Este análisis fue realizado el 18 de junio de 2007

por Mónica Barrón

Este libro está muy relacionado con el del Placer de leer a Freud, de  Juan David Nasio, los temas principales que toca son:

 ¿Cómo se vuelve uno histérico?, ¿cómo se cura la histeria?
Rostro clínico de la histeria moderna, sus causas, la vida sexual del histérico, fantasmas histéricos, el útero en la histeria, diferencia entre los fantasmas histérico, obsesivo y fóbico, el tratamiento psicoanalítico de la histeria y su finalidad, ceguera histérica según teorías de Charcot, Jane, Freíd y Lacan.

Desconozco de forma directa casos de histeria, no he tratado a pacientes con este padecimiento todavía. Este libro está completamente alineado con las teorías de Freud. Entiendo a la histeria como lo explica Nasio aquí, como una enfermedad fantasmática y curable, obviamente, curable si el paciente así lo quiere y toma la decisión de enfrentar la angustia. Creo que la cura siempre está en el paciente, el  psicoterapeuta sólo es un guía, alguien que se presta para ayudar al paciente a pasar por sí solo el transe y salir adelante solo.

¿Cómo diferir en mi plena ignorancia sobre este tema? Honestamente no puedo diferir si no tengo punto de comparación, ya sea experiencia cercana o bien otros libros. Por el momento estoy de acuerdo en todo lo que he leído, pero estoy abierta a comprobar o descartar lo que he leído aquí, según la práctica. Podría diferir con la afirmación de que todos somos histéricos, pero realmente estoy de acuerdo, desde el punto de vista de que todos tenemos que pasar por el trauma de la “castración”, ya sea como niño o como niña. El crecer y madurar, el tener una psique sana depende no tanto de los traumas que hayamos tenido, sino de nuestra forma de lidiar con ellos. Así que visto desde este punto de vista, pues no todos somos histéricos, a lo más, histéricos en potencia, porque experiencias traumáticas todos vamos a tener a lo largo de la vida, no sólo en la infancia, pero la forma de lidiar con ello es lo que nos permite estar saludables.

Creo que la salud de nuestra psique depende de nuestra forma de lidiar con cada situación en la vida. Las personas que pueden asimilar los hechos de la vida y pueden fluir con ello, con aceptación, van sumando los “traumas” como aprendizaje, como experiencias, y se van haciendo personas más sabias. Aquellas que no son capaces de asimilarlo, tienden a perder el equilibrio tratando de mantenerlo, y a su manera van haciendo uso de los recursos que tienen disponibles, bueno, en realidad todo el mundo hacemos esto y es nuestra forma más saludable de lidiar con cada situación de la vida. Lo que me sorprende en el caso de la neurósis específicamente, es que se trata de un trauma causado por una energía positiva, es decir, de demasiado afecto. Para mí este fue un descubrimiento que me impresionó mucho, el saber que una carga de afecto tal puede causar un trauma al grado de coagular nuestra persona y no permitirnos ser completos, asimilando nuestro lado femenino y masculino y permitiéndonos ser seres sexuados.

Esto me ayuda en mi práctica profesional para comprender a los pacientes que tienen este tipo de aflicción, porque me descubre o me debela una situación que no sería capaz de entender porque si no estoy viendo desde ese cristal, probablemente no se me hubiera ocurrido que esta postura puede existir.

Por ejemplo, pensar en que los histéricos todo lo asocian con sexualidad, excepto los genitales. Esto no me lo hubiera podido explicar. El conocer el origen de esta situación me hace ser mucho más asertiva y receptiva ante pacientes histéricos, y ante la neurósis en general. Y me refiero a neurosis como algo que, yo pienso, todo el mundo padecemos en algún grado.

Me doy cuenta que tengo mucho miedo a ser histérica o a relacionarme con personas histéricas. Bueno, realmente tengo miedo a tener cualquier padecimiento, porque con cada libro que leo estoy viendo si me identifico con los síntomas y comienzo a autoananlizarme. Siempre me pasa. En este caso la verdad es que poco a poco fui perdiendo el miedo y sintiéndome más bien empática. El mundo de los histéricos, me fue cayendo el veinte, es fantasmático. Es pura imagen, la imagen captada en cierto momento y que tomó vida propia cuando el niño no pudo hacerla parte con todas las otras imágenes, porque ésta en específico le causó una emoción demasiado grande. Pienso en el temor de los histéricos a gozar. Y pienso que en esto es donde puede caber bien la afirmación de que todos somos histéricos, al menos en cierta medida, porque yo no conozco a nadie que no tenga miedo al éxtasis o al amor total. Y si no lo aceptan, por ejemplo yo me digo a mí misma que desde luego que lo que quiero es amar y ser amada, pero en el fondo tengo miedo al amor. Huellas de abandono, quizás, o huellas de algún otro tipo, experiencias inclusive en mi vida adulta, mi divorcio, por ejemplo, que me han hecho tener miedo. Ahora, partiendo de que la neurosis es una angustia que se puede superar volviendo a vivir el momento de más angustia y enfrentando el transe, para después ampliar la psique de aquel que se atreve a vencer y atravesar el miedo a la castración. Bueno, entonces mis miedos en experiencias de la vida adulta o me causan angustia y se vuelven quistes neuróticos, o bien, los supero y mi psique se amplía con aprendizajes nuevos. 

Estoy desde luego, mucho más inclinada a querer lo segundo y vivir de manera sana, pero la histeria, a pesar de ser una enfermedad, también es una forma de responder frente a un estímulo demasiado fuerte con recursos insuficientes. Sin embargo la histeria, como bien dice el libro, es de las neurosis, la más saludable. Ella es curable y yo la veo como encapsular (reprimir) un momento o una situación que no nos fue posible asimilar para dejarla salir en un futuro en el que estemos listos para enfrentarla. 

La histeria es un dolor a cuestas, es un dolor adormecido, ignorado pero presente. Para mí el fin último del ser humano es despertar, es tomar conciencia y partiendo de ahí, experimentar el amor total. La histeria para mí es justamente permanecer en estado de adormecimiento, no hacerse conciente para no experimentar el amor total, obviamente  por miedo. En mi muy particular punto de vista se me ocurre una teoría. Quizás la histeria no es  un trauma sino el olvido de lo que somos en realidad. El temor no a ser seres sexuados, sino a ser seres completos. Sobre todo, miedo a perderse o fundirse en el Amor por temor a que, posiblemente, este cuerpo humano, no soporte semejante fusión. Lo peor del caso, o lo mejor, es que tenemos razón para temer esto, porque es sólo cuando morimos cuando podemos fundirnos con el Amor supremo. El asunto es que vivimos quizás esta experiencia de demasiado afecto en un momento en el que todavía no tenemos pleno conocimiento de nuestro cuerpo y pensamos que sólo somos el cuerpo. Quizás esto es lo que nos causa el trauma. Porque en cuanto somos capaces de aceptar que perdemos “una parte” del cuerpo, más no todo el cuerpo, y más aún, que si aceptamos que aun perdiendo el cuerpo, no nos perdemos a nosotros mismos, entonces la histeria no tendría razón de ser. 

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