11 – 12 junio 2007
Ayer pensaba que un océano inmóvil debe causar mucha angustia.
Imagínate parada en un acantilado frente a la inmensidad de un océano que no se mueve.
Recordé cómo me quedé paralizada frente al océano, frente al valor, a la fuerza y a todos sus recursos. Como incrédula. Así se siente la soledad con perturbadora claridad. Ni un sonido que avise de la vida o la muerte. Ni un aroma que emerja entre las grietas para decir que ya viene creciendo la hierva, nada que asome la cabeza bajo el agua. Y sin embargo, todo este mar tan quieto y lleno de vida es para morirse de miedo, ver tanta oscuridad concentrada en una superficie líquida. Es para paralizarse de esperanza. Cuando diste la espalda y regresaste a algo más terrenal me comporté como un fantasma. Me moví por fin ahora que no me veías. Tu espalda se enteró de mis movimientos, pero tuviste tanto miedo de mirar que preferiste dejarme hacer yo sola, y sola estoy haciendo.
Ahora, este océano es organismo vivo que sube, se estrecha, se eleva, se destroza y se alcanza en una expansión nueva y sin límite o frontera. Veo aletas y trompetas, espadas y acróbatas. Veo ojos y tentáculos. Y siento la corriente cálida de mi propia imaginación. Estoy en el borde, así parada, de la caída, ese salto del ángel a la tierra. Y me miento cuando me digo que no tengo más nada que dos pies y una boca, me miento porque tengo el ingenio para hacerlo -el talento, la magia y eso que no se nombra y que todos conocemos son cosa aparte-.
Es un anónimo grito de libertad. Yo brinqué la barda sin permiso, caí y rompí en tres partes el costado, la clavícula y el alma.
El de tres puestos es un mar inmenso, el de tres costados es una isla y el de compasión es tan sólo un mendigo que no sabe hacer más que estirar la mano y meterla a la boca.
Así es como el hombre y la mujer se yerguen. Así es como la mujer se desploma. Así es como el hombre se hace pájaro y acantilado. Y aquí entre las costumbres incrustadas en la tierra mansa, las alas abiertas, la barbilla inclinada, elevo en un acto de idiotez todas mis veces de indecisión que me llevaron por la ruta de la inmersión.
Aquí estoy tan sola y tan conmigo que me siento bien completa. Siento que no cabe más nadie en mi mundo.
SB
Un Comentario
No es una mala sensación… por ahora. Cada cosa a su tiempo.