Así reza la frase a la entrada del templo de Delfos, y es la frase más sabia que he escuchado. No se puede comprender al mundo si uno mismo no se conoce. Mucho tiempo pensé que me conocía bien, que sabía dónde estaba parada, sabía lo que me gustaba, lo que quería, lo que sentía… pero en realidad todo eso cambia con el tiempo, incluso con las horas, y la persona que yo era hace unos días ya no es la misma que soy ahora.

Entonces, ¿cómo puedo conocerme a mí misma si estoy en constante cambio?

Creo que es una actitud de vida la que nos lleva al conocimiento profundo de nosotros mismos. Es la actitud de la apertura y la humildad, aceptar que siempre hay algo nuevo por descubrir, que no tenemos el control de nada, excepto quizás de la actitud con la que decidimos vivir cada circunstancia en la vida. Mirar hacia atrás puede darnos un poco de conocimiento sobre quienes somos, pero lo cierto es que eso nos deja ver sólo una parte del gran universo que es cada uno de nosotros.

El contacto conmigo misma es lo que me permite saber quién soy hoy. El contacto conmigo misma, con mis sentimientos, con mi propio cuerpo, es lo que realmente me permite saber en dónde estoy parada; las decisiones que estoy tomando ahora son las que me pueden reflejar perfectamente quién soy hoy. Porque nuestra vida es un tejido de decisiones, no de circunstancias. La persona que yo soy es la que ha decidido qué hacer frente a las circunstancias de la vida, las circunstancias de la vida simplemente son el escenario, pero el actor, es decir, yo mismo, es quien actúa, es quien elige, es quien toma decisiones.

Puedo pasarme la vida pensando que nunca he tenido oportunidades, o bien, que la suerte nunca  ha estado de mi lado, pero lo cierto es que han sido mis decisiones las que me definen, las que reflejan mi carácter, mis sentimientos. Puedo decir que amo, pero si mis acciones no proyectan amor, entonces puedo saber que estoy actuando inconsecuentemente de lo que siento, y por tanto, estoy actuando en contra de mi propia naturaleza.

Leí recientemente una frase hermosa en el libro La enfermedad como camino, de Dethlefsen y Dahlke, que dice “todo lo concreto y funcional es únicamente expresión de una idea”, y anteriormente había leído prácticamente la misma frase en el libro El agua y lo sueños, de Bachelard, en donde el autor menciona que en realidad, el mundo concreto primero ha sido creado en la imaginación, para después volverse material. Y por otro lado, las tradiciones meditativas yógicas también sostienen que el mundo es una proyección de la mente, todo lo que nuestra mente proyecta se convierte tarde o temprano en la realidad.

Esto me lleva a pensar que para conocerme a mí misma, puedo mirar el mundo exterior y darme cuenta de que es sólo una proyección de mi propia mente.

Nadie ve el mundo igual que otro ser humano. Hay tantos universos como seres en el mundo. La forma en la que percibimos el universo es a través de nuestros sentidos, mismos que se localizan en nuestro cuerpo; las terminaciones nerviosas llevan la información del exterior hacia el interior, donde nuestro cerebro las procesa y las asumimos de acuerdo a nuestras experiencias previas. Cada ser humano desarrollamos nuestro propio código para entender el mundo. Este código lo construimos desde que somos capaces de percibir a través de nuestros sentidos.

En realidad nuestro cuerpo es una membrana entre el exterior y el interior, incluso, nuestro propio cuerpo, en su interior, tiene un código y nuestro cerebro lo decodifica. Pero, ¿quién está detrás de la comprensión de este código? ¿Quién es quien realmente recibe el mensaje? Si fuese nuestra mente únicamente, entonces quién es ese ser que, aunque nuestra mente no esté funcionando bien, sigue ahí y nos mantiene aquí.

Yo me prefiero creer que hay algo más allá que nuestra mente decodificando todo, porque aun cuando estoy dormida y mi mente se acalla, ese ser sigue ahí, conciente, fluyendo con el mundo interno y externo.

Por otro lado, las emociones son otro campo complejo para la comprensión desde una postura mentalista. Algunos afirman que las emociones simplemente son intercambio de energía, son impulsos eléctricos que se transfieren por nuestro sistema nervioso y llegan al cerebro. Pero ¿porqué ver una situación triste nos provoca tristeza? ¿porqué la noticia de la muerte de un ser querido nos atraviesa el corazón y nos lleva al llanto sin siquiera pensar en la causa de la tristeza?

Recuerdo que cuando falleció mi hermano yo no pensaba en que no lo vería más, no pensaba en si sufrió o no, no pensaba, simplemente sentía dolor. ¿Porqué cuestiones que no ponen en riesgo nuestra vida o no nos causan dolor físico, nos duelen a veces mucho más? ¿cómo explican los científicos el hecho de que el abandono duela más que un golpe? ¿Qué justificación tienen estos dolores para que existan en nuestro registro físico corporal? Quiero decir que cuando sentimos un dolor en el cuerpo, es síntoma de algo que debemos atender, el cuerpo nos avisa con los síntomas, de que está enfermo y de que debemos tomar medidas para ayudarlo a sanar. Entonces, ¿qué justifica el dolor por la muerte de otra persona, sino es un aviso de una enfermedad propia o de algún riesgo para nuestra salud?

Los síntomas también son sinónimo de signos. Los síntomas o signos indican, hablando el lenguaje médico, de que existe alguna enfermedad. Ellos, en conjunto, forman un cuadro y ese cuadro, al ser interpretado por un médico, que es quien sabe leer el código de la medicina y su sintomatología, puede dar un diagnóstico y decir qué enfermedad padece un paciente.

Cuando los síntomas no justifican enfermedad, muchas veces acaban dando un cuadro general que recibe todos los síntomas que no forman un cuadro definido, y ese cuadro es el del estrés. Le llamamos estrés a todo lo que no podemos definir como enfermedad y sin embargo, causa cierta sintomatología. Al estrés se le culpa del dolor de espalda, de cansancio extremo, baja energía, dolor en las articulaciones, dolores de cabeza, defensas bajas, dolor de cintura, ánimo decaído, depresión, bajo ritmo cardíaco, bolas en las piernas, urticaria, etc.

Es decir, que todos estos síntomas, cuando no se les logra enmarcar en un cuadro clínico definido, les llamamos elegantemente estrés, que es la epidemia de nuestro tiempo.

Yo no creo que todo esto sea estrés y tampoco creo que ninguna enfermedad es la causa de ningún síntoma. Creo que las enfermedades son consecuencia de no escuchar al cuerpo, de no estar en contacto con nosotros mismos y sobre todo, toda enfermedad es un anhelo de postergación para resolver asuntos psíquicos que no queremos resolver. Y como bien dice la ley de la entropía, todo aquello que no se mueve, se destruye. Todo tiende al caos,  a la destrucción. Si nos oponemos a fluir, estamos buscando nuestra propia destrucción, y esa es una buena forma de enfermarnos.

Conócete a ti mismo quiere decir, escúchate, despierta, sé conciente. Porque realmente todo el conocimiento del universo habita dentro de cada uno. Nosotros hemos creado este mundo con nuestra mente, con la energía que radica en nuestro interior, y esa energía la conocemos con muchos nombres, algunos dicen que es simplemente energía, otros dicen que es el amor. Cada persona puede elegir qué creer o con qué nombre llamar a las cosas, pero también es importante considerar que los símbolos los llenamos nosotros mismos de significados. Yo puedo elegir si llamar energía o llamar amor, pero la palabra energía tiene una carga significativa diferente de la que tiene la palabra amor. ¿Qué elijo yo? Eso es lo que realmente me define. El cómo yo nombro a las cosas, porque ese es mi propio código.

En psicoterapia gestalt sabemos que una catarsis no es suficiente para que un paciente cierre su gestalt y siga adelante; es necesario una resignificación. Decía Pearls que no podemos cambiar el pasado, jamás lo podremos cambiar, sin embargo podemos cambiar nuestra forma de significarlo. Podemos resignificar cada evento de nuestra vida, porque tenemos ese poder. Conócete a ti mismo quiere decir, conoce tu propio código, elige cómo quieres interpretar el mundo.

Ahora bien, lo importante es que siempre elegimos. Queramos o no, elegimos. Podemos creer que esperar a que el mundo nos resuelva las circunstancias es sinónimo de no elegir, pero la realidad es que estamos eligiendo no elegir, estamos eligiendo el miedo sobre el amor, cediendo el derecho de movernos por el de permanecer inmóviles esperando que el mundo se mueva, lo irónico es que justamente eso es lo que ocurre, el mundo sigue en movimiento, y la entropía arremete contra aquellos que se quedan estáticos, la entropía es una fuerza purificadora que mantiene en equilibrio al universo. Puede llamarse Shiva, que es la fuerza destructora según la tradición Hindú, o puede llamarse simplemente fuerza del universo. Pero lo cierto es que si creemos que permanecer inmóviles es posible, estamos en un grave error, todo aquello que permanece inmóvil, es destruido inevitablemente porque todo el universo está en constante cambio.

Retomando entonces lo referente a la enfermedad y al síntoma, creo que la enfermedad es justamente consecuencia de nuestro empeño por no cambiar, por no fluir. La enfermedad es la manera en la que nuestro cuerpo nos comunica que hay asuntos que no hemos querido enfrentar y que es momento de hacer algo al respecto, o de lo contrario, la enfermedad seguirá su curso. Aunque vayamos al médico, aunque nos receten medicinas, aunque nos sintamos mejor, si tenemos un asunto sin resolver, la enfermedad regresará de alguna manera, quizás no sea la misma enfermedad, quizás ahora sea otra más fuerte. En todo caso, podemos ir al médico para curar nuestros síntomas, pero lo más importante de una enfermedad es escuchar lo que nos quiere decir sobre nosotros mismos; escuchar el mensaje es lo que nos puede servir para lograr una evolución espiritual, no desperdiciemos la oportunidad de aprender algo, siempre podemos vivir las enfermedades como algo malo, o bien, podemos vivirlas con humildad y aceptar que existe un mensaje de nuestro inconciente que quiere ser revelado a través de los signos o síntomas de cualquier enfermedad.

Estaba leyendo Las siete leyes espirituales del éxito, de Deepak Chopra. El libro me encantó porque, bajo una visión muy holística, Chopra pone al alcance de todos estas leyes espirituales que yo prefiero llamarles “de vida”.

Las site leyes son: La ley de potencialidad pura, ley del dar, ley del menor esfuerzo, ley del karma, ley de la intención y el deseo, ley del desapego y ley del dharma.

Tendrán que leer el libro para que comprenda bien cada una de estas leyes, pero quiero compartir que a lo largo de mi corta experiencia me he topado con sobradas coincidencias en diferentes disciplinas que llevan a la evolución espiritual. Una grande ha sido lo dicho por Baba Muktananda en su libro Medita, en dicho libro, Baba Muktananda invita a todo buscador a que medite, invita a toda persona a meditar, a meditar en el Ser. Es decir, lo más importante es tener la experiencia del Ser, lo que la Gestalt llama continuo de conciencia, o bien, el aquí y ahora. Es decir, tomar conciencia. Mientras más conciencia logras tomar, más evolución espiritual puedes alcanzar.

Tanto la Gestalt como las terapias del movimiento, la meditación Siddha Yoga y este libro coinciden en muchas cosas, una importante es la referente al contacto. Contacto con el cuerpo. Meditar no quiere decir estar inactivo, por el contrario, la meditación es una actividad que requiere de toda la concentración. El contacto con el cuerpo es sumamente importante porque el cuerpo nunca se equivoca. La respuesta está en tu interior, es verdad. La respuesta la tiene siempre el Ser, pero se manifiesta en nuestro cuerpo.

Chopra dice que cuando tenemos una duda al tomar decisiones, es importante contactar con nuestro cuerpo. Es decir, primero llevar mi atención al silencio interior y preguntarle a mi Ser interior sobre la decisión que estoy a punto de tomar, pero la manifestación se da en el cuerpo. Si me siento bien, entonces mi decisión es la correcta, si siento en mi cuerpo malestar, la respuesta es que lo que estoy a punto de elegir no es la respuesta adecuada.

Dice Chopra que sólo hay una decisión correcta para todas nuestras elecciones, y la respuesta correcta siempre la conoce nuestro Ser interior y la manifiesta en nuestro cuerpo, nuestro cuerpo jamás se equivoca.

Por esta razón es que la Gestalt sostiene que en terapia es necesario que le pidamos al paciente que contacte con lo que su cuerpo siente, ya que el cuerpo manifiesta sin error todas las emociones. Es imposible esconderse del cuerpo, si no nos permitimos manifestar nuestras emociones, si no escuchamos a nuestro cuerpo, entonces éste tendrá que manifestarse de alguna otra forma, ya sea a través de alguna enfermedad, alergia, cansancio, sueños, y si de plano no escuchamos, suele ocurrir que acabemos en una habitación de hospital.

Escuchar al cuerpo nos salva de sufrir enfermedades. Escucharlo implica no sólo darme cuenta de lo que siento, sino hacer algo al respecto. Tomar acciones para atender al ciclo de necesidades es lo que permite cerrar cada gestalt, si no cerramos estas gestalts, entonces vienen los problemas.

Volvamos a lo que Chopra dice en este maravilloso libro. Realmente las siete leyes espirituales son ciclos con su gestalt bien concluida. La primera ley dice que lo más importante es primero contactar con nuestro Ser, entonces nos daremos cuenta de que todo es espiritual y el campo del espíritu es el campo de la potencialidad pura; la segunda ley es la del dar, y no es nada más que un ciclo de dar y recibir, dar es igual que recibir, sólo son dos partes del mismo ciclo, una lleva a la otra, una hace gestalt de la otra; la siguiente ley es la del karma, en la que explica que toda decisión tomada sin hacer conciencia puede estar errada o acertada, las decisiones erradas nos alejan de la evolución espiritual y generan el karma, este karma lo deberemos de pagar tarde o temprano, porque según esta ley, el karma se paga SIEMPRE, pero lo que el karma nos regala es la posibilidad de evolucionar al aceptar las adversidades como oportunidades en lugar de verlas como problemas, si vemos estas adversidades como oportunidades podemos darles una gestalt; la siguiente ley es la ley del menor esfuerzo… en lo personal esta ley me encanta aunque le hemos hecho muy mala fama y nada más alejado de lo que realmente es: la ley del menor esfuerzo en mi opinión es más bien la ley del movimiento. Es decir, no me tengo que esforzar en pensar soluciones complicadas, no tengo que hacer miles de planes, es más bien vivir la vida con la sencillez de una flor, aceptando que las cosas son como son y que a mí me corresponde hacer mi parte para estar alineado con un plan más grande, en no oponer resistencia, es decir que sí a la vida, como decía Louis Hay en su libro La felicidad está dentro de tí; la siguiente ley es la de la intención y el deseo, en esta ley especialmente hago hincapié, porque me topé con grandes coincidencias con lo que escribí en mi entrada de el acto de declarar, donde reflexionaba sobre cómo percibí el deseo de mi Ser de dejarlo todo, mi vida como la conozco, y comenzar una vida nueva que yo elijo para mí, que mi espíritu está dictándome que es lo que me toca vivir en este momento para aprender; la siguiente ley es la del desapego…. me aprendí de memoria las siete leyes, pero esta siempre se me olvida, y tiene su razón de ser, seguramente porque el desapego es algo en lo que cojeo mucho, me es difícil imaginarme entera sin la aprobación de los demás, creo que uno de mis mayores apegos es a la aprobación de los otros, a saber que soy amada y aceptada. El desapego implica no solamente dejar atrás las ataduras al dinero, a la ropa, a la moda, al ejercicio, al propio cuerpo, sino también dejar atrás las cadenas del apego a otras personas, a otros momentos de la vida, al pasado y al futuro, el desapego quiere decir soltar, ser libre… ser libre no es tan fácil, como también mencioné en la independencia se gana una y otra vez, pero definitivamente la libertad nos pertenece, aunque vivamos bajo la ilusión de que somos libres a medias porque creemos que estamos atados a encajar en la sociedad, y finalmente la sétima ley, la ley del Dharma o propósito en la vida, esta ley dice que todos tenemos por lo menos un talento único que nadie más en el mundo es capaz de realizar igual que tú, y que encontrar cuál es o son tus talentos y realizarlos de manera que ayudes a la humanidad a través de el, eso te lleva a la felicidad total y a la evolución espiritual.

Lo que puedo ver es que este libro simplemente pone en orden muchas cosas que he leído y aprendido en otras disciplinas, las coincidencias son maravillosas, es como ir encontrando las señales en el camino indicando que sí voy en la dirección correcta, pero nunca hay que olvidar que la decisión de ir por el camino correcto siempre me pertenece, las señales están en todas partes, sólo tengo que abrir los ojos, despertar de la ilusión de maya, y seguir el camino que está iluminado por la luz de la conciencia.

Mónica Barrón

Es impresionante cómo estamos sumergidos en realidades circulares que nos alcanzan una y otra vez. Cómo lo que viví de niña, me alcanza ahora que tengo casi 33 años, cómo lo que experimenté en mi adolescencia, ahora toma un nuevo significado, o más bien, comienzo a entender otra dimensión del significado que cada momento enfático de mi vida tiene. Es una dialéctica significativa de cada vivencia, cada acto poético (como lo llama Alejandro Jodorowsky), es simplemente mágico, o más bien, divino, transpersonal.

Esta reflexión viene ahora que estoy leyendo el libro Psicomagia, de Alejandro Jodorowsky. Lo adquirí hace unos días que visité Gandhi. Andaba curioseando y de pronto me topé con este maravilloso libro. Interesante porque vi de qué trataba y me atrapó de inmediato. Lo compré y empecé a leerlo, no inmediatamente, pero sí unos días después. Mientras iba leyéndolo comencé a recordar aquel taller de teatro al que me metí en preparatoria. La instructora era Grisell Amaro. No estaba muy segura de si ella nos había dejado leer algo de Jodorowsky, pero definitivamente los actos de psicomagia que describe Jodorowsky en su libro eran la base de lo que en este taller de teatro, Grisell nos dio libertad de hacer.

En esas épocas de mi vida yo era una adolescente muy introvertida, de hecho elegí meterme al taller de teatro porque tenía tal miedo de hablar en público que sufría mucho cuando tenía que participar en clase, sudaba frío y me ponía muy nerviosa. Así es que elegí meterme a este taller con la esperanza de vencer mi miedo a hablar y, de paso, divertirme.

Lo curioso es que este taller era todo menos de expresión oral. Era más bien como una especie de grupo terapéutico, donde enfrentábamos nuestros peores miedos en grupo, pero individualmente. Teníamos la opción de aceptar lo que menos nos gustaba de nosotros mismos, enfrentarnos con nuestro autoconcepto, cuestionarnos sobre lo que realmente queríamos en la vida, inclusive vencer miedos a nuestra propia sexualidad y a hacer el ridículo.

Yo tuve una experiencia muy iluminadora durante el taller. Grisell nos pidió que imagináramos que el salón en el que estábamos era el mundo y que estaba a punto de caer una bomba nuclear que iba a terminar con todo. La única forma de salvarse era adoptando un personaje y realizando un acto especial que, más adelante, un juez juzgaría de si fue suficiente o no para ganarnos la salvación. En mi caso, elegí volverme loca y evadir la realidad, con esto, según yo, me salvaría.

Fue muy intensa la experiencia de volverme loca. Porque en ese momento, de verdad perdí la cordura. Recuerdo haber desenfocado los ojos y permitirme creer que la realidad externa estaba aparte de mi realidad interna, mi interior era mi cápsula que me permitía sentirme a salvo. Creo que así es como los locos se protegen, y como todo ser humano, aun no estando clínicamente loco, se permite tener lapsos de locura para no volverse loco.

Me tocó el turno por fin, de defender mi “acto” frente al juez. Tenía que convencerlo de que mi acto era real, más que efectivo. Y fue tan intenso, fui capaz de crear otra realidad con mi propia voluntad y, sobre todo, con esa magia de crear el acto poético, el acto bello de experimentarme sin límites. Fue tan intenso que hoy, después de más de 15 años lo recuerdo vívidamente.

Creo que fue entonces mi primer contacto con Jodorowsky y la psicomagia, sin saber que así se llamaba. Hasta hacer unos días supe que muchos actos de mi vida, Alejandro Jodorowsky los nombra actos poéticos. Yo añadiría que son actos autosanadores. Esos momentos en que el ser humano se permite contactar con sigo mismo, se permite ser sí mismo, se permite.

Recuerdo por ejemplo, haber manejado mi bicicleta con los ojos cerrados porque tenía tanta fe en el camino que no tuve miedo, fue muy emocionante (y peligroso), pero recuerdo esa experiencia con mucha vida. Recuerdo haberme subido al toldo de mi coche y cantar a todo pulmón, una noche, nada más porque tenía ganas de cantar, me permití sentir la felicidad de esta manera.

Creo que hay actos poéticos que ocurren al escribir poesía o ensayo, sobre todo poesía. No toda la poesía es un acto poético, pero hay actos poéticos que le ocurren a las personas cuando escriben poesía.

Hace poco decidí dejar todo lo que me ata atrás e irme a vivir al estado de Oaxaca, creo que este será un acto poético prolongado y me siento con mucho miedo y con mucha certeza. Sé que lo haré, ya tengo la fecha. De pronto me vienen pensamientos de miedo, de lo catastrófico que pede ser dejar la zona de confort, experimento el miedo, lo vivo, me acorrala. Entonces me detengo. Respiro. Relajo mis músculos. Siento. En efecto, el miedo está ahí, pero más abajo, en mi estómago, encuentro tanta alegría, tanta energía, tanta certeza, que sé que el miedo no me va a detener.

La realidad es circular, de alguna forma sé que leer a Jodorowsky, escuchar a Sergio Vázquez contarnos su experiencia del salto al vacío, aunado con ver Revolutionary Road y que me avisen que ya pronto tendré en mis manos mi poemario impreso, son todas señales para mí. Señales de que todo es circular, es perfecto. Cada evento ocurre en el momento preciso, cada persona entra en mi vida porque yo los llamo y se van cuando ya hemos dado lo que mutuamente necesitábamos darnos. La fe es circular también, es tener la certeza de que siempre vuelve el mismo punto a alcanzarnos una y otra vez, para evolucionar, para avanzar espiritualmente.

Historias viejas que retornan con renovados significados, ahora más entrópicas, más elevadas en la dialéctica espiritual. No hay retrocesos. No se puede retroceder. Hay un espacio que no está regido por las mismas leyes que las de nuestro cuerpo material, nuestro espíritu pertenece a ese acto, no podría decir lugar, porque no está regido por el espacio ni el tiempo. Es un SER continuo. Cuando entramos en un estado de meditación profunda, a veces logramos atisbarlo, a veces nuestra alma se llena del néctar de la dicha divina, a veces. Yo diría que la meditación puede ser un acto poético, no siempre, porque no toda meditación es buena (en calidad), pero el elegir intentarlo, es en sí mismo un acto de bondad.

La realidad es circular y alcanza a todos los seres de este mundo. Es evolutiva y significativa. La realidad puede tener otras dimensiones que no son sólo materiales y espaciales, temporales. La realidad puede tener el vértice de los significados, de los actos, de los sentimientos. Y lo que constituye a la realidad individual, es la capacidad de cada persona de tener conciencia. Mientras la persona esté más conciente, su realidad es más cercana a la divinidad.

Por esto, la Gestalt enfatiza la importancia del continuo de conciencia, así como lo hacen las religiones orientales y las disciplinas meditativas. El continuo de conciencia es el acto de mantenernos vivos, bellos, libres y en estado de amor.

Creo que los actos poéticos son momentos de toma de conciencia. Momentos de despertar del sueño de Maya. Cambiamos las reglas a las que la sociedad nos ata para tener un estado de cómoda sanidad. Pero ¿qué tan cómoda es esta sanidad?, a veces ser un loco es más sano, que ser catalogado como sano en una sociedad en donde los valores ya no tienen contacto con los actos de conciencia.

Donde se valora más al cuerpo material que al espíritu que lo habita. Donde ser escuchado es más valorado que dedicar horas a los hijos, a los juegos, a brincar en el césped. Donde pagamos mucho dinero por estar en forma y tenemos al deporte como una religión, y a la dieta como una diosa. Donde verme bien es sinónimo de ser valorado, donde la feminidad, que es el símbolo de la Diosa primaria, se vuelve debilidad.

El poeta es aquel que se atreve a vivir la vida que quiere. “Se necesita valor para vivir la vida que queremos” (Revolutionary Road).

Se necesita valor para tirar el miedo en escusado (muchas veces literalmente, lo he visto en pacientes) y dar un paso en la dirección de nuestro verdadero yo. Valiente no es el que no teme, sino el que teme y aun así, realiza el acto poético o el acto de conciencia o el acto de amor.

La realidad es circular, el amor es círculo, la vida es un círculo. Todo es círculo. Todo es infinito. Incluso el nacer y morir es un círculo que se repite. El miedo y el egoísmo son esos delirios, esas ilusiones que no nos dejan ver que morir no es más que dar un paso adelante. No es fin, sino inicio. El cambio es una bendición, es vida. Aquello que no cambia, muere. Y la gratitud es el mejor remedio ante el miedo. Un espíritu agradecido es aquel que percibe la grandeza de las cosas sin importar lo que aparentan. Amar el dolor como el placer, estar seguros de una sola cosa, que todo lo que vivimos lo elegimos. Que elegimos vivir la vida que queremos, todos vivimos la vida que hemos elegido. Esto sólo es posible comprenderlo desde la luz de la conciencia. Si aceptamos que desde antes de nacer, nuestro espíritu elige las experiencias que deberá vivir para evolucionar, entonces quizás podemos entender que un bebé no nacido necesitaba esa experiencia para evolucionar espiritualmente.

Entonces, la luz de la conciencia descubre que los eventos más dolorosos de la vida son en realidad accesos a otra realidad, son oportunidades de avanzar espiritualmente, de evolucionar. Y tener el valor de vivir la vida que yo quiero me acerca mucho a ser quien realmente soy.

Mónica Barrón

El miedo no me deja ver quien soy. Tengo frente a mí las posibilidades, los millones de posibilidades. Culpa existencial. Es tan difícil aceptar que yo, hoy mismo, aquí mismo, podría estar haciendo millones de cosas, unas más significativas que otras, quizás para algunos, pero para mí, lo que estoy haciendo aquí y ahora es lo más significativo, es lo que le da sentido a mi vida en este momento. En mi ser tengo esta certeza de saber qué voy a hacer, qué voy a atreverme a vivir en los próximos meses, y sin embargo hay una parte de mí, en mi mente, que me advierte de todos los riesgos y posibilidades no tan afortunadas, y entonces el miedo se me agolpa como un bicho en el pecho y trepa a mi garganta como si tuviera tentáculos.

Hoy hablamos de la fe. Hoy hablamos del salto al vacío. Sé que el miedo se interpone entre mí y la libertad, entre mí y encontrarme con mi misión, mi destino. El miedo no me deja ver quién soy. Entonces descubro que es sólo miedo. Sé quién soy, sólo que no puedo visualizarlo por completo si me detengo en un sólo momento de mi vida, es como querer ver una ciudad completa parado en una esquina, es necio.

Entonces comienzo a relajarme un poco y a entender que no tengo que ver todo el panorama completo en este momento, entonces entiendo lo que es la fe. Es confiar en que lo que veo hoy es sólo una pequeña parte de algo inmenso que me contiene y que es perfecto, que no me exige perfección, sino plenitud, que, entendiendo esto puedo ver el camino que se abre ante mí, la libertad y la responsabilidad que conlleva.

La responsabilidad de mi propia vida, de mí misma, de nadie más. Entonces las millones de posibilidades que tengo no me estorban para ver lo que yo anhelo, simplemente están ahí porque son parte de mi libertad e implican evolución, evolución espiritual. Tomar decisiones nos hace ser quiénes somos, vivir las circunstancias en la manera en la que elegimos vivirlas, nos definen como seres humanos, elegir dar el salto al vacío realmente es un salto cuántico en el plano de la evolución espiritual. La fe es en realidad un salto enorme en la evolución.

Aquel que tiene el valor suficiente de vivir la vida que quiere vivir, puede declarar que es libre.

Sabinne

Nada me ha servido tanto este año como haber ido de vacaciones a las playas de Oaxaca. Hacía ya casi seis años que no iba a visitar el mar. Han pasado varios años desde que contacté fuertemente con mis tres centros de forma muy equilibrada (inteligencia, corazón e intuición), sin embargo, me doy cuenta de que con el paso de estos años he ido perdiendo ese equilibrio y me he ido centrando más en uno sólo de esos tres centros que son vitales para tener una vida plena. Yo tiendo mucho a irme al centro de la inteligencia y dejar de guiarme por el corazón y la intuición. Este viaje a las playas de Oaxaca me acercó mucho a mis otros dos centros. Me doy cuenta de que estar en contacto con la fuerza del mar, del viento y la sal, de los rayos del sol, me permitió volver a sentir mi cuerpo, volver a escuchar mi corazón y entonces mi intuición despertó como una serpiente que hubiera estado dormida y comenzó a susurrarme primero un mensaje, después comenzó a tomar fuerza y se volvió un remolino en mi estómago. El mensaje ha sido dejar mi vida atrás, cambiar de residencia, perseguir mis sueños, tomarme un año para vivir experiencias de las que siempre he tenido anhelo pero que no he realizado, creo que por miedo básicamente.

Esta serpiente de la intuición me recuerda a la Kundalini, estar en contacto con el cuerpo permite escuchar al corazón y a la intuición. La inteligencia es una herramienta imprescindible, pero sin tener en cuenta el corazón y la intuición, es prácticamente un obstáculo.

Entonces se me viene a la mente un ciclo, que yo nombro, el ciclo de la declaración. Me percaté de mi estado vegetativo al entrar en contacto con la vida del exterior, contacté con la vida latente en mi interior, que estaba dormida porque mi centro de la inteligencia la adormeció por mera practicidad de la supervivencia. Pero al entrar en contacto con la fuerza vital del mar, del exterior, de la aventura, entré en contacto con mi propia vitalidad, con mis emociones, con mis anhelos más profundos. Entonces la intuición, que es esa serpiente dormida en mi columna vertebral que yo podría decir es la Kundalini, me permitió recibir el mensaje de mi Ser interior, el mensaje de lo que realmente quiero hacer en la vida, y mi inteligencia, mi corazón y mi intuición unidas me llevaron a formular una declaración con todo mi SER.

Estoy segura de que ya que he formulado esta declaración es inevitable que la lleve a cabo. Siempre he creído que los viajes despiertan la intuición, le recuerdan a cada persona la búsqueda que no ha concluido, siempre que estoy dispuesta y abierta a escuchar a mi intuición, reconozco que la vida se vuelve más intensa, más excitante, llena de vida y color. Cuando siento que esta serpiente intuitiva que habita en mi está dormida, es necesario hacer algo para despertarla. A veces las crisis la despiertan, a veces un viaje, a veces la muerte de un ser querido, pero sería maravilloso poderla despertar simplemente con la voluntad. Para esto yo pensaba que la meditación servía, pero primero hay que tener disciplina y meditar con el corazón, no con la mente, y para lograr eso puede llevar años de práctica constante. Otra manera en que yo descubro que la intuición también despierta, es a través de concentrarse en la relajación, darle a la mente un descanso y permitir que el cuerpo suelte los nudos energéticos que por miedo se le forman en cada chacra, en las articulaciones, en los músculos.

En fin, y para resumir un poco mis pensamientos sobre el tema, el ciclo de la declaración termina generalmente en cumplimiento de la misma, siempre que esta ha sido hecha con todo el SER. Y para que eso ocurra, se requiere:

1. entrar en contacto con la vida interior, con el corazón.

2. despertar a la intuición, serpiente dormida que yo equiparo con la Kundalini

3. escuchar los deseos profundos del SER

4.permitirle a la mente evaluar la mejor manera de realizar esos deseos, confiando en que son anhelos del corazón y del Ser, y que por ello, es lo mejor que puedo hacer para mí en este momento de mi vida

5. regresar al corazón para guardar esta sensación, este anhelo, para tener la energía necesaria para efectuarlo y formular la DECLARACIÓN

Finalmente, llevar a cabo el plan que ha surgido en este ciclo. Si yo me atrevo a realizar este ciclo de la declaración, no importa que parezca una locura cualquier decisión que tome, es seguro que voy a vivir experiencias que me acercarán a mi evolución espiritual, porque el Ser sabe bien qué necesito vivir para evolucionar en este momento de mi vida. Todo es cuestión de tener fe, de dejarse guiar por los anhelos del Ser, escucharlo, permanecer abierta a esta realidad y despertar a la conciencia de que todo lo que me rodea es realmente una ilusión, es el juego de conciencia, como lo llama Baba Muktananda, y que la verdad es que mi Ser es sabio y puede ver a través de la ilusión del mundo material.

Sabinne

Quiero doblar el arco de la vida
hasta que forme un círculo.
De mis manos saldrá, entonces, la flecha
de la certeza que persigo.
El aire, desgarrado por su vuelo,
irradiará, y el signo
de las constelaciones
palpitará en lo azul del infinito.
¡Ay, si pudiera el arco doblarse, sin romperse,
hasta formar un círculo!
¡Ay, si la flecha que lanzara el arco
llegara a su destino!
<<Jaime Torres Bodet  1924>>

Quien no conoce cuál es el significado de su vida vive en un oscuro laberinto. En un mundo en crisis de valores, en ruptura de paradigmas, en donde la vida se ha devaluado al grado de la simple broma, a veces me siento tentada a devolverme al existencialismo para preguntarme qué sentido tiene vivir o quizás solamente para aplastar la llaga; sin embargo considero esto como  un buen síntoma, porque implica que aun me importa, que estoy buscando la felicidad, que me doy cuenta de que hay un vacío en mí que no puedo llenar con objetos ni personas, que hay un significado, existe y es vital que lo encuentre.
El poema de Jaime Torres Bodet, La Flecha, es una metáfora maravillosa sobre lo que yo llamo “reconciliarse con el destino”. Muchas veces me he preguntado si creo en el destino, si todo está escrito de antemano y somos simples ejecutantes de una vida que ya fue escrita, como si fuéramos intérpretes y no creadores. Lo que pienso es que es un poco de las dos.
Creo que todos tenemos una misión, un destino, pero no todos lo cumplimos. No todos estamos concientes de lo que queremos lograr en la vida, muchos ni siquiera sabemos quién diablos somos. Cómo entonces esperar saber hacia dónde vamos y cuál es el significado de nuestra vida.
Un arquero que conoce su objetivo es metáfora de una persona que sabe a dónde quiere llegar. Para acertar hay que conocer el objetivo. El objetivo está en nuestro interior, es como un sobre sellado que cargamos en el centro de nuestro ser pero hace falta contactar con nuestro interior para llegar a él, conocer nuestra clave para poderlo descifrar, y una vez que sabemos hacia dónde apuntar la flecha, entonces tensar el arco casi hasta formar un círculo perfecto, lo más importante es la precisión, la certeza, no la velocidad con que descubrimos hacia dónde apuntar, lo importante no es la velocidad, sino la claridad del objetivo y la puntería, la certeza.
A veces me siento a meditar porque la angustia me llega a niveles preocupantes y se me agolpa en la garganta, entonces pido sabiduría para que me sea revelada mi misión, el significado de mi vida. Sé que de nada me sirve tener un arco y una flecha maravillosos si no sé a dónde dirigirlos. Sin embargo, algo en mi interior me dice que si sólo tengo una flecha, no debo desperdiciarla hasta no estar segura de tener la habilidad de apuntar sin temor a fallo. Entiendo entonces que la misión y el significado se revelan en el momento preciso, no antes, no después.
Quizás no es cuestión de tensar el arco hasta estar seguro de que alcanzará la distancia adecuada, sino esperar a que el objetivo esté al alcance, y para eso se requiere de mucha paciencia.
Las crisis de valores cambian de lugar el objetivo. Creo que cada persona tiene una misión, pero no puede realizarla en cualquier momento de la vida, la flecha debe lanzarse justamente cuando el objetivo se hace presente, no permitir que el miedo nos dispare tras un falso objetivo, el objetivo que otros nos han impuesto, la mayor de las veces, por amor. Es conjugar el desarrollo de las habilidades del arquero con el momento exacto en que deberá hacer uso de sus habilidades.
Enemigo del buen arquero es la impaciencia. Sin embargo hay que estar siempre alertas, porque si me quedara dormida en la paciente espera, el objetivo puede pasar sin que lo perciba, y eso sería verdaderamente trágico.  Entonces, para reconciliarme con mi destino, primero tengo que creer que existe, descubrirlo en mi interior, interpretarlo y finalmente ejecutarlo, llegar hasta él con una flecha bien direccionada. La reconciliación con el destino consiste en entender primero que nada está escrito, es simplemente que cada ser humano tenemos ciertos talentos y a través de ellos podemos hacer cosas excepcionales, descubrirlos y amar a través de ellos es enfocarnos en nuestro destino real. Vivir en el dolor de no aceptar que tenemos un destino, vivir fracturados por la idea del vacío interior, de las sombras, de los errores, de la perfección, es rechazar al destino.
Hacer las paces con el destino implica amarse uno mismo, reconocer que estamos aquí para aprender y evolucionar espiritualmente, entender que el camino está hacia adentro, comenzar a aceptar quién soy, primeramente, con el lado oscuro y con el lado brillante, partir de aquí para saber qué cambios deseo realizar, sumar cada una de mis partes para encontrarme que SOY más que la suma de ellas, que los intersticios que las unen son la divinidad que me engrana y me sana.
No ser un harpa rota, sino ser un arco flexible. Aceptar la plenitud, entender que basta con  dar lo mejor que puedo dar. Entonces quizás pueda mirar a mi destino y hacer las paces con él.
Creo que lo que me ha hecho falta en el proceso ha sido la fe. Aceptar que soy parte de algo más grande y que todo pasa en el momento adecuado, que mi objetivo aparecerá cuando sea el momento, pero estar segura de que aparecerá y de que soy capaz de acertarle la flecha. La vida es una dialéctica evolutiva, repetimos las circunstancias pero las vivimos evolutivamente, somos siempre diferentes, podemos tomar decisiones completamente opuestas en circunstancias similares, la voluntad es en el ser humano la capacidad de evolucionar por decisión propia. En terapia, es la voluntad del paciente la que lo puede sanar, es la voluntad del alcohólico la que lo puede mantener sobrio, la voluntad permite amar después de haber tenido el corazón roto, y es la voluntad de acertar la que nos permite reconciliarnos con nuestro destino.

Sabinne

Camino como borracha por los escalones de la ignorancia, miro el reloj que es el sol sobre mi cabeza y me percato de que la sed me quema el alma. La ira de mis desaciertos es un puño cerrado sobre mi cara. Nunca ha sido demasiado orgullo ni demasiada cara. Caído y vuelvo a caer, y como si no fuera suficiente, a veces ya ni me levanto. Pero es sobre el orgullo mismo donde la caída tiene su mayor peligro. Caer es sencillo, tocar fondo es una muerte inesperada, un renacimiento en medio de la vida, una renuncia del ego a significarlo todo, a explicar la aparente injusticia de los designios, cuando soy yo misma quien me coloco justo en ese fondo, como huyendo de la figura, como alejándome de la reflexión de la luz, para evitar. Evitación. Evitación de la vida, del presente, del momento que se esfuma en el mismo instante en el que pasa. Una rosa es una rosa es una rosa, efímera y tangible, hermosa y moribunda, un total volcado en un instante de magnificencia, el Dios eterno abstraído en el débil pétalo a punto de viajar.  El cielo quieto esperando al viento, las nubes posan su instante de gloria, agua evaporada a punto de vertirse en el acantilado de la vida, sobre la tierra, ella misma toca su fondo, se introduce en las grietas del deseo, ella misma se transforma y se vuelve a reintegrar a la subida. Evitación. Caer es un silencio desesperado. Es la evitación del viento. Es arrojarse al cambio sin esperar la resurrección. Una vez caído, el precio se ha pagado.

El precio es alto por tener la perspectiva del caído, pero desde abajo sólo se puede ver hacia arriba, desde arriba es fácil perder  la perspectiva. Como mirar a través del vaso con agua: se miran deformados los éxitos, y desmedidos se ven también los fracasos. ¿El fracaso realmente existe? Encontrar la verdad que se esconde en nuestras propias acciones es la tarea más ardua, conquistada sólo por aquellos capaces de apreciar lo que su cuerpo siente, capaces de apreciarse en el momento presente, como parte del instante del universo que se vuelca sobre sí mismo ante la metaobservación del Ser que se mira hacia adentro, que trasciende las barreras de su propia piel, medita en sí mismo y alcanza por ese breve instante que parece eterno, la comprensión de lo insuperable, de lo simbólico e inmarcesible.

El ser humano que se crea digno de admiración, no se ha medido con la vara de la verdad. No ha trazado contacto con esencia verdadera, porque la esencia es innombrable, no hay  letras ni signos, es símbolo entrópico capaz de fusionarse, implotarse y volverse caos una y otra y otra vez, sobre sí mismo, vuelto a la vida, vuelto a la muerte, vuelto a la materia, vuelto a la energía. La mente no tiene recursos para este contacto, sólo puede desapegarse de su anhelo y permitir que el contacto mismo la implote en un éxtasis momentáneo, irremembrable por la imagen, capturado sólo por la sensación de unidad total, de complitud.

Evitación. El amor a uno mismo es una trampa, y tramposo es el que lo declara.

Inmersa en la apreciación de mí misma es como pierdo el ritmo en la vida. No así la intención. Difícil es construir las ideas propias, más difícil es derribar los prejuicios que las sustentan, casi imposible deconstruir lo que la mente crea para la comodidad del espíritu atribulado.  Evitación. Intento infructuoso de inmovilidad, hélice que gira inversamente sin poder arrancar. Oculto deseo de ser uno. Evitación de la soledad.

El deseo desesperado del corazón humano. Evitación de la propia imagen. Represión de la vida. Admiración por correspondencia entre corazones agitados de solidaridad.

Vemos cosas que no vemos.

La madrugada de la conciencia es la duermevela de  la razón,  me niego a aceptar que mi negocio es la verdad.

Sin perder mi intención inicial,  como una obra imperfecta vista bajo la luz de la calle, las sombras deforman una parte muy mía que nunca podré conocer, pero al final del día, evito la evitación un instante, suficientemente largo, para reescribir, esa es mi intención.

Mónica Barrón

Sometimes, sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
Night takes the light by the hand

- Candlebox

Iba caminando cuando la melodía de esta canción captó por completo toda mi atención. Por “atención” me refiero a todos mis sentidos, me refiero a que empecé  a sentir la música, me sedujo de alguna manera, me llegaba directo como sin necesidad de palabras me estuviera siendo revelado un secreto. Intenté poner atención a la letra pero no podía, la mezcla entre la melodía, los instrumentos y la voz del intérprete simplemente me llegaban directo sin pasar por mi cerebro racional. Estaba conmovida, emocionada. Decidí disfrutar el momento y embriagarme de esta especie de dicha que experimenté mientras mi cuerpo seguía en movimiento por las calles. Me sentía de pronto parte de un momento, parte de algo más grande que yo.  Ese día regresé a casa pensando en buscar en Internet la letra de esa canción para salir de dudas sobre si el sentimiento que me produjo la canción completa realmente reflejaba lo que el escritor quiso decir con la letra.

He colocado aquí la letra de la canción, todavía no alcanzo a comprender completamente el mensaje, pero hay partes que me impactaron mucho, me hicieron figura, la cita que he colocado al inicio me reveló mucho de lo que estoy viviendo actualmente, el hecho de que algunas veces cargamos el peso que no nos corresponde y eso nos hace sufrir y nos impide de alguna forma andar al paso que quisiéramos. Experimentar cosas para las que ya estamos listos, soltar, soltar, soltar. Creo que la clave principal es esa: soltar.

Es doloroso aferrarse al pasado, a algo que fue hermoso, que nos hizo felices y nos permitió sentirnos seguros. Es doloroso crecer, cambiar de nivel, despedirnos de aquellos que se quedan atrás, pero he aprendido también que es más doloroso mantener a nuestro Ser atado, no permitirle fluir y seguir su evolución.

Escribía antes que estoy intentando en este año seguir la voz de los sabios, personas algunas que dedicaron toda su vida a la contemplación, mediante la cual sus vidas se han vuelto una revelación constante del Ser. Lo que intento hacer realmente es, quizás, vivir con fe. Es decir, creer en lo que otros han experimentado, y yo, sin haberlo experimentado, aceptar con el corazón y sin juicios, que lo que ellos dicen simplemente “es”.

Vaya, es mucho pedir para mí, que me considero bastante terca y soberbia, es demasiado pedir. Pero también he vivido siguiendo mis impulsos, mi ego, mis deseos, y ha sido grande el aprendizaje y grande el sufrimiento, pero lo que me mueve a intentar esto es mi deseo de avanzar. De abrir el corazón otra vez, de volver a vivir con todo y miedo.

Creo que la palabra que se me viene a la mente ahora es ¨riesgo¨. Arriesgarse es vivir.
Sabinne

Eh aquí la letra de la canción ¨Sometimes¨, de Candlebox

I wipe the night from my eyes
Block out the sunny day and I hide
Everythings falling down around us
Im just missing the rain
Im happier now today
Dont let me down
Dont let me go
A change of seasons inside her mind
In time Ill decide
In time Ill decide to move on
We change directions, we watch the tides
And we borrow too much
We form restrictions and we form lines
And we separate you from me
Sometimes, sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
Night takes the light by the hand

Tunes out the boring day and cries out loud
Everyones hanging on, hanging on my words
It kills the thrill in being divine
But shes happier now today
Dont let her down
Dont let her go
There are no reasons there are no lies
We just bleed together
Thats how we realize
We change directions we watch the tides
And we borrow too much
We from restrictions and we form lines
We separate you from me
Sometimes sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
Somehow well find a way weve got to paste it back together
These ripped out pages of old coloring books where your
Gold is silver, my blue is gray
Its all held together by cellophane tape
But we change directions, we watch the tides
And we borrow too much
We form restrictions and we form lines
We separate you from me
Sometimes sometimes we carry more weight than we own
Oh but sometimes sometimes goes on
In my head Ive got everything I want in you

Estamos llenos de libros escritos por sabios, hay frases que circulan por el mundo real y virtual, frases de sabios. Frases maravillosas, sabiduría pura. Si tenemos al alcance de la mano la gran sabiduría de hombres y mujeres que dedicaron sus vidas al conocimiento del Ser y tuvieron revelaciones maravillosas que han dejado escritas para que tengamos acceso a ellas, entonces ¿porqué no actuamos con sabiduría?

No hay camino fácil, sin embargo este año he decidido que voy a hacer caso de lo que los sabios dicen. Creo que el problema más fuerte con el que me he enfrentado ha sido el ego, ese que no me deja actuar siguiendo la filosofía de los sabios. Es verdad que cuando leo a los sabios y descubro cosas que llenan mi corazón de esperanza y júbilo, es muy fácil perder ese momento y volver a las malas y viejas costumbres de la necedad y la ignorancia, pero si me dejo por un año entero seguir la sabiduría que está escrita en muchos libros, entonces puede ser que acierte, para variar.

Es cuestión de no volver a los malos hábitos y aventarme con los ojos cerrados, sin escuchar esa vocesita que dice “si, pero yo lo podría hacer difernete, siempre hay una excepción a la regla”, y mejor aceptar que si los sabios lo escribieron, bien vale la pena darle una oportunidad a poner en práctica su filosofía.

Bueno, al menos lo voy a intentar, ya les contaré cómo me va este año,tratando de seguir la sabiduría que han derramado sobre la humanidad miles de hombres y mujeres que lograron un entendimiento de la vida y del Ser, muy profundo. Como sospechan, esto lo hago únicamente porque no encuentro otra manera de salir del atolladero, hay que intentarlo todo para aprender a volar.

Sabinne

Así es, la independencia se gana una y otra vez. No basta con haber ganado una batalla, porque los seres humanos tendemos a depender de los demás. Es un círculo. Nacemos dependiendo por completo de nuestros padres, y eso nos agrada, es maravilloso. No tenemos que preocuparnos por absolutamente nada en la vida más que por hacerles ver cuáles son nuestras necesidades para que ellos las atiendan. Es un momento en el que nos sentimos completamente amados y atendidos, protegidos.
Cuando comenzamos a crecer y a descubrir que podemos hacer cosas por nosotros mismos, la ayuda nos comienza a estorbar, porque depender de otro implica aceptar las condiciones que éste nos imponga para hacerse cargo de nuestras necesidades.
Aunque por amor nuestros padres nos provean de todo lo que necesitamos, lo que también llegamos a necesitar es la libertad, unos padres amorosos lo saben y entienden que deberán ceder control poco a poco para que nosotros vayamos haciéndonos responsables de nosotros mismos. Sin embargo no todos los padres y madres del mundo comprenden esto y esperan mantener el cordón umbilical como un hilo de caña de pescar, soltándolo poco a poco sin dejar ir el otro extremo. Esto es muy normal, pero no es lo más sano. Sin embargo, esta postura de los padres no depende de los hijos, los hijos entonces tenemos que luchar por obtener la libertad que necesitamos para crecer y convertirnos en adultos responsables.

La independencia se vuelve una batalla constante. Avanzar y retroceder. No se trata de mantenerse en un desgaste constante, es simplemente un estira y afloja entre nuestros padres (o figuras paternas) y nosotros. Aquel que elige quedarse en la dependencia, intenta no crecer. Es como un Peter Pan, el niño eterno que se queda en el mundo de fantasía.
Ser adulto puede implicar tomar las cosas con más seriedad, pero no por ello implica dejar de disfrutar la vida. Por el contrario, es justamente la libertad la que nos anima a luchar por ella, es la libertad de tomar nuestras propias elecciones, de hacer lo que soñamos realidad, lo que nos anima a luchar por la independencia. Pero es también muy sabido que con una gran libertad, viene una gran responsabilidad.
Para saberse adulto, uno toma completa responsabilidad de los actos y decisiones tomadas. Los errores sólo son errores cuando no se aceptan y se aprende de ellos, de otra forma yo sólo podría llamarlos aprendizaje.

Sin embargo, la independencia se gana en batallas individuales. Nadie puede ganar la independencia por los demás. Justamente porque la independencia se asimila a través de las batallas. Cuando uno mismo es responsable de haberla obtenido, es cuando uno la asimila, uno la comprende, la valora y está dispuesto a morir por ella. La independencia de la que hablo no tiene nada que ver con la libertad del cuerpo ni con el libertinaje; tiene que ver con la consciencia de uno mismo. Con el estar en un continuo de aquí y ahora, es decir, estar conciente de uno mismo, de los sentimientos que uno puede percibir a través del cuerpo en el momento presente. Con conocer el estado emocional en el que me encuentro hoy y no evitarlo ni evadirlo porque “otros” me enseñaron que eso no debía de ser así, porque hay sentimientos que no son buenos, etc. Es aceptar que soy capaz de sentir lo que estoy sintiendo sin juzgarme, contactar con esas emociones y llegar a aquello que me las provoca para lidiar con algunos fantasmas interiores o con huellas emocionales del pasado.

Es decir, la independencia es un sinónimo de madurez, esa madurez que no tiene tanto que ver con la edad sino con las batallas realizadas y la manera de haberlas librado; con haber enfrentado situaciones y crisis que me daban la opción de crecer y avanzar o de aferrarme y retroceder, porque estar en el mismo lugar es imposible.

No se puede declarar la independencia por completo, al menos yo aun no he llegado a vivir tal situación, por lo que no puedo afirmar que sea posible; lo que sí puedo afirmar es que la independencia está en el intento. En no descansar y siempre buscar crecer. Es un proceso que evoluciona en varios niveles como una espiral. Una espiral de decisiones que nos llevan a diferentes situaciones a enfrentar. La vida consiste en aprender a disfrutar de la batalla. El que espera que la vida sea un estado de quietud se engaña a sí mismo. Todo está en constante movimiento, querer aferrarse a un estado fijo es perder el tiempo y dejar de vivir. Vivir implica adaptarse al cambio. Y no sólo adaptarse, sino buscarlo. Buscarlo cuando sabemos que las cosas ya no son lo que buscábamos en un principio. Es buscar el cambio cuando todo se ha estancado, porque el que no avanza retrocede. Y en esta batalla no vinimos a sufrir, vinimos a vivir toda la gama de emociones que podemos experimentar. Por eso existe tanto el dolor como el placer, tanto el odio como el amor. La dualidad del Ying y el Yang implica movimiento, ese movimiento es lo que permite el equilibrio entre los contrapuestos. Querer permanecer en un sólo lado del círculo es romper el equilibrio y es acumular energía donde no se necesita. Para avanzar hay que hacer uso de la energía, muchas veces, de la fuerza, no con violencia, sino con agresividad.
Y así, la independencia sigue siendo una batalla en movimiento en donde la creatividad es una herramienta indispensable. La creatividad es una herramienta poderosa. Los seres humanos creamos las herramientas y las convertimos en armas. No es el caso en la batalla por la independencia, las armas no son necesarias, porque en la batalla por la independencia no venimos a destruir, sino a construir. Vinimos a sumar, no a restar. Sumar experiencias, aprendizaje. Cuando soltamos no estamos perdiendo, sino ganando. Esa es la mejor transacción que podemos hacer en la vida. Dejar ir para ganar, no para perder. Pierde más aquel que se aferra a algo que ya no le pertenece, que de hecho nunca le perteneció. Porqué, simplemente porque la vida nos da todo lo que necesitamos, pero no nos da lo que no le pedimos y ciertamente, aquel que está ocupado invirtiendo sus fuerzas en aferrarse y no soltar lo que ya no le sirve, no se toma el tiempo y el esfuerzo en pedir aquello que sí le serviría para avanzar.
Esta es la ley de la evolución, no evoluciona el más fuerte, sino el que mejor se adapta al cambio. No se trata de ver quién acumula más cosas, sino quién carga menos equipaje para seguir adelante.
No se trata de ver quién tiene más seres queridos, sino de quién da más amor.
No se trata de ver quién tiene más éxito, sino de quién ama más lo que tiene y con ello es feliz.
En suma, la independencia se gana una y otra vez cuando aceptamos que para ganarla, hay que perder el ego, y el ego es una parte muy engañosa, tiene formas inimaginables de hacernos creer que somos los seres más evolucionados del planeta, hasta del universo. Nos permite creernos los más inteligentes, los más sabios, los más parecidos a Dios. Incluso llegamos a creer que Dios necesita de nosotros para existir. La realidad es que sólo conocemos lo que percibimos a través de nuestros sentidos, pero nadie puede afirmar que aquello que no podemos ver o tocar no existe.
En conclusión, sólo divagaba porque comenzaba a sentirme más independiente, pero a mí me gusta de pronto ser un abogado del diablo para no perder de vista el objetivo.

Sabinne