El libro gira en torno a un pomea:
Una transmisión especial fuera de las escrituras
Sin dependencia de palabras y letras
Apuntando directamente a la mente
Observando nuestra propia naturaleza y
despertando a la budeidad.
Este hermoso libro trata de abrirnos el pensamiento, trata de decirnos “depende de la mente, depende de ti mismo”. Y nos reitera una de las frases más sabias de la historia: “conócete a ti mismo”.
Algo que me pareció muy rescatable de este libro, fue el hecho de descubrir que la palabra no sólo no es el único medio para comunicarse, sino el más viciado y rudimentario, es algo valiosísimo en la práctica profesional de cualquier persona, no se diga para la psicoterapéutica.
Valorar el silencio como una forma de comunicación con el interior y con mundo; saber que el silencio tiene un poder grande para la sanación, para encontrar el camino al interior. Respeto, mucho respeto por el paciente, que es el guru de sí mismo y es quien posee las respuestas que él mismo vine a buscar al consultorio. Confiar en el instinto, soltarse… dejarse guiar por la voz interior. Mucha humildad y evitar el autojuicio. Creo que esas son las lecciones más importantes que pude captar en este texto.
Con este libro pude darme cuenta de que me juzgo mucho. Me cuesta trabajo confiar en mí misma y en los demás. Aceptar mi propia naturaleza me cuesta trabajo, aceptar que yo soy buda. Es algo con lo que no puedo todavía, ni entender ni asimilar. Al leer este libro veo que todo lo que dice es material que también leí en El Zen y nosotros y en otros tantos libros sobre meditación y sobre autodepenedencia. Libros que hablan sobre la liberación. Y no puedo negar que siento que es verdad, que todo lo que dicen me mueve profundamente a anhelar seguir buscando, seguir intentando; pero también me siento conmocionada porque sé que es una verdad inalcanzable en esta vida (muy probablemente) pero que, por otro lado, sería estúpido dejar de intentarlo.
Creo que cuando tengo miedo de caer, de perderlo todo, ahora puedo sentir esperanza al pensar que todo es un proceso y que para despertar a la conciencia primero es necesario perderlo todo. Como decía Cristo, el que lo pierda todo es quien encuentra el camino. El que se quiera salvar, se perderá.
Creo que es justamente esto a lo que se refiere el Zen, y este libro. No hay nada que encontrar que no tengamos ya alcanzado en nuestro interior. Yo sé que suelo buscar las respuestas afuera, cuando están en el interior. Si tan sólo cada vez que siento angustia pudiera mirar verdaderamente hacia adentro sé que sería mucho más feliz y viviría mi vida de una forma más libre. Quizás encontraría la forma de lograr dejar que me importe el satisfacer a los demás y comience a realmente ser feliz.
Sabinne