Un perro es un perro:
Perro nace, perro muere,
Perro muerde, perro ladra,
No habla por sus amigos,
No confiere privilegios de sus obras
Anda a cuatro patas,
Y estorba lo menos,
Cuando estorba.
Un perro es sólo un perro;
Apesta y lastima de vergüenza,
Se postra destripado por las calles,
No se oculta si defeca o chisguetea.
Lame lo mismo que muerde
Y la cola mueve si le apetece.
Un perro es sólo un perro, digo
Que no habla porque no quiere,
No trabaja porque no vive para ello,
No elucubra ni se pierde,
Es feliz, nada le falta.
De perro se me toma cuando
Duermo desbocado bajo el farol sin vergüenza,
Pero el perro es perro,
Y yo, ni perro ni no perro,
Pena, pienso, me penetra entero,
La columna tuerza y encorvada,
Ando sin garrapata y sin empleo;
Es esto de la sábana, la muela,
El callejón resbaladizo,
Que me mira acuclillado frente al charco:
No perro, ¡ni perro!
Un perro
es sólo un perro que camina siguiendo su nariz
Y es sabio con la cola levantada;
Carezco de sabiduría urbana
Me vivo en esta calle emperrunada;
Nada poseo que no sea mi no ser;
Nada más seguro que mis deudas,
Si el perro hablara
¡qué triste sería escucharle tantas libertades!
Y yo aquí tras mi baranda,
Aullándole al dolor que me rebasa,
Bajándome la calle a cuatro patas.
MB
2005, del Libro de las Transformaciones