24 / 04 / 20007
Sobre el tema tenía algo de experiencia a través de las prácticas espirituales como alumna de Siddha Yoga y a través de lecturas de Baba Muktananda, Gurumayi Chidvilasananda, algunos otro swamis y desde luego, la Introducción al Zen, el Zen y nosotros, Guru y Ying Yang.
Enlisto los temas principales que trata este maravilloso libro:
- Ansiedad
- Sabiduría del cuerpo
- La conciencia de las cosas
- La moralidad creativa (vs la religión)
- Transformación de la vida
- El dolor y el tiempo
- La corriente del Zen en occidente
Siento de verdad que si pudiera entender este libro en otro nivel, estaría mucho más cerca de encontrar la felicidad y de vivirla. Sólo puedo decir que de forma racional entendí todo, de manera emocional entendí todavía más cosas, pero espiritualmente hablando, sigo en plena ignorancia.
Partiendo de ahí, creo que me permite entender un poco mejor el proceso de cualquier paciente. Saber que no es que vaya a mejorar o a empeorar según “el tratamiento”. Estos procesos son así, dos pasos delante y uno atrás. Y pasa lo que tiene que pasar para sanar. A veces parecen cosas terribles y contrarias al “avance”, pero son necesarias para realmente aprender la lección.
Por otro lado, algo súper rescatable me parece el génesis de este libro que es la Era de la ansiedad. Esto me dejó pensando que nadie está solo en el proceso, al contrario, estamos todos como “generación” sumidos en ciertos cambios, en cierta dinámica. Estamos marcados generacionalmente por posturas religiosas, psicológicas, sociales, políticas, espirituales, etc. Y esto es un factor importantísimo porque generalmente la sociedad es la que va determinando lo que “es bueno o malo” en cada época y lugar. Lo cierto es que no podemos ignorarlo, a pesar de no estar de acuerdo. Para mí queda claro que lo importante es no juzgar, tratar de ser lo más humanos posibles, lo más honestos. Porque esa es nuestra propia naturaleza.
Este libro es un parte aguas para mí. Realmente me movió, cimbró todos mis esquemas. Me hizo ver que la religión ha sido para mí una atadura, una muleta, antes que ser lo que en origen era. También que mi vida espiritual es muy importante para mí, que mi equilibrio interior es frágil a pesar de que yo pensaba que estaba fortalecida por todo lo que he vivido estos últimos tres años. Realmente veo que mi proceso no es lineal, no es que de aquí para adelante. Bueno, en cierta forma sí, porque todo es para bien. Pero sobre todo que el proceso no es un avanzar o retroceder, es más un aprender, un asimilar, y sobre todo, un despertar.
Siento que la vida es un sueño del que no puedo despertar. Que la realidad no es esta tangible que puedo oler, tocar, ver. Si no una que pocas veces puedo ver, como un breve espacio lucido en un sueño. Y creo que mientras más cercana esté de despertar, más cercana a la liberación, al Samadhi. He de decir que en las prácticas de meditación y contemplación que he realizado he descubierto cosas muy profundas que me han ido moldeando, pero entiendo ahora que sólo han sido breves experiencias. Esas que deslumbran y desvían del objetivo, porque anhelo volver a ellas, en vez de ir hacia el objetivo principal. Ahora entiendo que cada vez que pueda decir que he aprendido algo y me sienta como si tuviera las respuestas, puedo estar segura de lo contrario. Digamos que para mi la era de la inseguridad termina con la seguridad de que nunca puedo decir que tengo la verdad absoluta, puedo estar completamente segura de que el proceso jamás termina, puedo estar segura de que cuando me sienta cómoda y confiada es momento de cambiar.
Creo que ahí está mi seguridad. Y aún ahí, creo que ya estoy confiando demasiado.
SB