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(Del lat. aequanimĭtas, -ātis).
1.f. Igualdad y constancia de ánimo.
2.f. Imparcialidad de juicio.

Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española

Muchas veces vemos las cosas fuera de foco, de forma exageradamente buena o mala. Es como si las magnificáramos y, como consecuencia, perdemos la noción de lo que realmente son y, peor aún, nos afectan en la medida de esa distorsión con la que las vemos. Generalmente es el miedo el que nos motiva a ver con esta distorsión

Una herramienta poderosa para ver con claridad es la ecuanimidad. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “igualdad y constancia de ánimo; imparcialidad de juicio”. Es curioso que esta virtud no sea tan popular como muchas otras. Es, quizás, porque en este mundo en el que vivimos la ecuanimidad parece carecer de sentido. Nos encontramos seducidos por aquello que roba la total atención de nuestros sentidos, que nos da una felicidad pasajera, pero intensa. Incluso, la definición que acabo de mencionar parece más bien la descripción de una persona sin emociones… ¿cómo que “constancia de ánimo”? ¿Y la montaña rusa de las emociones? ¿Qué la vida no es un paseo intenso lleno de subidas y bajadas?

En efecto, la vida no es un terreno plano, sino uno intrincado, lleno de subidas y bajadas, de días soleados y de días lluviosos; algunas veces casi intolerable, y otras, llenas de gozo y dicha. Por eso es que necesitamos de la ecuanimidad para mantenernos en equilibrio a pesar de los cambios de la vida.

En un mundo donde la adicción al drama parece ser más bien una habilidad, es difícil ir contra corriente. Pero ser adictos al drama es una poderosa y no menos dolorosa forma de evadirse de la realidad.

Baba Muktananda decía “Pensar en exceso y comer en exceso son la causa más común de enfermedades”. La ecuanimidad es la búsqueda del equilibrio. Es darle la medida justa a las cosas; sentirlas como realmente son, y la constancia del ánimo es el equilibrio emocional. No quiere decir que no nos alegremos, o que no nos enojemos, o que no sintamos tristeza. Quiere decir estar en contacto con nosotros mismos, estar conscientes de nuestras emociones, de nuestros pensamientos, y darles la importancia justa; el peso adecuado.

A veces permitimos que cosas sin importancia nos hagan creer que son la fuente de la felicidad profunda, pero son sólo espejismos, y la decepción es grande cuando finalmente descubrimos que les hemos dado un precio muy alto, el cual hemos pagado al invertir en ellas la esperanza y la fe que no les corresponde. Igualmente ocurre cuando no le otorgamos el valor real a aquellas cosas que sí nos apoyan en nuestra evolución espiritual. Es fácil perderse, porque necesitamos la brújula interna; la ecuanimidad nos ayuda a mantenernos en la dirección correcta.

La ecuanimidad y la serenidad son hermanas. Una persona ecuánime generalmente goza de serenidad, porque no se deja avasallar por los fantasmas de la falsa expectativa. La expectativa es engañosa, porque se refiere a algo que “se espera”, lo que se espera está en el futuro, y el futuro no existe en el momento presente. Por lo tanto, toda expectativa bien puede decepcionarnos, pues puede nunca ocurrir o, por supuesto, ocurrir de una forma totalmente diferente a como la imaginamos.

La oración de la serenidad es prácticamente una receta contra la decepción, pues en ella le pedimos al Poder Superior que nos ayude a aceptar las cosas que no podemos cambiar; a cambiar aquellas que podemos, y que nos ayude a discernir entre ambas cosas. En pocas palabras, le pedimos serenidad para aceptarlo todo, tal y como es. Pero somos humanos y nos gusta controlarlo todo, y esa es la razón por la que inventamos la expectativa. Para inventarnos un posible futuro deseado, en vez de aceptar el que es, simplemente como es; y estar preparados para abrazarlo con todo nuestro ser y con la certeza de que todo lo que pasa es justamente como debe ser.

La ecuanimidad es un hallazgo espiritual importante, hay que buscarla y tratar de permanecer en contacto con ella para tener equilibrio, para tener paz. Yo creo que es una virtud que se consigue con los años, es una de esas cosas que llegan con el tiempo, claro está, si uno la busca. Y es algo que requiere de trabajo, de fortalecernos en ella.

Ser ecuánime frente al “fracaso” y frente al “éxito”. Ambas son palabras que hay que tratar con cuidado, porque pueden sonar totalitarias, y nada en la vida es “total”, y es justamente la ecuanimidad la que nos permite darnos cuenta de esta cualidad de la vida. En suma, la ecuanimidad es una herramienta sumamente valiosa para volvernos gobernantes sabios de nuestra propia vida.

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Un Comentario

  1. La ecuanimidad, realmente algo muy difícil de conseguir. Ya que, queramos o no, solemos tomar partido y eso siempre nubla esa imparcialidad. De cualquier manera una cualidad muy valorada, aunque también escasa. De ahí quizas su precio excesivo, cuando es de verdad. Saludos e interesante reflexion


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