto todavía con culpa y con angustia. No igual que antes, cuando me despertaba en una cama matrimonial al lado del hombre que algún día amé y que fue el centro de mi vida. Me despierto con esa angustia existencial de sentir que en verdad estoy dejando ir mis posibilidades sin exprimirme del todo. Creo que esta angustia de no ser perfecta es lo que me mantiene dividida internamente. No he aceptado todavía que soy Una.

Tengo que practicar más el amor a mí misma. Algún día leí que sólo se puede actuar desde dos posturas: desde el amor o desde el miedo. Y lo creo. Es como cuando Cristo dijo “estáis conmigo o estáis en mi contra”. Porque cuando yo actúo desde el miedo, estoy actuando de forma que daña a los demás y a mí misma. Cuando actúo desde el amor todo es para bien.

Aunque finalmente creo que todo es para bien, porque a veces no hay de otra más que actuar desde el miedo. Vaya, por ejemplo la histeria. Es justamente actuar desde el miedo. Actuar desde el amor sería una aceptación total, una asimilación. Así que la histeria sería una “solución” emprendida desde la base del miedo y no del amor.

Aunque la finalidad siempre es la misma: encontrar la felicidad, ir hacia el lugar donde me siento cómoda y feliz. Es triste que justamente una “solución” nos lleve a padecer un dolor por mucho tiempo, enquistado y adormecido.

Algo que me gustaría mucho mencionar sobre el libro de Guru es que justamente yo estaba viviendo una experiencia espiritual al acercarme a Siddha Yoga cuando leí este libro. En Siddha Yoga la Guru o maestra espiritual se llama Gurumayi Chidvilasananda, alguien de quien he leído algunos libros y su filosofía me ha maravillado. Sin embargo nunca me sentí identificada con ella como Guru. Es interesante porque esto ha sido lo que finalmente me hizo dejar ese camino espiritual para seguir en la búsqueda de otro que me llene. Algo que me fascinó de haber estado en contacto con la filosofía Siddha Yoga fue el haber tenido acceso a muchos libros y música, a la meditación y a las clases y cursos espirituales. A la convivencia con la comunidad, y sobre todo, al contacto conmigo misma. Y también el haber estado en contacto con Baba Muktananda. Él es un Guru que ya trascendió, así que físicamente nunca le conocí, pero lo conocí a través de sus libros y de la meditación. Algo que él menciona en uno de sus libros es que el camino espiritual de cada ser humano es único y no está limitado a nada ni a nadie, a ninguna religión o postura filosófica, a ninguna práctica espiritual. Uno hace lo que necesita para lograr encontrarse con la Verdad, su Ser Interior. Uno hace lo que tiene que hacer para despertar a la Conciencia. Así que finalmente yo considero a todo lo que he hecho en mi vida, mi camino espiritual.

Incluyendo, desde luego, la maestría y todo lo que ella conlleva. Yo quisiera que justamente el realizar esta maestría me lleve más cerca del despertar de mi conciencia. Porque si voy a ver al terapeuta como un Guru moderno, entonces tengo que verme a mí misma como una buscadora del despertar espiritual. Y despertar para poder ayudar a otros a despertar. Recorrer primero el camino para poder decirles a otros sobre cómo yo viví el camino. Sino es ser un ciego guiando a otros.

Así pues, hoy me levanto del lado derecho de mi cama, muchas veces no me quiero levantar. Casi siempre llego tarde a mi trabajo y sé que estoy falta de motivación en muchos aspectos de mi vida. Pero sé que esto es sólo un proceso. Estoy conciente de esto y soy responsable por ello. Sé que lo que quiera lograr en la vida, depende de mí. Que no puedo controlar nada, pero que no es necesario porque finalmente todo se acomoda según un plan más grande que todos nosotros. Digamos que ya no estoy angustiada. Tengo miedo, eso definitivamente, pero procuro actuar más desde el amor y por eso sigo impulsándome, sigo haciendo cosas por mí, para estar bien. Sé que siempre se puede estar mejor. Y cuando me duele algo, le pongo atención. Estoy buscando la pérdida del control y la ruptura de la máscara. Tengo mucho miedo a eso, pero sé que es como pasarme una pastilla. Todo está en orden para que ocurra y sólo debo alinearme con las circunstancias y dejar que fluya.

Quiero estar tan llena y completa que pueda ayudar a otros. Quiero poder estar al servicio de los demás, ser una vasija dispuesta a llenarse de amor para verterlo en los demás.

19 de junio de 2007 / ensayo integrador / Principios Filosóficos de la Terapia Gestatl / Maestría en Psicoterapia Gestalt / INTEGRO / por Sabinne

Bibliografía

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You can complain because roses have thorns. Or you can rejoice that thorns have roses.

- Ziggy

The secrets of positive people

Positive people tend to have many similar characteristics, such as respecting everyone’s contribution to a project and knowing during hard times that things will get better. They have the power to make that change happen, an understanding that their attitudes can directly affect outcomes, and a commitment to increasing positive thoughts and diminishing negative ones. Are you putting effort towards becoming a more positive person?
Avoid complaining when things are turning sour, realize that the negatives and the positives in life will level out, and take responsibility for your life and actions. You are the only person responsible for your attitude–and your life.

2 de marzo de 2008

Encontré esta cita en una Web Site que se llama SparkPeople, y esto me hizo reflexionar mucho en lo que alguien me dijo alguna vez….

Me dijeron que amándome a mí misma, me amarían los demás.

Lo creí y me dediqué a mejorar mi autoestima, a realizar proyectos y sueños, pero me di cuenta a altas horas de la noche que estaba sola y no había nadie con quien compartir lo que soy.

¿Qué faltó en la ecuación? Soy una mujer considerablemente hermosa (sin afán de ser ególatra), soy inteligente y talentosa, ¿qué hay de malo en mí?, ¿porqué no hay nadie que quiera estar conmigo en las buenas y en las malas?, ¿qué estoy haciendo mal?

Quizás no me he amado demasiado, quizás es mi autoestima, pero entonces que alguien me diga cómo funciona. ¿Hay algún código secreto que la gente lee cuando uno tiene baja autoestima?

O simplemente hay quienes nacieron para amar y hay quienes nacimos para estar solos y brillar como estrellas fugaces, sin compañía alguna, volando veloces por el universo, irradiando luz sin tener un punto de descanso.

Pensaba en eso y me di cuenta de que tiendo a malinterpretar a mi mente. Recordando el libro de la Comunicación no violenta (CNV), recordé que muchas veces puedo estarme comunicando violentamente conmigo misma, y creo que eso es lo que he estado haciendo últimamente, creyendo todo por el lado negativo de lo que mi mente bien intencionada me dice. Porque mi mente no es mi enemiga, ella quiere ayudar, pero muchas veces es sólo un mensaje que yo mal interpreto. Cuando mi mente me dice “tú no tienes eso”, no es para que yo empiece a envidiarlo, sino para que yo piense que si lo quiero lo puedo tener, existe y es hermoso, y si en verdad lo busco, lo puedo alcanzar.

Llegué a esta conclusión esta noche en que me sentía verdaderamente mal porque reflexionaba los fracasos amorosos que he tenido a lo largo de mi no tan larga vida. Lo mucho que deseaba que“esa fuera la real, la que dura y la que tiene todo para ser perfecta”, y una y otra vez resultaba que “yo no era suficiente” . Me sentía verdaderamente herida, al grado de no querer volver a enamorarme nunca más. Pues qué caso tendría si después de todo yo aun no había encontrado el gran defecto que poseo que hace que todos corran al momento de asomarse un poco más.

En realidad creo que todos tenemos miles de defectos y yo no creo poseer el que me prive de tener relaciones exitosas. Tampoco creo ser muy poca cosa. Por el contrario, creo que realmente soy una mujer excepcional. Quizás soy un gran reto para el sexo opuesto. Puede ser. Pero como Marshall dice en su libro de la CNV, realmente todos vamos en la vida con miedos, intentamos estar bien y seguros, nadie quiere realmente lastimar a los demás, yo sé que nunca he tenido la intención de lastimar a nadie, pero lo he hecho, muchas veces ignorándolo.

La conclusión a la que llego es que cada quien elige cómo vivir las circunstancias que la vida le presenta. Yo elijo vivir agradecida por todo lo que Dios me ha dado, seguir en la lucha por amarme más cada día, recordar a Dios todos los días, llevarlo en mi corazón y en mi mente, tratar de no sentir vergüenza por mis sentimientos, sino estar en contacto con ellos cada vez más, para conocerme más y amarme más. Si no estoy lista aun para amar, para entregarme, porque aun no he logrado perdonar, está bien. El perdón es algo en lo que puedo seguir trabajando hasta que pueda volver a amar sin miedo.

Y estar consciente de que nunca estoy sola, que Dios siempre está conmigo. Eso es algo que tiendo a olvidar con gran facilidad, así es que es un deporte que tengo que practicar más frecuentemente que las abdominales.

El problema no son mis relaciones, sino en lo que he puesto mi felicidad.

Me doy cuenta de que estoy poniendo mi felicidad en el hecho de ser amada o no, de ser admirada o no, de ir hacia afuera en vez de buscar en mi interior, de hacer muchas cosas, en vez de ser simplemente yo. Me doy cuenta…Pero de nada sirve que lo entienda, porque mi corazón sigue gritando por amor y por admiración, por aceptación, por todo eso que no he logrado tener por ser simplemente ser yo.

Señor, tú eres el único que me puede ayudar a encontrar el camino, eres el único que me puede guiar para encontrar la paz. Te pido, Señor, que me guíes.

Por ahora, Señor, te agradezco que me das este conocimiento. Te pido que siempre estés presente en mi mente, que te lleve siempre en mi corazón, me abandono en Ti. Tú eres quien todo lo contiene, eres capaz de lo “imposible”, tú me amas. Me entrego en tu voluntad por completo.

SB