El lenguaje del cambio, de Paul Watzlawick, John H. Weakland y Richard Fisch

Este libro toca principalmente los temas de la resistencia y el cambio, la formación de problemas (simplificaciones, síndrome de utopía, paradojas) y la resolución de problemas  (Cambio, reestructura y práctica del cambio):
 

  • Nuestros dos lenguajes
  • Nuestros dos cerebros
  • Concepciones del mundo
  • Formas lingüísticas del hemisferio cerebral derecho
  • Bloqueo del hemisferio cerebral izquierdo
  • Prescripciones de comportamiento
  • Todo menos esto
  • Rituales

 

Partiendo de la premisa de que manejamos dos lenguajes y tenemos realmente dos cerebros, me queda claro que utilizar el lenguaje del cambio, el lenguaje del cambio propiciado por la psicoterapia, es una forma necesaria para comunicarse en terapia. Coincido en pensar que lo primero en importancia para brindar nuestra ayuda a alguien que se acerca a terapia, alguien que sufre porque su concepción del mundo difiere con lo que “debe ser”, es justamente lograr entender ese “mundo” que el paciente concibe. Y para ello es necesario hablar el mismo lenguaje. Un lenguaje que no deconstrulla el mundo real con la máscara del aprendizaje y la razón.Para mí existe un tercer lenguaje, esto no lo menciona ellibro, pero yo creo en esta teoría. El lenguaje del Ser interior. No de las emociones, sino del Ser interior. El lenguaje que surge de una decostrucción de los dos lenguajes anteriores para permitirle al lenguaje original, al lenguaje del Ser, expresarse. Pienso que ese lenguaje no se le podría llamar propiamente lenguaje, más bien es simplemente intercomunicación. Ya que para mi, el Ser no necesita lengua para comunicarse, sino que está en perfecta armonía y comunicación con el Todo. A través de la meditación, por ejemplo, se puede lograr entender cosas sin siquiera pensarlas, asimilándolas mediante conseguir el silencio, acallar la mente. Ese es el lenguaje perfecto pues es el que me reconcilia con el Todo, con el mundo. Es el que derriba las “preconcepciones” de cómo debe ser o de lo que yo creo que es. Simplemente Es. Ahora, la terapia tiene el lenguaje del cambio, del hemisferio derecho, para mí no es el lenguaje perfecto, pero el mejor para lograr el fin de obtener un cambio. Y creo que lo más útil es aprender a fusionar ambos lenguajes para ayudar al paciente a que logre comunicarse mejor consigo mismo y, por ende, con el mundo y cómo lo concibe.  

No estoy del todo de acuerdo con que hay que bloquear el hemisferio izquierdo para obtener el cambio esperado en el paciente o para lograrnos comunicar con su hemisferio derecho. De pronto hasta sentí que había que bloquear el cuerpo para comunicarse con el espíritu. Bueno, más bien bloquear la mente y el cuerpo. Mi punto es que, por ejemplo en la meditación se busca no bloquear la mente o el cuerpo para comunicarse con el Ser interior. Se busca obtener un silencio. Un silencio activo. Para mí el lenguaje del cambio es una fusión que se logra entre el hemisferio derecho y el izquierdo, pero no es el lenguaje perfecto. Me refiero a que la comunicación real con la Verdad o con el Ser, se da justamente sin lenguaje. Y en la meditación no se adormecen los sentidos, más bien se les despierta; no se adormece la mente, se le silencia; no se adormecen las emociones, se les deja fluir. Y toda esta actividad interna se manifiesta en un silencio interior, es un estar alerta a escuchar el silencio. Es despertar a la conciencia y volverme un escucha activo, un escucha sensible a un nolenguaje, a una comunicación activa con el Todo. Y esto, en mi opinión, es lo que da un salto gigante en propiciar el cambio real y también una sanación o equilibrio. Es un permitir al Ser interior ver a los fantasmas como tales y comunicarme conmigo mismo a partir del amor y no del miedo.

He dicho todo esto para sostener que adormecer el hemisferio izquierdo puede funcionar sólo a un nivel. Quizás no le llamaría yo “adormecer” el hemisferio izquierdo. Yo le llamaría despertar a otra conciencia. Despertar más todas las potencialidades de comunicación, más que adormecer la que más predomina. Pero estoy de acuerdo en las técnicas para despertar el hemisferio derecho. Como Gestalt, en realidad todo depende de en qué pongo más mi atención. ¿no sería excelente poder centrar mi atención en mi Ser interior? No en mi hemisferio derecho o izquierdo, sino en Mí. 

En cuanto a la Resistencia, la frase “todo menos esto” entiendo que se refiere a que el cambio no se ha dado porque la resistencia a él justamente lleva al paciente a intentarlo todo, menos aquello que será justamente lo que propicie el cambio. Entonces, ¿no sería lo mejor dejar que el paciente nos vaya descubriendo justamente a qué es a lo que se opone con vehemencia? Por eso esta “técnica” de la resistencia me dejó con dudas, ya que para mí sería la mejor forma de descubrir una posible solución, no que sea la solución en sí.

Ahora bien, la resistencia puede ocuparse de algo meramente disociante de las necesidades reales del paciente. Quiero decir, puede estar ocurriendo una acción distractora que desvía la atención de un conflicto real. Y esto puede ser un poco arriesgado, si como terapeuta no tomo en cuenta otras posibilidades, ¿cómo puedo descubrir cuál es el problema real del paciente si en un principio el paciente puede estar distrayéndose con un problema para no enfrentar otro que es más profundo? Lo que quiero decir es que siempre funciona como las capas de la cebolla, pero cómo saber la manera de aproximarme a cada capa, ¿con un lenguaje diferente, o con una técnica diferente cada vez?

Me parece que esta lectura es una de las que se pueden aplicar más directamente en la terapia, ya que ayuda a aproximarnos a la comprensión de la forma en que los seres humanos realmente nos comunicamos hacia adentro y hacia fuera. Y las técnicas de terapia que menciona el libro, son herramientas sumamente valiosas en la terapia.

Lo que me quedó más sensible con esta lectura fue mi “nostalgia” por la meditación que solía practicar. Pero también entiendo que el proceso jamás concluye, hasta que concluye. Por eso no estoy triste, sino ansiosa. Ansiosa por poner a prueba mi disciplina… ¿esta virtud se alojaría en el hemisferio derecho o izquierdo? Ambos, creo yo. Bueno, lo que me queda claro ahora es que se necesita de ambos hemisferios para estar bien presentes en cada una de las actividades que realice, especialmente en la terapia.

Con esta lectura me quedan claras tres cosas: quiero meditar con disciplina, cambiar mi ruta y dejar a mi corazón explayarse más en ambos hemisferios.