Archivos mensuales: Octubre 2009

Después de un descanso de blogear, comienzo nuevamente. Estoy leyendo un libro maravilloso llamado Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola. Este libro plantea una alternativa para recuperar una parte del alma, de la psique, que socialmente nos obligan a ocultar, callar y, eventualmente, matar: la mujer salvaje.

Pinkola afirma que todas las mujeres poseemos a la mujer salvaje, es una parte de nosotras. No es un sólo aspecto de la personalidad de la mujer, es más bien materia del alma. Lo interesante es que en este libro se intenta rescatar a través de cuentos en los que se presentan los arquetipos, tal como los planteó Jung anteriormente, que representan aspectos de la personalidad femenina. La mujer salvaje es el árbol donde habita la creatividad, la ferocidad, la ingenuidad, la fuerza y muchos aspectos que desafortunadamente, en nuestra sociedad “civilizada” parecen no encajar.

A la mujer salvaje le encanta experimentar cosas nuevas, es creativa, sabe recibir y sabe dar, saber luchar y sabe soltar. Tiene consigo la sabiduría de la anciana y la fogosidad de la joven, juguetea como la niña y decide con seriedad; reflexiona y actúa, sabe cuándo permanecer en soledad y cuándo celebrar en grupo los ritos y los cantos. La mujer salvaje canta y baila, se ríe sin auto censura; seduce y es seducida. La mujer salvaje comprende los símbolos, los encuentra en todo momento, es sumamente intuitiva.

Esta mujer salvaje habita en todas las mujeres, pero no todas estamos en contacto con ella. Sin embargo esta mujer salvaje lucha por salir, está en su naturaleza.

Para mí, encontrarme con este libro ha sido muy sígnico y significativo. Justamente estaba intentando terminar un poemario en el que he vertido una parte de mi vida en la que me siento como un pájaro a punto de volar pero que no lo consigue, un pájaro que sabe y siente sus alas, pero que teme a usarlas y al mismo tiempo anhela lanzarse al vacío. Un pájaro-mujer que sabe su fuerza y actúa absurdamente contrario a su naturaleza, permanece en la tierra.

Me estaba sintiendo verdaderamente frustrada y algo triste cuando este libro llegó a mis manos. Más bien cuando lo llamé. Viendo de forma un poco más global el momento en el que me encuentro hoy, pude darme cuenta de que es parte de un ciclo. LLamar a la mujer salvaje es justamente lo que estoy necesitando hoy, cuando se abren ante mí muchos proyectos que demandan creatividad, pero sobre todo, poner el alma. Terminar un poemario implica aceptar una muerte. La mujer salvaje sabe dejar morir cuando el tiempo ha llegado. Sabe cerrar un ciclo para comenzar uno nuevo.