Comunicarnos sin violencia

El mantenimiento de la paz comienza con la autosatisfacción de cada individuo.

– Dalai Lama

Tal como dice la cita, la paz comienza con la satisfacción de las necesidades de cada persona, negar esto simplemente nos aleja de la paz. Buscar la autosatisfacción no es un acto de egoísmo, si yo no estoy satisfecho primero, ¿cómo espero poder dar a los demás? Uno no puede dar lo que no posee. Pero primero debo de saber qué es aquello que me satisface, qué es aquello que me hace feliz y me da la paz. Para ello necesito conocerme, y para conocerme lo primero que necesito es estar en contacto conmigo misma. El contacto con uno mismo es un acto de voluntad, por lo tanto requiere de disciplina. Los frutos de esto son enormes. Uno de los más grandes frutos es el poder conocer cuáles son mis sentimientos, mis emociones, mis valores (los que yo elegí y no los que me inculcaron y que yo acaté sin hacerlos míos primero); una vez que conozco esto, entonces puedo tener conocimiento de cuáles son mis necesidades reales, no aquellas que me contagia la publicidad o la cultura consumista, sino mis necesidades verdaderas, esas que en la profundidad de mi ser siguen sin ser cubiertas por más música que guarde en mi ipod, por más ropa que tenga, por más dinero en mi cuenta bancaria. Las verdaderas necesidades son aquellas que descubro desde mi corazón. ¿Y para qué me sirve conocer cuáles son mis necesidades reales? Para atenderlas, para satisfacerlas, para hacerme cargo de ellas con responsabilidad y amor, de otra forma nos aproximaremos a los demás, al mundo, exigiendo que esas necesidades sean satisfechas desde el exterior, cuando es desde el interior desde donde debo comenzar.

El gran escritor francés, Antoine de Saint-Exupery, expresaba: “Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”, y esto implica hacernos responsables de nuestras actitudes y acciones. Cuando nos relacionamos con el mundo sin conocernos a nosotros mismos, muy probablemente nos relacionemos con miedo, y como bien decía Arturo Graf, escritor y poeta italiano, “La violencia no es sino una expresión del miedo”.

La comunicación con el mundo que parte desde el miedo se vuelve  una comunicación violenta. Es decir que cuando vamos en el automóvil y una persona nos “echa” el coche encima, la primera reacción puede ser gritarle hasta de lo que se va a morir, y esta reacción parte del miedo y se vuelve violencia.

Si miramos a nuestro alrededor podremos ver que estamos rodeados de personas que se comunican de forma violenta, incluso es muy probable que tú, que estás leyendo este texto, te comuniques muchas veces de forma violenta. La comunicación violenta no quiere decir que hablo con majaderías, quiere decir que hablo comunicándome desde mi miedo y no desde el amor y la compasión; la empatía.

El concepto de Comunicación No violenta (CNV) lo desarrolló Marshall Rosenberg, quien es un reconocido pacifista, y la define como “una manera de comunicarnos que nos lleva a dar desde el corazón”. Comunicarnos con el mundo a partir de una CNV cambia por completo nuestra visión de la cosas si aprendemos a escuchar desde nuestras necesidades profundas y las de los otros. Esto último es clave, porque todo el mundo estamos buscando ser felices, y todos tenemos necesidades; si aprendemos a escuchar eso podemos aproximarnos con una actitud más amorosa, más compasiva y, por ende, mucho más satisfactoria. Es mucho más fácil que pueda cubrir mis necesidades si aprendo a comunicarlas. Como todo ser humano me gustaría ser escuchada desde la compasión, ser comprendida, que las demás personas comprendan mis necesidades. Todos buscamos establecer una comunicación compasiva, pero no todas las personas estamos preparadas para ello; en occidente, estar en contacto con las emociones no es una acción fomentada culturalmente. En  La comunicación no violenta, Marshall Rosenberg presenta herramientas para comunicarse efectivamente, sin sufrir y sin hacer sufrir al otro.  Él plantea que al entrar en contacto con nosotros mismos y con nuestras necesidades y emociones, y partimos de aquí para expresar a los otros eso que necesitamos de ellos para enriquecer nuestras vidas y las de ellos; cuando escuchamos con atención, respeto y empatía, contagiamos a los demás del deseo de comunicarse también con empatía, entonces queremos dar desde el corazón.

Algo sumamente importante para lograr comunicarnos desde el amor es no juzgar; si partimos del juicio, partimos del miedo, y ese juicio se convierte en una barrera para aproximarnos a los otros de forma compasiva. También es importante no hacer comparaciones ni generalizaciones, porque ambas nos limitan, realmente son juicios, y los juicios pueden sonar más como un ataque en vez de expresar lo que sentimos. Negar la responsabilidad en lo que pensamos, sentimos y hacemos, también es una actitud que nos impide comunicarnos desde la compasión, decir “tengo que”, o “me haces enojar” son frases que nos confunden, al pensar en esto nos damos cuenta de que es nuestra elección hacer o no hacer las cosas, y mis sentimientos son mi responsabilidad, no están bajo el poder de los demás. Expresar mis deseos en forma de exigencia también es una actitud que dificulta la comunicación no violenta, pero en cuanto nos ponemos en contacto con nuestros sentimientos y necesidades, dejamos de ser esclavos y descubrimos que tenemos el poder de tomar la decisión de ser compasivos; tomamos la responsabilidad, nos permitimos expresar nuestros deseos sin sentir miedo.

Decía J. Krishnamurti que observar sin evaluar constituye la forma suprema de la inteligencia humana, puede ser difícil hacer observaciones de la gente y de su conducta sin juicios ni críticas. Hacer inferencias sobre lo que alguien piensa no es lo mismo que observar su conducta. Por ello, aquí están algunos puntos que podemos tomar en cuenta al momento de comunicarnos para lograr una comunicación efectiva, profunda y humana, según Marshall Rosenberg:

1. Observar sin evaluar

2. Expresar lo que siento. Buscar no orientarme hacia lo que los demás quieren que yo piense o haga, sino estar en contacto conmigo misma.

3. Distinguir entre lo que siento y lo que pienso o creo, ya que el lenguaje suele dar pie a confusiones.

Finalmente, me gustaría concluir con una frase de Mahatma Gandi, que dice: “La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores”; en mi opinión, ninguna batalla se gana sin derrotar primero a mi propio ego, y para ello debo derrotar primero a mis miedos; luchar contra los demás es fútil, es mucho más satisfactorio obtener de ellos la buena voluntad para generar un mundo más amoroso, ya es hora de buscar una manera más compasiva de conseguir lo que queremos, en vez de querer conseguirlo “a la mala”.